Los deseos no empreñan Por Luis Fuenmayor Toro

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Se puede desear algo en forma intensa y eso no significa que el deseo se hará realidad, pues hace falta que actuemos en consecuencia. De allí el dicho popular sabio de que “los deseos no empreñan”. Es más, se puede querer algo y podemos actuar en esa búsqueda y todavía no tenemos garantía de obtener lo deseado. Hace falta que la conducta asumida sea la adecuada al reto propuesto. Pero incluso teniendo la decisión y actuando correctamente en esa dirección, aún no hay garantía de satisfacción de nuestro deseo o necesidad. Se requiere que lo que queremos obtener sea posible, sea alcanzable, y esto no siempre depende de lo que hagamos, pues muchas veces obedece a la existencia de situaciones externas ajenas a nuestra voluntad. En muchos casos, el deseo puede ser inalcanzable o por lo menos imposible de lograr por las vías que inicialmente nos hemos propuesto o en el tiempo que nos hemos fijado para ello.

En la vida social y política de los pueblos, este tipo de situaciones se presentan constantemente. La casi totalidad de los venezolanos quiere que el gobierno del presidente Maduro termine lo antes posible. En este ardiente deseo se hallan unidos grupos tradicionalmente llamados de derecha y grupos conocidos como de izquierda radical, quienes, en algunas ocasiones, lucen hasta más empeñados en la salida del autodenominado Presidente obrero. Es una fuerza considerable, es más del 70 por ciento de los venezolanos, cuyas acciones se manifestaron en la votación de la MUD en las elecciones pasadas de diputados y se manifiestan en todo momento en las “mentadas de madre”, que se producen en las calles de nuestras caóticas ciudades y en el llanto de quienes pierden un ser querido a manos del hampa. Los únicos que ignoran este hecho están en la cúpula gubernamental o macolla chaveca, quienes serían los directamente afectados de sucumbir el Gobierno.

No basta, sin embargo, este inmenso deseo de la sociedad para que el hombre se vaya, pues su permanencia en el poder tiene otros soportes, que han sido históricamente superiores a la tan exaltada voluntad popular, el más importante: el poder de fuego de las fuerzas armadas nacionales. Lo señaló hace poco el diputado Elías Jaua, en un arranque de franqueza o de desvergüenza con un poco de cinismo, cuando dijo que la Asamblea Nacional no tenía el poder de las armas de su lado, por lo que no podían hacer su voluntad. Y esto es así independientemente de que se trate de mandatos constitucionales. Que a través de un referéndum, de una enmienda, de la declaratoria de vacío presidencial o de una Asamblea Constituyente, se decida la salida de Maduro, aparte de no arreglar milagrosamente los problemas, pasa primero por un gran acuerdo político nacional de todos los factores de poder y no sólo depende de la decisión del pueblo, lo que demuestra que no es tan soberano como se dice.

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