Herejes, por Alejandro Armas

periodismo

 

Otra ventana más que tapan. La casa grande que es Venezuela se va quedando a oscuras, y como advierte varias veces el Nuevo Testamento, los maleantes actúan preferiblemente en las tinieblas. El objetivo parece ser permitir solamente una débil luz que, como en la alegoría platónica, permita ver apenas un juego de sombras ajeno a cómo son las cosas realmente.

Después de eliminar con una bagatela leguleya a RCTV, clausurar decenas de emisoras de radio, comprar varios medios para cambiarles la línea editorial, desaparecer de las calles a periódicos con su muy socialista monopolio sobre el papel, a CNN en Español le tocó la misma suerte que a NTN24 tres años atrás. Y es que el chavismo tiene una filosofía muy sencilla: “Si soy incapaz de demostrar la invalidez de una información que me afecta, prohíbo que dicha información sea difundida”.

A usted puede no gustarle CNN. Incluso puede estar convencido de que es un lupanar mediático dedicado a propagar mentiras a favor del mejor postor (que en el caso del canal, según sus detractores, va desde el imperialismo estadounidense hasta el comunismo cubano). Lo que no puede pretender sin incurrir en una falta grave a la moral democrática es pretender que nadie pueda sintonizar su señal.

Los pretextos del Gobierno para esta acción censora no ayudan a justificarla. Decir que los contenidos de CNN atientan contra la paz del país es verles a todos los ciudadanos las caras de imbéciles. Es asumir que somos unos pobres niños tontos incapaces de darnos cuenta de la falacia sobre unas informaciones que nos harán reaccionar de forma peligrosa contra nosotros mismos, a menos que papá Estado intervenga para que esos mensajes malucos no lleguen a nuestros oídos.

Es además, una muestra de incompetencia en el ámbito de la comunicación oficialista. ¿Cómo es posible que con un ejército de medios públicos y privados a los pies del PSUV, que en el primer caso suponen gastos inmensos de dinero del Estado en propaganda, una televisora abocada a la transmisión de “mentiras vulgares” sea capaz de imponerse en las preferencias del público? Ello habla sobre todo mal de Telesur. Recordemos que Chávez concibió este proyecto como medio que transmitiera “la verdad sobre los pueblos latinoamericanos” ante las engañosas imágenes de CNN y similares, siempre guiados por el capitalismo chupasangre anglosajón. Que más de 10 años después el Gobierno tenga que bloquear CNN para que nadie lo vea, cuando era la tarea de Telesur lograr lo mismo pero mediante la competencia, evidencia el fracaso del plan chavista original.

Debo insistir en el símil con la oscuridad, idea que necesariamente hace pensar en el oscurantismo (palabra que el DRAE define como “oposición sistemática a la difusión de la cultura” y “defensa de ideas o actitudes irracionales o retrógradas”) como política de Estado. Hay un afán por limitar los contenidos informativos a aquellos que convengan al partido gobernante. Resulta cruelmente irónico que una gente que todos los días nos bombardea con mensajes de propaganda que la presenta como heredera legítima de los autores de nuestra independencia, más bien trata de devolvernos al siglo XVIII como muy tarde y revivir prácticas de la colonia.

Fácilmente se me vienen a la mente aquellos días en que introducir El contrato social en La Habana, o los Dos tratados sobre el gobierno civil en Bogotá, o Del espíritu de las leyes en Lima, equivalía a pasar por todos los puntos de seguridad de un aeropuerto sin que se detectara la cocaína escondida en alguna parte del cuerpo. Lecturas prohibidas por su desafío del statu quo del Antiguo Régimen. La censura era implacable y emanaba de los dos grandes centros de poder de esa sociedad: la Corona y la Iglesia.

Para estas dos había un orden de las cosas establecido por mandato divino, y por lo tanto, incuestionable. El Rey era tal por unción del mismísimo Dios, y el credo católico, con toda su cosmología y moral, el único molde humano para el pensamiento humano. Todo lo que contradijera en lo más mínimo estas “verdades” era herejía y su único destino podía ser la hoguera. Propagar tales consideraciones merecía una persecución inclemente.

Lo contrario al oscurantismo colonial fue un fenómeno histórico muy apropiadamente llamado “Ilustración”, un período excepcionalmente rico en ideas nuevas sobre las libertades y derechos de los que todo ciudadano está naturalmente dotado. La palabra escrita era el medio para su difusión masiva.

Siempre nos han enseñado en el colegio que la propagación de las ideas de la Ilustración fue una de las principales causas de las guerras de independencia en Latinoamérica. No seré yo ahora quien replique el relato romántico e infantil según el cual todos esos individuos que tienen estatuas en las plazas formaban una legión de hombres colmados de la sabiduría del momento y de las virtudes republicanas más nobles. Soy el primero en reconocer que varios de ellos estuvieron más bien motivados por la avaricia y los prejuicios raciales. Sin embargo, aquellos conceptos libertarios estaban ahí, y sería injusto dejar de reconocer la aprehensión que de ellos hicieron otros personajes.

Quizá el caso más emblemático del hispanoamericano ilustrado de entonces sea el de Francisco de Miranda. Ahora, ¿qué fue lo que el generalísimo trajo consigo en una de sus expediciones libertadoras, regreso a la patria (como diría Pérez Bonalde) por primera vez en décadas? ¡Una imprenta! Una máquina para producir libros y periódicos, las armas más mortales en el combate al oscurantismo. La tradición plantea que fue la primera imprenta en territorio venezolano.

Dos siglos más tarde, los medios de comunicación y los productos culturales e intelectuales que otrora sirvieron para impulsar la democracia, hoy tienen el deber de preservarla. Para ello, en conjunto, difunden la mayor pluralidad posible de informaciones e ideas, que son el principal alimento de una opinión pública saludable.

Sería ridículo decir que CNN es intachable. Ha cometido errores, como cualquier medio. Pero a pesar de ellos su papel es ese descrito en el párrafo anterior. Ocurre que se ha topado con el mismo oscurantismo censor que se niega a morir. Ya no es una monarquía absoluta por obra y gracia de Dios, sino un régimen de partido hegemónico por obra y gracia de un caudillo divinizado; ya no es la doctrina de la Iglesia, sino el dogma revolucionario. Igualmente, todo aquel que se atreva cuestionar el carácter sacrosanto de este orden, es un hereje que debe ser anulado.

Los periodistas luchamos todos los días porque nuestra casa no se quede a oscuras, porque no hay peor esclavitud, peor prisión, que la mental, la ignorancia. Tratamos de apartar las tinieblas y que entre la luz que permite ver la verdad, o mejor dicho las verdades. Disculpen a este agnóstico volver a apelar a la Biblia pero, como escribiera Juan el Evangelista, “la verdad los hará libres”.

 

@AAAD25

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