#MonitordeVíctimas Joven de 23 años mató a su madre y hermanos para quedarse con un apartamento

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En la familia Padilla hay desconcierto y dolor. También dudas y trámites mortuorios. Tres miembros del grupo familiar fueron asesinados por otro integrante. La causa: el apartamento 306 del bloque 4, ubicado en el sector Manuel González Carvajal (conocido como Los Bloques Grandes) de Caucaguita, municipio Sucre, del estado Miranda. Herencia de la abuela fallecida.

Después de una semana del triple homicidio las víctimas fueron identificadas como Belkis Coromoto Padilla Meléndez, de 43 años de edad; Andy Alejandro Monteverde Padilla, de 10 años de edad; y Richard Eduardo Coronilla Padilla, de 11 meses de nacido.

Los presuntos responsables del crimen son Anthony Padilla, un joven de 23 años de edad que era el hijo de Belkis Padilla y hermano de las víctimas; y una adolescente de 17 años, embarazada con siete meses de gestación, pareja del muchacho.

La angustia

Madre e hijos pequeños desaparecieron el miércoles 5 de julio. Esa fue la fecha en la que los vecinos la vieron por última vez. Salió con los niños y bolsos en mano, y regresó pasadas las 10 de la noche.

El cuerpo del niño de 10 años fue encontrado el jueves 8 de julio por otros pequeños que jugaban en la cancha de multiusos que hay en la entrada del sector. Del barranco que usan los vecinos para botar escombros los funcionarios del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales Criminalísticas (Cicpc) sacaron el cadáver que tenía heridas de arma blanca. Había sido degollado.

La familia Padilla vio este hecho con consternación, al igual que los habitantes del sector. “Oye vale, quién le hizo eso a ese niño. No puede ser”, se dijeron los unos a los otros. Pese a que pudieron tomarle fotos al cuerpo, nadie lo asoció con Andy Alejandro, el hijo de Belkis Coromoto de 10 años, a quien no veían desde el miércoles.

Los días pasaron y la noticia de que ese cadáver era el de Leswi Omar Arriechi Ramírez, de ocho años de edad, desaparecido en El Cementerio el 2 de junio llegó a vecinos y familiares de Belkis Coromoto.

“Por eso no pensamos que fuera Andy Alejandro. Nos inquietamos porque no sabíamos nada de Belkis, pero como ella nos dijo que el padre de él le tenía un dinero y que quería llevárselo a Barlovento en vacaciones, pensamos que se había ido con él”, dijo la hermana de la mujer ultimada.

El lunes 11 de julio otro hallazgo cambió la rutina de la comunidad. De nuevo fueron los jugadores del campo deportivo quienes vieron el cadáver de una mujer, aparentemente morena. Tenía heridas por arma blanca y un alto grado de descomposición. “Estábamos jugando kikinbol y una pelota fue a parar al barranco. Cuando la buscaron, encontraron el cuerpo”, recordó una residente.

La familia Padilla empezó a angustiarse. “Ya estaba muy raro esto, Belkis no era una mujer de desaparecer así sin comunicarse con nadie”, aseveró uno de sus parientes.

Al día siguiente, el Cicpc localizó los restos del bebé. Esto los impulsó a reportar en la sede de la avenida Urdaneta del cuerpo detectivesco la desaparición de Belkis y sus dos hijos el miércoles 12 de julio.

El desconcierto

Mientras estuvo desaparecida Belkis Coromoto y sus dos hijos menores de edad, Anthony Padilla fue visto por la comunidad en su rutina.

“Él estaba con la pareja normal. Hasta parecía preocupado por su mamá. El jueves (9 de julio) vinieron los dos a comer sopa aquí y le dijimos a la muchacha que se tenía que cuidar, porque pronto iba a dar a luz y que eso es una bendición para la familia”, indicó uno de los familiares de la víctima.

Dos apartamentos más en el bloque 4 del sector Los Bloques Grandes de Caucagüita están ocupados por otros miembros de la familia Padilla. Ellos son fundadoras de ese conjunto residencial y hace cinco años murió la progenitora de la estirpe Padilla.

En herencia dejó el inmueble marcado como el 306 del piso 3. “Ellos siempre peleaban. Tenían una relación madre e hijo bastante complicada. Llegaban a la agresión verbal constantemente y en una oportunidad vi cómo él intentó golpear a Belkis”, manifestó el familiar que prefirió que no se mencionara su nombre.

El hombre señaló que Anthony era un joven retraído con sus familiares. “Lo único que vimos raro fueron unas marcas que tenía en le brazo, como arañazos. Le preguntamos el jueves que cómo se hizo eso y dijo que se habían quedado atrapados en una guarimba en Altamira y que su pareja se cayó. En el esfuerzo por ayudarla fue que se causó las lesiones”, recordó.

Los vecinos también conocían los conflictos familiares de Anthony.  Especificaron que era usual escuchar las discusiones entre madre e hijo, pero Anthony no sostuvo jamás una pelea con los vecinos. Su padre fue asesinado haces seis años en la misma zona, durante una fiesta de Santa Bárbara.

“Solía traer a sus amigos al edificio, pero desde que se encontró a su pareja ya no. Los muchachos se alejaron de él, pero desconocemos por qué”, dijo otra vecina del mismo bloque.

Ni ellos, ni sus parientes conocían detalles de quién era la jovencita. “Solo sabemos el nombre, pero no el apellido. Creo que escuchamos que era de Gramoven”, mencionaron los parientes que este 15 de julio estaban reunidos en uno de los inmuebles que pertenece a la familia. Agregaron que se conocieron por Facebook.

¿Cómo pudo matar a su madre y hermanos?, ¿cómo nadie escuchó nada?, ¿por qué lo hizo?. Esas son las preguntas que merodean los pensamientos de la familia Padilla.

Los trámites

Esta vez el personal del Servicio Nacional de Medicatura y Ciencias Forenses (Senamecf) se curó en salud.

A los padres de los niños y hermanos de Belkis les pidieron su colaboración para poder practicar la prueba genética forense y no cometer el error que casi hizo pasar por un duelo a Diana Carolina Ramírez de Arriechi y Edgard Antonio Arriechi Hernández.

A estos padres le iban a entregar un cuerpo de un niño que no era el suyo. “Estuve a dos horas de enterrar a un niño que no era mi hijo”, dijo Edgard Antonio el miércoles 12 de julio en la sede del Senamecf de Bello Monte.

Indicó que los forenses lo llamaron el viernes 7 de julio para notificar el hallazgo del cuerpo. Con una foto digital le aseveraron al padre del niño de ocho años desaparecido que ese cadáver descompuesto era el de su hijo. Édgard Antonio dijo que era el suyo porque tenía una cicatriz en la pierna derecha.

Gracias a la llamada de una trabajadora social del Instituto Autónomo Consejo Nacional de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes (Idenna) se pudo conocer el error. El hijo de Edgard Antonio estaba recluido en la sede que tienen en Los Chorros y al ver la noticia publicada en los medios, se dio cuenta de que había un error.

Ahora esta familia debe esperar 15 días para que el pequeño regrese a su casa, tiempo que tardan usualmente los resultados de las pruebas de ADN. También la familia Padilla espera ese trámite para poder enterrar a sus seres queridos.

 

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