La Constitución sirve para todo por José Toro Hardy

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El 6D el pueblo habló claramente. El gobierno había suscrito ante el CNE y ante la misión de acompañantes de UNASUR el compromiso  de reconocer el resultado de las elecciones. De hecho el presidente Maduro también lo hizo ante los expresidentes latinoamericanos que visitaron el país, además de  aceptarlos ante Venezuela entera una vez que el CNE ofreció los cómputos.

Sin embargo, todos hemos sido testigos de lo que ocurrió después. A mazazo limpio la Asamblea feneciente manipuló la designación de magistrados en medio de lo que se ha tildado de golpe de estado judicial. Esos nuevos magistrados  -en lo que luce como un fraude  montado sobre otro fraude- anunciaron medidas cautelares para suspender la proclamación de los diputados por el Estado Amazonas, tratando así de romper la mayoría de 2/3 partes que el pueblo  le dio con su voto a la MUD. Vano intento, porque la Sala Electoral carece de atribuciones para “desproclamar” lo que el CNE ya proclamó. Además, en el supuesto negado de que esa maniobra prosperase, el número total de miembros de la Cámara disminuiría a 163 y las 2/3  partes la conformarían 109 diputados que serían los que le restarían a la MUD. De todas formas contaría con la súper mayoría requerida,

La actitud gubernamental nos retrotrae a épocas de barbarie del Siglo XIX.  A los venezolanos se nos revuelve la historia. Nos viene a la memoria un evento salvaje que tuvo lugar en el recinto mismo del Congreso un 24 de enero de 1848. Veamos lo que ocurrió:

Un general monaguense que había desempeñado un papel heróico y que se había cargado de gloria durante nuestra guerra de emancipación, logró alcanzar la presidencia de Venezuela en el año 1847 con el apoyo de Páez y Soublette: Me refiero a José Tadeo Monagas.

Monagas era un hombre tosco y de poca cultura. Quizá las condiciones que lo hicieron destacarse en batalla no eran las más adecuadas para presidir una república civil. Muy pronto se pone de manifiesto su carácter autoritario y, creyéndose dueño del país, comienza a adoptar medidas arbitrarias que lo llevan a enfrentarse al mismo Parlamento que lo había elegido.

Finalmente decide el Congreso enjuiciar a Monagas. No era este dado a dialogar ni capaz de aceptar que debía respetarse el equilibrio de los poderes. Para él su voluntad era lo único que contaba.

Llega el día 24 de enero de 1848, fecha en que debía iniciarse el juicio en su contra. Dispuesto a impedirlo a toda costa, el presidente convoca a una turba de sus partidarios frente al recinto del parlamento, quienes  gritan y profieren  insultos contra los representantes elegidos por el pueblo.

A una orden suya la muchedumbre tumultuosa se lanza al ataque.  Aquel episodio la historia lo recuerda como el “Asesinato del Congreso”. Penetra el populacho al recinto y arrasándolo todo asesinan a los representantes Santos Michelena, Jose Antonio Salas, Juan Garcia y Francisco Argote. Por esa vía Monagas logra a la fuerza disolver el Congreso e imponer su voluntad. Pronuncia después  aquella frase vil que mancilla la memoria de la patria: “La Constitución sirve para todo”.

Concluida la acción salvaje, Monagas trata de restablecer una apariencia de legitimidad sobornando o amenazando a los representantes sobrevivientes para que se reintegren al Congreso y asuman una actitud sumisa. Se tuvo que enfrentar sin embargo a un gigante de la dignidad quien, cuando se le conmina a regresar a la Cámara,  se enfrenta al presidente y le dice: “Mi cadáver lo llevarán pero Fermín Toro no se prostituye”.

Han transcurrido 169 años  desde aquellos sucesos cargados de ignominia. Una vez más hombres primitivos amenazan hoy en día a las instituciones con actos que nos hacen recordar aquellas circunstancias trágicas.

El 5 de enero se instala la Asamblea Nacional resultante del voto universal, directo y secreto de los venezolanos. Incapaces de aceptar que perdieron el favor del pueblo, algunos líderes, que aún viven en las etapas de barbarie más oscura del Siglo XIX, están convocando a sus colectivos para intimidar al parlamento.

Si ni Dios lo quiera llega a ocurrir algún hecho indeseable destinado a violentar la voluntad soberana del pueblo, esos señores serían responsables de la aplicación de la Cláusula Democrática Interamericana de la OEA y las sanciones del Mercosur. La ONU y la Unión Europea se verían también obligadas a pronunciarse. La legitimidad quedaría en entredicho. Un gobierno que propiciase una situación como esa dejaría de ser viable.

Estoy seguro de que nuestros hombres de uniforme defenderían  la voluntad popular que recoge los vientos de cambio de la historia. A pesar de algunas manzanas podridas, ellos son un cuerpo profesional y apolítico que “en el cumplimiento de sus funciones están al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de parcialidad política alguna”.  Saben cual fue la decisión del pueblo el 6D porque fue la misma por la que la mayoría de ellos votó. Si alguien intentase pedirles que  permaneciesen indiferentes ante una actuación contraria a la Constitución o una agresión de grupos violentos, su respuesta sería similar a la de Toro: “La FAN no se prostituye”.

 

@josetorohardy

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