Tenaza sobre la Asamblea Nacional por Carlos Blanco

AN_3

 

La AN está sometida a una doble presión: la del régimen, al tratar de inutilizarla, y la zigzagueante de la sociedad democrática que quiere ver resultados inmediatos. Henry Ramos Allup y los dirigentes partidistas han logrado enfrentarla con habilidad táctica, pero comienzan a haber signos de preocupación, al ser una institución de la cual se esperan desenlaces rápidos. Ostenta legitimidad plena, aunque asediada y desconocida por el régimen.

La presión roja no por obvia deja de ser escandalosa. Los próceres del régimen ahora se quejan hasta del más mínimo suspiro opositor. “¡Ay, bicho!”, parecen exclamar cuando sus delicadas sensibilidades son rozadas por la crítica.

Sin embargo, la presión de la opinión pública opositora tiene factores más complejos y sutiles. El estado de felicidad producido por la victoria del 6-D desencadenó empatía total con la Asamblea instalada en enero. Una victoria que, por inmensa, no pudo ser escamoteada; que contó con el apoyo de los militares de abajo hacia arriba y la vigilancia internacional. La Asamblea ha sido “mi Asamblea” para cada ciudadano. Lo sigue siendo, aunque con riesgos.

La primera satisfacción simbólica del país democrático fueron dos acciones del presidente de la AN: el desalojo de los cuadros de Chávez y del falaz Bolívar digital, y sus primeros discursos. El tema de las imágenes trató de ser usado por el gobierno con escasa suerte, y, por su lado, los discursos fueron redentores. Algo así como que, por primera vez, se les decía en su cara en forma continuada y dura a los miembros del elenco gobernante que son una minoría y que van a ser desalojados del poder. Verlos revolverse en sus asientos se convirtió en espectáculo reivindicativo. El discurso urticante de Henry Ramos se hizo famoso (aunque acoto que sus más recientes intervenciones en la tribuna callejera apelan innecesariamente a los tacos que, aunque aplaudidos, no agregan valor).

Después de estos satisfactores, ¿qué puede hacer la AN? Se sabe que cualquier movimiento serio será anulado por los mastines judiciales. Pero hay un terreno en el cual puede actuar y el régimen no puede hacer nada para impedirlo. Es la acción simbólica, tan real, efectiva y contundente como un mazazo. Es la que evidencia la inconstitucionalidad del régimen: mediante la aprobación de la amnistía, la incorporación de los diputados de Amazonas, la destitución de los magistrados exprés del TSJ y la investigación sobre la nacionalidad de Maduro.

Si el régimen acata esas decisiones, bien. Si no acata, acelera su salida.

 

@carlosblancog

El Nacional

Enviar Comentarios

Entradas relacionadas