“NMS” por Juan Manuel Raffalli

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Confieso que pensaba dedicar esta entrega a algunos temas constitucionalmente relevantes como la situación del Tribunal Supremo de Justicia y el proceso de revisión de la designación de los magistrados exprés. También al importante tema de la enmienda constitucional presentada por la Causa R. Pero después de pensarlo por un momento, y sobre todo luego de asomarme a la ventana de mi oficina en este Miércoles de Cenizas, me quedó muy claro que estos asuntos son trascendentes pero no son cruciales, al menos en este momento. Veamos por qué.

Hace meses el amigo Orlando Ochoa, destacado economista, me soltó un recto de derecha al mentón al afirmar: “En poco tiempo el país estará arrodillado”. Lamentablemente no podía tener más razón. Se nos vino el mundo encima y lo que viene promete ser peor. Así, hablar de salidas constitucionales y magistrados revocables, es, a decir lo menos, ponerse primero las medias y luego los zapatos. El tema es la crisis integral que como a cachorros nos toma del cuello y nos mete el hocico en la ponchera de la realidad. Esa crisis que toca bolsillos, instituciones y hasta vidas. Cuando el destino nos alcance, y pareciera que será en muy poco tiempo, cualquier salida constitucional será viable, pues se impondrá un acuerdo político in extremis. Serán simplemente vehículos para facilitar cambios y no soluciones en sí mismas.

Entre tanto, lo más insólito es la inactividad oficial. Es inexplicable que con el estado de penurias (ahora literal) que estamos viviendo, nadie sea capaz de tomar decisiones de alto gobierno acordes con la magnitud de la crisis y sus tiempos. Es loable y casi increíble que después de 16 años se den cuenta de que le país no puede vivir de la renta petrolera y que necesita de empresarios productivos, pero ese cambio requiere un profundo propósito de enmienda y tomará décadas, el problema es que si acaso nos quedan meses y no hay más margen para diálogos ficticios, digamos que para diálogos sin Polar.

Y se preguntará usted amigo lector, faltan meses ¿para qué? Pues, lamentablemente hay que decir que los países sí se destruyen. Venezuela es su tramado institucional, sus empresas, su moneda, sus partidos políticos, sus medios de comunicación y sobretodo su tejido social. Miraflores, el Hemiciclo y la Cota Mil seguirán allí, lo demás, lo que realmente importa y representa a la nación más que a la República, es eso que cada día se deteriora más y está amenazando con desbordar los límites de tolerancia de la gente.

Recuerdo cuando pasé por el IESA para hacer un curso de Gerencia para Abogados que el profesor Asdrúbal Baptista escribió una tarde cualquiera tres letras en la pizarra: “NMS”. Estas siglas que hoy tomo prestadas para el título de esta entrega, según él nos explicó, significan niveles mínimos de subsistencia y conforme a esa explicación, cuando a la población de un país, cualquiera que este sea, se le vulneran los “NMS”, la conflictividad social se puede desbordar en cualquier momento. Ni el propio profesor Baptista en ese momento podía imaginar que al soltarnos ese perla faltaban pocas semanas para el lamentable y nefasto episodio del Caracazo.

Mientras esto ocurre, es decir, mientras a diario algún venezolano es afectado en sus “NMS”, la administración Maduro no sabe qué hacer. Ni siquiera se ha atrevido a aumentar la gasolina, cosa que muchos decían ocurriría finalmente en la víspera del carnaval. Ni hablar de la devaluación o financiamiento internacional para cubrir el déficit en las importaciones. Hay quienes piensan que se trata de pura incompetencia, otros que existe un choque de poderes internos que no dejan fluir las decisiones; incluso se ha llegado a decir que tanta negligencia no puede ser sino deliberada, cosa que cuesta creer.

Lo que parece más factible es que este estado de petrificación obedece al deseo de mantener el poder por el poder mismo y principalmente a la falta de valor, en admitir que una revolución corrupta que acabó con el sector más productivo del país solo se mantiene con el petróleo a cien dólares por barril. No quieren asumir el costo político de los ajustes económicos y menos aún admitir el error primigenio, en el mundo de hoy se requieren la solidaridad y la responsabilidad social, pero Marx no tiene cabida.

Veremos si finalmente alguien en la administración Maduro asume la responsabilidad del cargo y plantea algo serio, concreto, viable y oportuno. De no ser así, con la casa a oscuras, la nevera vacía y sin medicinas básicas, cualquier cosa podremos esperar.

 

@juanraffalli

El Nacional 

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