¿Cómo se inició la devoción hacia la Divina Pastora?

DivinaPastora

 

Por una amable confusión ocurrió el milagro. Sí, la Virgen María llegó para quedarse al estado Lara en 1736, valiéndose del error del párroco de Santa Rosa, que ese año encargó la escultura en su advocación de la Inmaculada Concepción.

Pero a puertos venezolanos llegó otra: una de atuendo servil y modesto, de cabellos visibles y ensortijados (sin el manto que le suele cubrir la cabeza); coronados por un sombrero pastoril que bien parecía de los campos venezolanos. Con un niño en brazos, el pequeño Jesús, sorprendió a más de uno. No era la misma imagen que se pidió a España.

Al intentar devolverla, no hubo fuerza humana que soportara el peso. Ni la decenas de hombres que articularon para poder cargarla y devolverla por donde vino, pudo alzarla con sus brazos y hombros. No había, en definitiva, fuerza humana que pudiera con su grandeza. Parecía entonces que la curiosa imagen, aún desconocida por muchos, quería quedarse.

Se le conoció después como la Divina Pastora de Almas, cuyo origen viene del sueño de un sacerdote capuchino Fray Isidoro de Sevilla, que pidió entonces replicar en una pintura, a cargo del artista Alonso Miguel de Tovar, quien se dedicó a retratarla tal cual como el religioso la soñó, con un vestido de campesina y un rebaño de ovejas a su lado, que hacía honor a su nombre.

Poco después, ya para 1705, se esculpió la escultura de la Virgen que sería llevada en procesión por Andalucía, España, y su inverosímil peregrinaje en puerto seguro, el de Venezuela, rumbo al estado Lara, donde este año se conmemora su 160 visita por toda el estado, partiendo desde el templo de Santa Rosa (su casa) y en un peregrinaje en hombros, de 8 kilómetros que marca la ruta de fe de quienes deciden caminar con ella, no importa cómo: con zapatos deportivos, sandalias o hasta descalzos, para acompañar a quien decidió quedarse para siempre con ellos, como su Pastora de Almas.

Su procesión es la más grande de América, si se considera que la Virgen de Guadalupe en Ciudad de México congrega fieles pero no los moviliza. Cada 14 de enero se movilizan entonces más de 2,5 millones de personas que trazan su ruta mariana para caminar a la Virgen Guara.

PEREGRINA

Sobre el caliente suelo de la avenida Lara se deja ver gente de Valera, Caracas, Maracaibo, Mérida, Guatire, Maracay, San Felipe, y un sinfín de regiones muy bien representadas cuando la gente dice “¡presente!” hacia las tarimas desplegadas a lo largo de la procesión, donde se ameniza la marcha mariana y se les pregunta a cada uno de dónde vienen. Todos alzan la mano para hacerse ver, relata Eugenio Hernández, quien vivió así su primera procesión en el estado Lara, hace seis años. “Se me convirtió en una tradición personal, un acto de fe que se dio solo. No tengo nada que me ate a Barquisimeto. Amigos, sí, que los hice después de venir la primera vez que quise conocerla, caminarla. Lo que más me sorprendió es el civismo del barquisimetano para mantener una tradición tan pulcra, ajena de vicios”.

Nada es aburrido, agrega, “hasta gaitas le llegan del estado Zulia, donde tienen su propia advocación de Chiquinquirá”, comentó el joven de 27 años, quien pasaje en mano, viaja año tras año desde Caracas. Como él, cientos de miles de jóvenes se dejan seducir por la versión guara de la Virgen María. Si el cansancio apremia, no es de extrañar que se pueda ver cofradías familiares o religiosas que se dedican a repartir cualquier alimento que mitigue la fatiga del sol.

Mandarinas, cambures, arepas, agua y hasta almuerzos (arroz con pollo puede ser una opción) se reparten a manos llenas a los asistentes, como pagos de las promesas que elevan los fieles. Se entregan también estampitas con sus oraciones al reverso. Es parte de la dinámica de convivencia espiritual de la Divina Pastora.

FAMILIAS

No faltan tampoco las familias que planifican la noche en vigilia. Algunas se acuestan o se sientan en la plaza de Santa Rosa y comparten hasta el amanecer, esperando que la procesión avance, luego de la misa que se oficia a eso de las 9:00 o 10:00 am. Allá siempre están los Rodríguez, quienes se preparan con suéteres, para el frío, y franelas frescas para cuando salga el sol que calientan los ánimos del rebaño de la Divina Pastora. No faltan las gorras, el agua y el protector solar.
“Nos despertamos tempranito. Hay gente que se viene desde la medianoche. Nosotros, en particular, venimos como a las 5:00 y eso está full de gente”, comenta Marianella Rodríguez, quien cada año se hace acompañar entre tíos y primos.

Le sigue después, al caer la tarde, una comida familiar a mesa llena, que confirman los valores de la Sagrada Familia de Jesús, José y María. Los que no creen también van, cuenta Álvaro Márquez, cuya hermana mayor es la única que dice no creer en la Divina Pastora, pero por alguna razón va pese a ser atea.

Nadie se lo cuestiona por respeto, dice. “Ella es de Barquisimeto pero vive en Caracas. En casa no le cuestionamos sus formas, pero tiene una forma muy particular de ser atea o agnóstica. Todavía no me queda claro lo que es, pero las veces que se suma a la procesión siempre tiene se emociona al ver la imagen”. Se excusa, comenta Álvaro, en que por tratarse de una celebración más que religiosa, cultural, se contagia de la “buena vibra” que se vive en Barquisimeto cada 14 de enero.

“Sin embargo, creo que es una manera propia de vivir su espiritualidad, porque la fe es algo inmaterial, que no se mide, no pesa, no se toca y quizás sea todo eso mucha información para alguien que quiera tener respuesta de todo, pero la fe no se explica. Quizás por eso ella viene y se sienta atraída por la Virgen, aunque niegue o dude de la existencia de Dios”.

 

 

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