¿Hay que liberar el control de cambios? por Carlos Dorado

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“¿Hay que cambiar la política cambiaria? ¡Sí hay que cambiarla! ¿Cómo plantearla? Con un objetivo claro: Lograr revertir lo que hemos hecho hasta la fecha, incentivando la entrada de dólares al país, y racionalizando la salida de los mismos…”

Así terminaba mi artículo de la semana pasada, y algunos lectores me preguntaron por qué no escribía de una vez mis recomendaciones con respecto a la política cambiaria. La respuesta es muy sencilla: ¡Por respeto al Presidente, y a las Instituciones!

Como miembro del Consejo Nacional de Economía Productiva, el papel de cada integrante, es elaborar recomendaciones y presentarlas al Consejo, para que una vez analizadas y aprobadas, les sean presentadas al Presidente; quien finalmente tiene la autoridad de implementarlas o no.

Por consiguiente, independientemente de la ideología política de cada uno de los miembros, creo que sería una falta de respeto, el airear públicamente mis recomendaciones en política cambiaria. Sin embargo; sí considero que hay algunas divagaciones que me hice cuando las estaba elaborando; y que pudiese compartir con mis lectores, sin que eso signifique que esté incumpliendo con mis obligaciones ante el Consejo Nacional.

¿Hay que liberar el control de cambio? Yo soy un firme partidario del libre juego de la oferta y la demanda en los mercados cambiarios, e inclusive soy de los que piensa que nuestra moneda debería ser sustituida por una más fuerte y más estable, como el Euro o el Dólar (en ese mismo orden de preferencia). Pero en estos momentos, la situación económica del país, de las reservas internacionales, y del precio del petróleo, no nos permite el lujo de liberar el control de cambios, ni mucho menos sustituir nuestro signo monetario.

Tenemos que remar con lo que tenemos”, solía decirme mi madre. Y si no podemos satisfacer la demanda de divisas, al menos garantizarnos la oferta de las mismas. Para eso tendríamos que fijar una tasa muy atractiva de compra que incentive a que las divisas sean vendidas legalmente y entren al BCV. ¡Gana el público y gana el país!

¿Cuál podría ser esa tasa? La misma, ante la ausencia del libre juego de la oferta y la demanda, tiene que partir de un cálculo matemático-económico establecido, como podría ser el resultante de dividir la masa monetaria entre las reservas internacionales, y la cual al 31 de Diciembre del 2015 era de 246,30 Bsf. por cada $; según información del BCV.

¿Debería ser ésta la tasa cambiaria para la compra de $? ¡No necesariamente! Porque si analizamos esta misma fórmula en países emergentes como el nuestro, observamos que a la misma le aplican un factor multiplicador basado en el riesgo país, potencialidad, etc.; que en promedio en Latinoamérica es de 3. Por lo cual, si aplicásemos el mismo factor promedio a nuestro país, la tasa debería ser de 738,90 Bsf. por $.

¿Sería ésta una tasa atractiva para que las personas y los inversionistas se sintieran incentivados a vender sus divisas en el mercado legal? ¡Estoy seguro que sí! Sobre todo; sería una tasa variable, al depender de factores cambiantes como la masa monetaria y las reservas internacionales. Según mis cálculos, podrían entrar al país un monto aproximado de seis mil millones de Dólares; ¡Tan necesarios en estos momentos!

¿Pero deberíamos aplicarle la misma tasa a la venta de Dólares? “Ni uno, ni lo otro; sino todo lo contrario”. Solía decir un expresidente. Trataré de explicarlo próximamente.

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