Una pandilla en desgracia por Brian Fincheltub

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El viraje de Latinoamérica a la izquierda representó para algunos la posibilidad de grandes transformaciones en momentos donde las políticas del Fondo Monetario Internacional (FMI) eran objeto de serios cuestionamientos en la mayoría de los países donde se aplicaban. La ingobernabilidad que reinaba en la región hizo pensar que un cambio radical nos ayudaría a salir de la crisis y a emprender un camino seguro hacia el desarrollo con sentido social, hasta ahora, ausente de las recetas neoliberales.

Así fue como pasamos de aquel enorme descontento popular que ponía y quitaba presidentes de la noche a la mañana, a una etapa de cierta estabilidad que vino acompañada de un “crecimiento económico” impulsado fundamentalmente por el aumento de los precios de las materias primas. Muchos voltearon su mirada a Latinoamérica, llamando incluso a la primera década del siglo XXI: “la década ganada”. Las envidiables cifras macroeconómicas y las crecientes oportunidades de inversión alimentaron el mito y jugaron a favor de sus patrocinadores, quienes no perdieron tiempo para implementar modificaciones constitucionales que les permitieran perpetuarse en el poder, apoyados en la tesis que afirmaba que sin ellos no era posible tal progreso.

Para drama nuestro, Venezuela fue la vitrina para muchos países, el llamado “proyecto bolivariano” tenía sello nacional. La estrategia en medio de la abundancia fue exportar el modelo por todo el continente, se hablaba del “socialismo del siglo XXI”, una actualización del modelo clásico aplicado en el siglo XX que había terminado en un estrepitoso fracaso en todos lados. El chavismo asumía el liderazgo regional financiando aliados que luego se alzarían con victorias electorales y pasarían a conformar un eje geopolíticamente enfrentado al llamado “imperialismo norteamericano”. Aquello que no había podido lograr Fidel Castro a través de su apoyo a grupos subversivos en los años 60, fue posible gracias a los petrodólares venezolanos.

Con algunas excepciones que no sucumbieron a la presión y el chantaje del modelo castro-chavista, la mayor parte de los países se tiñeron de rojo y dieron paso a la creación en plano multilateral de varias organizaciones tendientes a hacer frente a los EEUU.

Se hablaba del “milagro de Lula”: Más de 30 millones de brasileños que había salido de la pobreza a las clase media. En Argentina se alababa las políticas sociales del kirchnerismo, Bolivia por su parte tenía un crecimiento envidiable y Venezuela se mostraba como la gran panacea: analfabetismo cero, disminución de la pobreza y una inclusión social “sorprendente”.

Pero la desilusión no tardaría en llegar, una vez los precios de las materias primas comenzaron a bajar, quedó al descubierto la más grande estafa política de nuestro continente, algunos no vivirían para ver el fruto de obra, pero dejarían herederos capaces de continuar con gran éxito su modelo de destrucción.

Venezuela sumida en una profunda crisis económica representaba ahora el espejo en el que ningún país se quería reflejar. Pobres que no habían desaparecido, sino que se encontraban ahora más vulnerables, alarmante corrupción, impunidad y elevadas cifras de criminalidad no eran precisamente el paraíso tropical que el relato propagandista había difundido por todo el mundo. 

Hoy el chavismo y sus aliados han caído en desgracia, desde Argentina hasta Brasil ha comenzado a nacer lo que algunos llaman la “primavera latinoamericana”. Una nueva etapa que comienza a propinar sendas derrotas electorales a quienes se mostraban como invencibles. Grandes cambios y convulsiones se avecinan en la región, una respuesta de nuestros pueblos a un modelo de alianza ideológica que se transformó en una especie de pandilla delincuencial que hizo que la llamada década ganada, se convirtiera en sinónimo de ruina para gran parte de los países que la integraban.

 

@BrianFincheltub

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