“Lo bueno es lo malo que se está poniendo”, por José Vicente Carrasquero A.

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El título de este artículo va entre comillas porque cita a Teodoro Petkoff, uno de los políticos más importantes de la historia contemporánea y que jugó un papel fundamental en la implantación de la Agenda Venezuela en el gobierno de Caldera.

Traigo esta frase a colación porque la situación que vive nuestro atribulado pueblo es, en varios grados de magnitud, mucho más grave y profunda que la que se vivía a finales del siglo pasado. Con un barril de petróleo por debajo de los diez dólares, el presidente Caldera tuvo que hacer de tripas corazón y reinstalar el conjunto de medidas económicas que ya había puesto en marcha Pérez en 1989. Hay que recordar que Caldera desmonta las medidas adelantadas por CAP y el país se vuelve a hundir en los problemas económicos típicos de las economías controladas.

La situación económica en 1996 era muy grave y eso obligó a soltar las amarras de la economía para que los actores del sistema asumieran riesgos y comenzaran a actuar sin la intervención de ese estado sobre protector que tanto daño le ha hecho a los fallidos intentos de desarrollo nacional.

Aunque con muchas dificultades, la economía comenzó a levantar vuelo. El país fue capaz de manejarse con precios muy bajos del petróleo. El levantamiento del control de cambios, la rectificación del precio de los combustibles y la liberación de precios no tuvieron las trágicas consecuencias que medidas similares tuvieron en 1989. Desde mi punto de vista, fue mérito del entonces ministro de CORDIPLAN, Teodoro Petkoff, el vender estas medidas como el remedio costoso y doloroso que nos daría estabilidad económica como efectivamente hizo.

La tentación controladora de la economía no se hizo esperar. Con una mentalidad de planificación centralizada el ingeniero Giordani le vende a Chávez la idea de volver a pegarle mano a la economía y dirigirla desde el estado. Se vuelve a repetir el trágico ciclo de la política venezolana según el cual los gobernantes de turno piensan que lo pueden hacer mejor que los demás y nos vuelven a sumir en lo que estamos viviendo hoy en día.

Y es que no hay manera de que un manejo irracional de los recursos provenientes del petróleo intoxique las mentes de los gobernantes y los haga pensar que esas riquezas que perciben son para siempre. Y se vuelven a endeudar. Desoyen a todos los que avisan que viene una caída de los precios del petróleo. Ensoberbecidos de sí mismos se atreven a decir que es un asunto coyuntural que superaremos. Hacen inútiles viajes a tratar de convencer a los otros países que reduzcan su bombeo de petróleo.

Ridícula petición. La mayoría de los países petroleros, ya sean de la OPEP o no, se han preparado para producir la mayor cantidad de petróleo posible. Veían venir una guerra de precios y se prepararon para ella. Nuestros obnubilados políticos se limitaban a decir que teníamos las reservas probadas más grandes del planeta. Negociaron la faja con fines políticos. Le dieron concesiones a países que no tienen capacidad de explotar petróleo. Se hizo una rebatiña de nuestras riquezas con fines crematísticos desde el punto de vista del poder. Pero, el peor de los peros, no aumentamos nuestra capacidad de producir más hidrocarburos. Al contrario, la disminuimos. La industria está en ruinas. Todos los meses hay algún accidente que denuncia pobre mantenimiento y operaciones inadecuadas.

Lo único soberano que nos queda de todo esto es que nuestros políticos, que además no saben nada de relaciones internacionales, salgan a rogar a los otros países, que sí se prepararon para bombear petróleo, que reduzcan su producción. No nos puede producir otra cosa que indignación que teniendo tanto petróleo no podamos participar con ventaja en la guerra de precios. Todo por culpa de la improvisación de unos incapaces a los que les llegó el poder por cuestiones de azar y que no supieron manejar las inmensas riquezas que le entraron al país.

Si se aprovecharon, por supuesto, una cuerda de delincuentes que se enriquecieron a nuestras costillas de una forma inmoral. Perseguidos por la justicia internacional, muchos tendrán que rendir cuenta por fortunas que crecieron más rápido que la del magnate petrolero norteamericano Nelson Rockefeller. Aviones, yates, lujosas quintas y hasta palacios forman parte de los bienes que advenedizos, protegidos por el régimen, lograron acumular empobreciendo más y más a los venezolanos.

Todo indica que el chavismo desplumó la gallina de los huevos de oro. PDVSA anda buscando medio para completar un real. Ni en los peores momentos de los precios del petróleo el holding había estado en tan precarias condiciones.

Y si PDVSA no tiene dinero, Venezuela no tiene dinero. Y es cuando decimos: “Lo bueno es lo malo que se está poniendo”.

El gobierno de Maduro es, por definición, incapaz de manejar la catástrofe que estamos viviendo. Primero porque no la entiende. Mal puede alguien resolver un problema cuya complejidad no llega a comprender. Segundo, por la elemental razón de que no se puede esperar que quienes nos metieron en semejante problemas tengan nociones de cómo sacarnos. Solo hace falta oír a Luis Salas para saber que lo que hagan nos llevará al barranco.

Parece cercano el fin de este gobierno. El pueblo no parece dispuesto a soportar más medidas sin sentido que lo que hacen es aumentar los graves problemas. Le ofende los oídos que a un gran cacao del régimen le roben 300mil dólares de su casa de habitación. Alguien que todos en Naiguatá saben que era un profesor universitario que no tenía las riquezas que hoy exhibe.

La situación de las finanzas públicas no se podrá seguir manejando de la misma errónea manera. El gobierno está obligado a rectificar pero no quiere hacerlo. Se sienten los movimientos telúricos de un pueblo cansado de tanta  burla y chantaje. O Maduro se va por su cuenta, o el pueblo lo sacará de Miraflores.

@botellazo

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