La parábola del bandolero de verde por Antonio José Monagas

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No siempre, una parábola deviene en conceptos y razones espirituales. Como forma simple de la narrativa, también ha servido a la política para describir un hecho, tanto como a sus secuelas. Sólo que cuando una parábola recurre a la política para abordar un dilema o situación de crisis, es porque se hace necesario animar actitudes que conduzcan a exhortar las reflexiones que amerita la realidad en cuestión. Es decir, se convierte en razón para el análisis de un problema cuya explicación permite brindar una lección de vida.

La parábola que seguidamente busca referirse, involucra la suerte que políticamente corrieron las realidades que caracterizaron el interesante momento que vivió el pueblo cubano con la visita que le hiciera el presidente Barack Obama. Si bien es indudable que el mandatario norteamericano pasará a la historia toda vez que reivindicó la política como diálogo, también deberá reconocerse que tan importante motivación encubre intenciones que, posiblemente, se distancian del respeto a las diferencias, tanto como a la integración entre pueblos. El problema que esta disertación busca revelar, tiene conexión con intereses furtivos desde una diplomacia solapada que no siempre se dirige a la construcción de puentes entre rivalidades histórico-políticas y socioeconómicas. Particularmente, cuando éstas se fraguan en medio de circunstancias signadas por la exasperante conflictividad que hoy se tiene.

Encarar sistemas políticos tan discordantes entre si, como el capitalismo y el despotismo propio de toda dictadura, o el liberalismo y el comunismo, ha sido razón de peso para justificar decisiones de gobierno nada condescendientes con postulados de democracia, libertad y derechos humanos. Con la excusa que tales consideraciones implican, salta a la palestra la figura de algún oportunista cuya codicia determina la desviación o alteración de propósitos abrazados por el concepto de justicia.

Precisamente de dicha situación, se ha construido la parábola que a continuación se describe. O mejor dicho, se denuncia. Con el cuento de salvar coyunturas, muchos personajes de la política nacional e internacional, valiéndose de la investidura que le otorga ser gobernante, se disfrazan con ideologías cuya primera lectura luce sobradamente seductora. Sin embargo, basta leer con los sentidos aguzados para advertir que debajo de la letra gruesa se esconden intenciones nada coincidentes con frases de exaltación a valores de libertad, igualdad, justicia y paz que caracteriza el discurso político expuesto. Por lo contrario, son ideologías que, aunque obsoletas, redundan en significados que exaltan la envidia, el egoísmo y la egolatría bajo pretextos de lucha contra el imperialismo norteamericano, o contra posturas que, con alegatos de revolución, socialismo, patria, pueblo, guerra económica, bloqueo y tantos otros de igual o similar tenor político, defienden compromisos diferentes e identificados con un sistema político democrático.

Estos personajes de marras, prefieren escudarse en el militarismo pues desde tan “ventajosa” trinchera, luce más fácil obtener prebendas o argumentar razones que se traducen en salidas inmediatas para situarse por encima de la moderación o de la convivencia democrática. Incluso, pisoteando el civismo y a la normativa constitucional. De hecho, la historia política contemporánea exhibe escenas donde la fuerza del poder se impone ante realidades ungidas de necesidades sociales y económicas que, desde luego, desconoce u omite. Y aunque la política internacional sigue apostando a la expansión de la democracia, algunos poderosos se empeñan en consolidarse a través de armatostes que presentan en nombre del manido “poder popular”. Cuando detrás de tales desquicios, sólo es posible hallar entelequias tan bien presentadas, que los gobernantes, en su descaro, se permiten socavar valores y malversar recursos. Pero lo más lamentable, es que consiguen los canales, no siempre tan efectivos como los anhelan, para estropear el futuro de una nación. Sólo en provecho propio.

El caso planteado anima aquella narrativa en la que un gobernante, amparándose en el poder que detenta, se convierte en el descarado abusador que raya con el bandolerismo, cuyo primer criterio de gobierno, además reivindicado contra todo cuestionamiento político, es la impunidad. Una impunidad que si bien es socarrona, le sirve para disimular todo acto atentatorio de la ley. No sólo sus más acérrimos colaboradores aprovechan la situación para usurpar el poder político y económico. También sus familiares, sin que haya recurso legal alguno capaz de evitar que dichas arbitrariedades sigan mellando la dignidad de la sociedad cada día más deteriorada por efecto de decisiones irreverentes e inmorales. Es lo que en tiempos de paradojas, relata la parábola del bandolero de verde.

@ajmonagas

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