La peligrosa molestia del chavismo por Armando Martini Pietri

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Tanto se analizó, consideró y aun continúan los estudios sobre la categórica victoria de la oposición en las pasadas elecciones parlamentarias, y de la ciega torpeza del Gobierno madurista como reacción y por lo visto política establecida en respuesta tanto a la nueva realidad legislativa como lo que ya parece un hecho cierto, que ni el Presidente, ni su equipo, ni la cúpula del Partido Socialista Unido de Venezuela saben qué hacer, están abatidos, confundidos y sin rumbo, que se ha descuidado y hasta olvidado un aspecto de primera importancia para la oposición, para el Gobierno, para los poderes públicos, para el sector militar y para la ciudadanía en general.

Esa omisión no ha permitido la debida atención para averiguar, comprender y tratar de entender a profundidad qué piensa, cómo se siente, la gran masa chavista, los de abajo, los que son convocados sólo para marchar en la calle –marchas, por cierto, cada vez  menos concurridas. Es bueno aclarar que el madurismo no es lo mismo que el chavismo, es una fracción interna minoritaria que ha tomado por asalto al chavismo originario que se resiste al embate que no ha logrado borrar la imagen idealista de Chávez, ni aporta soluciones a la Venezuela que, para nuestra desgracia, mal gobierna.

No es asunto tan simple asumir que chavistas que no detentan el poder están inconformes con el resultado electoral. Dejemos de lado a los extremistas, los fanáticos que también son cada día menos pero siguen siendo peligrosos, apartemos a los rudos que amenazan y atacan a quienes los dirigentes no estimen. Pensemos en cambio en esos millones de personas, buena parte de ellas de los sectores populares, mujeres y hombres, adultos y jóvenes de trabajo. Los mismos que comparten las apabullantes colas para conseguir comida y productos -que no siempre encuentran-con quienes votaron por la oposición, todos ellos los mismos que cada día se sienten más presionados, más angustiados y frustrados por la caída del poder de compra de la moneda, que comprueban cada semana cómo todo se les pone más caro, difícil de obtener y llevar a sus familias lo poco que consiguen, los mismos a los cuales se les niegan garantías igual que a los opositores.

Son los mismos que cuando sus familiares y amigos se enferman, no consiguen muchos de los medicamentos que necesitan, que van a los hospitales y clínicas debiendo regresar a sus casas porque ni funcionan los equipos ni hay medicinas -ya no las de alta especialización, sino incluso  fármacos que hasta hace poco eran cosa normal. Los mismos que se enteran por los medios sobre el zika, dengue y otras plagas y son advertidos contra los mosquitos, pero no encuentran productos para fumigarlos.

Los que reciben agua muy de vez en cuando y además cuando les llega viene sucia, repugnante; los que se quedan a oscuras cuando menos lo esperan porque el servicio eléctrico no sólo es deficiente sino que ahora falla más que nunca a pesar de las decenas de millones de dólares que el gobierno afirma haber destinado, y que todo el mundo presume que se han derrochado o simplemente han sido destinados a fines inmorales y delictivos.

¿Qué piensan esas personas, esos jóvenes, tanto opositores como indiferentes –en caso de que en la Venezuela de hoy quede alguien indiferente- y chavistas, sobre todas estas angustias en medio de las cuales viven? ¿Qué deliberan de las cárceles abarrotadas tanto de presos en los peores entornos como de armas en excelentes condiciones? ¿Qué cavilan sobre el malandraje que los roba, abusa de ellos, interviene en sus vidas y los mata día tras día en sus propios barrios, parroquias y urbanizaciones? ¿Que incluso deben desconfiar de las mismas policías uniformadas?

Están indignados, bravos, molestos, cansados, eso ya lo sabemos porque todos estamos así, no es sólo actitud de opositores, es uno de los problemas más delicados que tienen el Presidente Maduro, su gobierno nulo y la cúpula del chavismo que, al no saber qué hacer, al carecer de capacidad y de interés para proponer alguna iniciativa original, al no tener la más mínima confiabilidad para al menos sembrar alguna pequeña esperanza, van haciendo crecer el desencanto, la incomodidad y el nerviosismo de los ciudadanos de todos los sectores socioeconómicos y de todo el país.

Una dificultad es que esos malestares sociales cuando se prolongan, se ignoran, cuando permanecen a diario, cuando de hecho empeoran y no dejan que nadie vislumbre alguna luz al final del túnel, se van acumulando, se van haciendo cada vez más pesados e intragables y terminan por generar rabia, deseos furibundos de tomar la justicia en propia mano –lo que es terrible pero ya está pasando-, enceguecen a seres humanos habitualmente generosos, simpáticos y los sacan de sus cabales. Es entonces la furia, el romper todo límite, fundir candados y cadenas con manos, dientes y miradas. La reacción enfurecida de un pueblo que ha sido engañado por años, que no tiene la culpa de las torpezas de un muy mal gobierno pero que siempre paga los platos rotos y continuamente el mas perjudicado.

Todo ese ambiente en crecimiento, ebullición hace necesaria y urgente no sólo la salida del actual Presidente y su Gobierno improductivo y estancado, sino la preparación de una transición que es comentada a diario en todos los ámbitos de la sociedad venezolana; no como una posibilidad sino más bien como una certidumbre de que es el argumento más conveniente, de que es la única posibilidad de sobrevivir a ésta que hoy se percibe como una paranoia que vivimos.

La oposición reunida en la MUD tiene mucho que decir, analizar, crear y aplicar, pero no puede caer en el error de confundir las pocas iniciativas acertadas del régimen de Hugo Chávez, las que han producido algún beneficio especialmente a los sectores sociales menos favorecidos. La MUD debe comprender que representa una mayoría que reaccionó contra los errores del oficialismo y la influencia nefasta e infortunada del castrismo cubano, pero también que sigue existiendo un importante grupo de venezolanos que son víctimas del Gobierno de Nicolás Maduro, y siguen mirando con esperanza a esa amplia y vaga, pero auténtica realidad que es el chavismo de base. Una masa importante que quizás debamos llamar “psuvismo” para no confundir con el nada exitoso madurismo, una masa activa y cada día más molesta, que tiene fuerza de millones de electores y no forma parte del sector que pegado a Nicolás Maduro heredó un gobierno que fracasa cada día y que sus líderes aprovechan personalmente pero no saben conducir.

Los pueblos son solidarios y pacientes –especial el nuestro- hasta que se cansan, no obstante cuando el aguante llega a su fin puede estallar la furia popular, que no podrá ser dominada por guardias nacionales abusadores (o asustados y mal dirigidos) ni por tanquetas. Esos peligrosos estallidos han ocurrido en varios países, la Venezuela torpe del madurismo no tiene por qué ser la excepción. La MUD y los partidos del Polo Patriótico deberían tenerlo muy en cuenta. Por eso mismo, con el Gobierno madurista o sin él, la transición no sólo es una salida, sino una urgencia extrema.

 

@ArmandoMartini

 

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