Traerán sus dólares los venezolanos por Carlos Dorado

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Comentaba la semana pasada, que no hay política cambiaria que pueda ser exitosa, si no se incentiva simultáneamente la variable más importante en la economía de un país, como es: ¡La Confianza!

Pero la misma no se puede decretar. “No hay nada más cobarde que un millón de Dólares”, y mi madre solía decirme: “Carlos, si uno quiere despertar confianza, debe ser digno de confianza”. Quizás la conclusión de estas dos expresiones es que la cobardía, es la que más confianza necesita, sobre todo en economía.

Por consiguiente, si queremos que  esos inversionistas que tienen dólares los inviertan en nuestro país, debería ser un objetivo nacional y constitucional, el sagrado deber de generar confianza. Para esto, nuestros líderes tienen que ser dignos de confianza, y lograr implementar una seguridad jurídica, donde los inversionistas sientan que su inversión está protegida por unas leyes que se cumplen; y así puedan desarrollar sus actividades en paz y armonía, y repatriar sus inversiones en el momento en que lo consideren conveniente.

Lamentablemente, las experiencias en nuestro país no han sido buenas, y no sólo los inversionistas extranjeros no sienten confianza en invertir en nuestro país, tampoco la mayoría de los nacionales ven a nuestro país como un lugar seguro para invertir a mediano y largo plazo, en el que puedan poner sus ahorros.

Alguna vez leí, que  los venezolanos somos la segunda nacionalidad en el mundo con más depósitos per cápita en bancos extranjeros. Sería suficiente que la mitad de esos fondos fueran invertidos en nuestro país, para que se generase un boom sin precedentes en la economía nacional. ¿Pero traerán los venezolanos los Dólares que tienen en el exterior, para invertirlos en alguna actividad económica en nuestro país? En las últimas décadas muchos Dólares han salido, y pocos han entrado.

La confianza en sí misma es el primer secreto del éxito, y la confianza genera más confianza aún. ¡Nunca tan gran verdad aplica para un país! Sin embargo; la confianza sólo se pierde una vez, porque a continuación se convierte en desconfianza, siendo ésta precisamente el peor enemigo que pueda tener país alguno.

Pongamos un simple ejemplo; Venezuela nunca ha incumplido en el pago de sus obligaciones financieras internacionales, y hasta la fecha todos los bonos emitidos por la nación, así como los de PDVSA, han sido religiosamente pagados incluyendo los intereses, con unos rendimientos extraordinarios. Sin embargo; los mercados financieros internacionales son reacios a aceptar la compra de nuevas emisiones, o al reestructuramiento de nuestra deuda externa; a pesar de que nuestro índice de endeudamiento externo versus el producto interno bruto está por debajo de la media latinoamericana, y que estamos sentados en varios trillones de dólares de riqueza en nuestro subsuelo.

Mientras otros países, con un nivel de endeudamiento sumamente elevado, y sin contar con mayores riquezas naturales, pueden endeudarse a tasas de interés bajas, y afrontar a través del endeudamiento importantes proyectos de infraestructura, educación e inversión en ciencia y tecnología.

Quizás un buen inicio para reconstruir esa confianza, y una excelente señal hacia los inversionistas, sería suspender cualquier tipo de regalía o dádivas hacia terceros países, incrementar el precio de la gasolina, aunado al establecimiento de un plan, para que la mayoría de las empresas expropiadas en el pasado, vuelvan a manos de sus legítimos dueños.

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