Lorent Saleh: “¿Cuánto vale el color verde? ¿Y el azul? Yo estuve en un sarcófago blanco, como un ciego, meses y meses” - Runrun

Lorent Saleh: “¿Cuánto vale el color verde? ¿Y el azul? Yo estuve en un sarcófago blanco, como un ciego, meses y meses”

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Después de una huelga de hambre de 18 días logró que le dieran un reloj, aunque la defensora del pueblo dijo que conocer el paso del tiempo no era un derecho humano. Después de mucho rogar, le dieron un lápiz punta roma y una sola hoja

En entrevistas para dos medios españoles, el líder estudiantil tachirense ofreció detalles de las torturas físicas y psicológicas que sufrió durante cuatro años recluido en manos del SEBIN. De La Tumba dijo que es “un manicomio futurista”

 

LORENT SALEH ENTRÓ PRESO A LOS 26 de edad y salió, hace 15 días, de 30. Fue acusado por el gobierno venezolano de los delitos terrorismo, entrenamiento paramilitar y de planear ataques contra Venezuela en presunta complicidad con el expresidente colombiano Álvaro Uribe Vélez. A los diarios El Mundo de España y El Confidencial dijo que intentó quitarse la vida en tres oportunidades por “años de torturas” y que jamás cedió a firmar ninguna declaración para inculpar a nadie.

Cayetana Álvarez de Toledo, periodista de El Mundo, le pregunta a Saleh qué aprendió durante cuatro años de reclusión. El joven tachirense explica con detalle: “El poder de la contemplación. El valor de lo esencial que parece invisible. Los periodistas y los políticos quisieran que yo hablara de otras cosas. Pero para mí esto es lo fundamental. ¿Cuánto vale el color verde? ¿Y el azul? Yo estuve en un sarcófago blanco, como un ciego, meses y meses. ¿Y cuánto vale la conciencia del tiempo? No es que yo no supiera si era de día o de noche. Es que no sabía si había dormido una hora o diez. ¿Y qué valor tiene un espejo? Cuando no te ves la cara durante mucho tiempo te olvidas de cómo eres. La primera vez que me vi en un espejo tuve un ‘shock’. Me palpé, susurré… “Éste soy yo”. El cielo no es cualquier cosa. El sol, la luna, la lluvia, las estrellas… tampoco. Unos zapatos. Una silla. Yo peleé tanto, como un loco, para conseguir cosas que a cualquiera le parecerían irrelevantes. Hice una huelga de hambre de 18 días para que me dieran un reloj. La Defensora ¡del Pueblo! me decía: “¿Dónde está escrito que un reloj es un derecho humano? ¿Dónde dice que debamos dejarle una mesita?”.

Saleh dice que le gusta leer a Octavio Paz y a Jorge Luis Borges. Recuerda que un día, por fin, le dieron un lápiz: “Gastado. Como un tapón. Y una hojita. ¡No quería que se acabara nunca! Escribía con letra diminuta. La giraba. Buscaba rinconcitos blancos donde seguir escribiendo. El valor de las cosas… Fui sometido a una técnica de aislamiento celular. Su objetivo es anular, uno a uno, todos los sentidos del preso, hasta que ya no sabe si está vivo o muerto. ¿Y sabe usted cuál es la única forma de averiguarlo? El dolor. Por eso quieres que te golpeen. Y por eso te golpeas a ti mismo. Contra el suelo. Contra los barrotes. Contra lo que sea. Buscando la sangre. Porque solo la sangre y el dolor te reafirman en que sigues existiendo”.

Para el Mundo de España, Lorent Saleh describió con mucha precisión cómo eran La Tumba y El Helicoide.

“La Tumba es un centro de tortura. Está ubicado cinco pisos bajo tierra, en un edificio del centro de Caracas llamado Plaza Venezuela, sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional. Es un laboratorio creado para la aplicación de un tipo muy particular de torturas. Un lugar sofisticado, moderno”, dijo Saleh.

Del Helicoide dijo era todo lo contrario: “Es lo criollo, el garrote, la costilla rota, el bate. Es la secuela de la decadencia de lo que una vez fue la cuarta República venezolana. El edificio es viejo y su interior es sórdido, sí. Plaza Venezuela es distinto. La institución es la misma, pero la estética y los métodos son diferentes. La Tumba es la tecnología y la tortura psicológica. Todo brilla. Todo es limpio y blanco. El silencio es absoluto; la soledad es completa. Parece un manicomio futurista. El Helicoide es el hacinamiento, el mal olor, las cucarachas y las ratas. La Tumba son los espejos, las cámaras, las paredes blancas. Se huele perfectamente el tufo extranjero”.

Lorent explicó cómo en tres oportunidades trató de quitarse la vida porque no resistía más. Aseguró que intentó “guindarse con una sábana”, pero lo vieron a través de las cámaras de seguridad y tuvo que pensar en otra idea.

“Al baño siempre debía ir acompañado de un funcionario. Cuando por fin permitieron que me afeitara empecé a simular el mayor sometimiento. Para que cogieran confianza conmigo y bajaran mínimamente la vigilancia. Y así me fui llevando a mi celda trocitos de cuchilla de afeitar. Hasta que un día, de madrugada … A partir de entonces, un funcionario tuvo que dormir en mi celda cada noche. Con un ojo medio abierto, aterrado. Una noche intenté colgarme de las rejas. Mi carcelero se despertó y se abalanzó sobre mí para salvarme ¡y salvarse! Otro día, volviendo del baño, le cerré la puerta en la cara. Le dije: “Estoy cansado. Se acabó”. Y me volví a rajar. A los dictadores hay que desafiarlos. Para que sepan que no son dioses. Que también pueden sangrar y llorar y sufrir. Y que sus abusos tienen un coste, no solo para los demás. Ésa es la verdadera resistencia: el desafío”, comentó Lorent.

El activista detalla que la tortura y la extorsión en las cárceles de Venezuela no solo se cometen contra presos políticos, sino contra presos comunes también.”La extorsión está instalada en el día a día porque los funcionarios tienen un salario muy bajo y se ganan la vida deteniendo a gente de forma arbitraria para luego solicitar un rescate económico a las familias”, dice.

 

Caso Albán

Saleh también se refirió al caso del concejal Fernando Albán. “Sospecho que lo lanzaron ya muerto, aunque lo mismo daría si se hubiera tirado él. También sería una víctima directa de la dictadura. Yo estuve en ese mismo piso 10, junto a esa misma ventana y conozco la desesperación que podría llevar a un hombre a saltar”, dijo el dirigente.

 

La traición de Santos

Según las declaraciones de Saleh a El Confidencial, el expresidente colombiano Juan Manuel Santos estaba negociando el proceso de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y Maduro lo estaba ayudando. “En ese momento, Santos se consideraba el mejor amigo de Maduro. Como sabemos, las FARC, el ELN y los cárteles del narcotráfico forman parte del gobierno chavista. Se suponía que Santos era un demócrata, pero me entregó”. Añade Saleh que, además, era un momento en que gobiernos revolucionarios de izquierdas estaban en auge en varios países de América: Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, Lula da Silva en Brasil o los Kirchner en Argentina.

Como resultado, la Inteligencia colombiana lo capturó y lo puso en manos del Sebin venezolano en septiembre de 2014 en el puente de Cúcuta, ciudad fronteriza entre ambos países. En palabras de Saleh, “fue un secuestro porque no había orden de busca y captura oficial en Venezuela y, por tanto, no fue una extradición ni una deportación”.

Lorent aseguró no siente que haya perdido cuatro años y que las cicatrices y la experiencia no se la va a quitar nadie. “Ahora estoy en Europa y es el mejor sitio para defender los derechos humanos en mi país”.

 

El destierro

El pasado 12 de octubre Saleh fue liberado bajo la figura de destierro, la cual no existe en la leyes de la República Bolivariana de Venezuela. De la declaración oficial se infiere que con su liberación habrían impedido que se suicidara.​ Con Lorent Saleh van dos presos políticos liberados y desterrados por orden de la Asamblea Nacional Constituyente. El primer caso fue el del dirigente de Voluntad Popular, Vilca Fernández, quien fue enviado a Perú.

 

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