No mas profecias autocumplidas, por Orlando Viera-Blanco

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“Con mucha facilidad colgamos nuestros derechos en el armario, por concluir que frente a la barbarie no hay lucha ciudadana que valga la pena.”

 

La semana pasada hicimos un conversatorio en la ciudad de Miami sobre  ‘Los Valores Culturales del Venezolano y la antipolítica’.  En compañía del profesor José Vicente Carrasquero, tratamos de explicar cómo los venezolanos tenemos una tendencia muy permisiva a aceptar cinismos del gobierno, y muy visceral y destructiva de criticar a la oposición. Lo que no vemos es que esa actitud nos hace portadores de nuestra propia indefensión (dixit Ángel Oropeza) y validadores de un factor de ineficiencia política que tranca el juego: la polarización.

En entregas anteriores abordamos el tema de la cubanización. Esa muletilla que se repite azarosamente: “estamos atrapados por la inteligencia Cubana”.   Aseveración que nos desmoraliza y nos coloca de brazos caídos…por los siglos de los siglos. Carrasquero alertó: “No confundamos inteligencia con falta escrúpulos”. Gobierna inteligentemente quien respetando las leyes, las libertades y los derechos del hombre, genera obediencia y acatamiento, por producir progreso, bienestar y paz;  no represión.  Con mucha facilidad colgamos nuestros derechos en el armario, por concluir que frente a la barbarie no hay lucha ciudadana que valga la pena.  Y comienzas las profecías autocumplidas:  “Sin gónadas no hay salida; este gobierno no sale con votos; Venezuela no se recuperará sino en décadas (Dixit Miguel Ángel Santos & Corp.); somos lo que merecemos…” Profecías del desastre que las hacemos verdades a partir de rumores o manejos falaces. Por cierto, me gustó la respuesta que dio el Prof. Leonardo Vera a  Miguel Ángel Santos,  sobre la sopa de cifras que intenta decir que Venezuela no llegará a sus topes económicos sino en décadas de corrección.  Lapidario cuando [Vera] le espeta [a Santos] la variable “economía en ruinas” que en el mundo ha generado rebotes hasta del 30% en un año…

[Y] se instala el mito militar. Repetimos como loros que “las dictaduras no salen por las buenas” (¿?) Un cliché que subestima el hambre y la criminalidad, que por cierto ni Cuba padece. En pleno siglo XXI, era de globalización y consagración de DDHH, hablar de salidas de factum, es caer en un gravísimo cuestionamiento de nuestra civilidad y en una delicadísima encomienda a las FFAA. Si lo intentaran, no habría poder perdurable ni poder civil emplazable. Y si no lo hacen, estaríamos delegando una responsabilidad que por no ser suya, es irreconciliable. No confundamos. Las FFAA son garantes de nuestra soberanía, de nuestro territorio y de las instituciones del Estado. Pero es el pueblo en quien reside el ejercicio de la democracia, por lo que es a quien corresponde movilizarse y defenderla. Somos los ciudadanos los llamados a mantener la lucha y pulsar los mecanismos constitucionales de resolución. La historia retrata que no hay poder que contenga las masas.

Estamos sumergidos en un letargo muy corrosivo alimentado por autoprofecías del desastre entre “diálogos, traiciones y papas”. Dejemos el llantén y pasemos la página.  El Diálogo fue un error. Bien. Pero la calle espera y los dialogantes están a la vista. No todos los diputados de oposición traicionan la causa. Sepamos distinguir. La mayoría de ellos han encarado riesgos terribles. Una cosa es que una minoría se salga del redil. Otra es que afirmemos injustamente que TODOS son “caimanes del mismo pozo”. Ese desdén nos divide y nos inmola más.  ¿Qué más tiene que pasar en Venezuela para que reaccionemos? Pues muy poco: darnos cuenta -con humildad- que somos parte del problema por lo que debemos ser parte de la solución. Suena simple, pero no lo vemos. Sobre todo lo primero. El problema es nuestra resistencia a la organización, al pliegue y a la jerarquización eficiente.

Muy grave que una gran mayoría cabalgue el sofisma, que no habrá salida electoral. Así justifican apagar la luz, cerrar la puerta y hacer maletas, cuando lo cierto es que una sociedad realmente indignada y desbordada de violencia y miseria, hace que cualquier régimen, de Pinochet a Milosevic, de Duvalier a Nicolae Ceausescu; de Videla a Amin Dada o Gadafi, sean desplazados por la fatiga de sus pueblos, la desobediencia y la presión internacional. Las primaveras ciudadanas no son utopías. La quimera es creer en fuerzas de sables con talante democrático (le dura horas nada más). Repetir que no tendremos elecciones porque “este gobierno  todo lo controla” es precisamente decretar/validar tal control.

El corolario de la noche fue un joven líder de Mérida que vive en Miami. Él dijo “¿Saben qué? Yo me regreso a mi país. Más vale morir por la libertad en mi tierra que vivir en la decadencia del destierro. Pero cuento con Uds., porque mi gente es mi inspiración. Es con su apoyo, con su aliento, con su voz, como saldremos de las mazmorras. Nuestro jóvenes están dando la vida en nuestro país, por lo que Uds. -sus padres-no lo han hecho tan mal.  No nos abandonen. Hablen bien de este sacrificio. Con eso basta…Al final nuestro esfuerzo es por el regreso y la libertad de todos” La sala quedó en silencio, y todos se levantaron a aplaudir. Pues nada…No más apocalipsis aprendido. Los tiempos están a disposición. Démosle buen uso. Falta poco…

 

@ovierablanco

 

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