Esta es la ruta para sacar al hijo de Tuta por Gustavo Azócar

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Comienzo estas líneas con una declaración de principios: no soy Caprilista. Ni Leopoldista. Ni Madurista. Ni Ramosallupista. Ni Mariacorinista. Ni Ledezmista. Soy venezolano y punto. Soy demócrata a carta cabal. No soy de quienes hablan de democracia de la boca para afuera. No soy anti partido. Tampoco soy anti MUD. Milité en una organización política hasta el año 2013. Actualmente soy independiente y eso me permite, entre otras cosas, poder criticar, como lo he hecho, al desastroso y corrupto gobierno de Nicolás Maduro, pero también a quienes lo quieren sustituir en el poder.

Aunque suene un poco chocante, la aclaratoria inicial es absolutamente necesaria, porque en la Venezuela que estamos viviendo, hay quienes parecieran tener la muy mala costumbre de ubicar a todo aquel que emita una opinión contraria a la suya, dentro de una facción, una parcela, o un “ismo” que lo marque para siempre.  El reduccionismo ha hecho que algunos sectores de la sociedad venezolana desprecien las ideas y las propuestas de otros por el simple hecho de que uno no está alineado con la corriente interna de algún líder o de alguna organización político partidista. Así vemos por ejemplo, que alguna gente no está de acuerdo con el Referendo Revocatorio porque supuestamente esa es la propuesta de Capriles. Hay quienes desestiman la renuncia, porque esa es la idea de María Corina. Otros no quieren la enmienda porque es el planteamiento de Andrés Velásquez. Y no falta quien reniegue de la Constituyente, porque esa fue una idea de Leopoldo. Es muy doloroso decirlo, pero es completamente cierto: tenemos 17 años llevando golpes propinados por la revolución socialista y todavía no hemos aprendido por completo la lección.

¿Quieren una prueba fehaciente de que seguimos sin aprender la lección? A las pruebas me remito: la Mesa de la Unidad Democrática anunció recientemente que adoptará casi todos los mecanismos propuestos por los diferentes partidos políticos para buscar la salida del poder de Nicolás Maduro. Eso quiere decir que los esfuerzos de todas las organizaciones políticas no estarán concentrados en un solo mecanismo, sino en todos: protestas de calle, solicitud de renuncia, enmienda constitucional y referendo revocatorio. La MUD no lo ha dicho públicamente, pero no hace falta ser un destacado científico de la NASA para saber qué ha ocurrido: no hay acuerdo entre los diferentes partidos para escoger una sola vía. Y como no hay consenso, porque cada partido está convencido de que su propuesta es la mejor, la MUD ha tomado una decisión salomónica: hagamos todo al mismo tiempo.

Eso quiere decir que haremos marchas, contra marchas, cacerolazos, protestas de calle, pediremos la renuncia, aprobaremos la enmienda en la AN, recogeremos firmas para el revocatorio y si nos queda algún chance, también buscaremos una junta médica para que declare que Maduro está loco. Aclaro: no tengo ningún problema con las acciones de calle. He participado en el 99% de las marchas que han sido convocadas, primero contra Chávez y ahora contra Maduro. Marchar es un derecho y un deber. Protestar y exigir nuestros derechos es una obligación. Pero no nos llamemos a engaños: Maduro no caerá con una marcha. Veamos lo que acaba de pasar el 6D. La Asamblea Nacional roja rojita presidida por Diosdado no se acabó con una marcha. Se acabó gracias a 7 millones y medio de venezolanos que salieron a votar y derrotaron al miedo. Es muy bueno ir a marchar. Pero es mucho más efectivo salir a votar.

La MUD aprobó dentro de su hoja de ruta, solicitar la renuncia de Maduro porque hay dirigentes que están convencidos que Nicolás va a renunciar tan pronto se lo pidan los militares como lo hicieron con Chávez en el 2002. A quienes creen que Maduro va a renunciar les digo, con todo respeto, lo siguiente: 1) asegúrense de que no haga la carta de renuncia a mano y con tachones. 2) Cerciórense de que a su lado no esté Lucas Rincón, para que no nos vuelva a echar el cuento del galló pelón con aquello de que se le solicitó y la  cual aceptó. Y 3) procuren que ese día no haya otro Baduel que lo quiera regresar al poder 48 horas después.

En lo que a mí respecta, no veo a los generales al mando de Padrino López dispuestos a regresar a Nicolás al poder dos días después que este renuncie, como hicieron con Chávez en el mes de abril de 2002. Me disculpan: yo lo que veo es a un grupo de generales queriéndose quedar con el coroto para evitar que los metan en la cárcel acusados de narcotraficantes y violadores de los derechos humanos. Lo digo con absoluta responsabilidad: si los civiles no resolvemos la crisis política que vive Venezuela, utilizando para ello los mecanismos dispuestos en la Constitución, los militares podrían quedarse con el poder. Y eso sí que sería una tragedia.

Creo haber escrito hace un par de semanas fijando mi posición sobre la que considero es la mejor ruta para sacar al hijo de Tuta: el referendo revocatorio. No soy abogado, pero considero que el mecanismo establecido en el artículo 72 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela es la única vía que no requiere la opinión, ni mucho menos la intervención del Tribunal Supremo de Justicia, ni de esa suerte de Darth Vader en que se ha convertido la Sala Constitucional. El referendo es cierto, puede ser el camino más largo, pero nadie puede negar que es el más seguro. Esa es otra gran lección que debemos aprender los venezolanos: hay que acabar con la visión de corto plazo. Ya basta de estar buscando “trochas” y caminos “verde oliva” para salir de esta crisis.

El camino culebrero del Referendo Revocatorio ya lo transitamos en 2004. Ya conocemos las curvas, los baches, los huecos, los desvíos y hasta los policías acostados que hay en esa vía. Ya sabemos qué hacer si nos piden firmar, reafirmar y pare usted de contar. La Asamblea Nacional inició la reforma a la Ley Orgánica de Referendos para hacer mucho más viable esta iniciativa popular y algo muy importante: para proteger a las personas que firmen y hagan la solicitud, lo cual garantiza que nunca más volverá a existir una lista Tascón.

Soy de quienes cree que a los venezolanos hay que decirle la verdad: el problema de Venezuela no se resuelve única y exclusivamente con sacar a Maduro. Nicolás es tan sólo una parte del problema. Hay que acabar con el gobierno de Maduro, pero mucho más que eso, hay que acabar con el modelo económico y político implantado en el país por Hugo Chávez desde 1999. Pero acabar con este modelo comunista, totalitario, retrógrado y corrupto será todo un proceso. Ese proceso implica, necesariamente, llevar a cabo al menos cuatro procesos electorales en los próximos años.

Primero: un referendo revocatorio, que permitirá salir democrática y constitucionalmente de Maduro y su combo. Para eso necesitamos inicialmente 4 millones de firmas y luego, 7 millones 500 mil votos. No tengo dudas de que tenemos las firmas y también los votos para lograr ese objetivo. Segundo: una vez que se haga el referendo y saquemos a Maduro con un chorro de votos, tendremos que ir a unas elecciones presidenciales para escoger al hombre o a la mujer que se encargará de llevar las riendas del proceso de reconstrucción y reinstitucionalización del país. Pero antes de eso tendremos que ir a unas primarias para escoger a un candidato unitario que represente a la Venezuela democrática. Tercero: inevitablemente habrá que ir a una Asamblea Nacional Constituyente para acabar con ese TSJ que se ha querido convertir en un “supra poder” y cuyos magistrados pretenden gobernar a 30 millones de venezolanos sin que nadie haya votado por ellos. La ANC también permitirá reinstitucionalizar a la Fuerza Armada Venezolana, regresando a los militares a sus cuarteles y convirtiéndolas en lo que siempre han debido ser: un brazo al servicio de los sagrados intereses del país y no un partido político ideologizado al servicio de la revolución.

Como puede observarse, la solución a la grave crisis política y económica que vive el país no se va a conseguir en una semana. Tampoco en un mes. Acabar con el gobierno de Maduro y con el denominado Socialismo del Siglo XXI es un proceso largo, complicado, difícil y lleno de obstáculos. Un liderazgo político serio y responsable, está obligado a hablarle claro al país. Hay que decir la verdad. No hay soluciones mágicas. No hay salidas a la vuelta de la esquina. Lo ideal es que nos organicemos, nos preparemos y trabajemos todos juntos por un solo camino, por una sola vía, sin desperdiciar tiempo ni esfuerzos en acciones innecesarias que lo único que hacen es darle oxígeno al oficialismo. Necesitamos una hoja de ruta que anteponga los intereses del país a los intereses personales y partidistas. Aquí no nos estamos jugando una candidatura presidencial. Nos estamos jugando el futuro de Venezuela.

@GustavoAzocarA

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