Protestas 2017 | Tony Canelón, la víctima que relató su propia tortura

El joven, el primero que murió en manos de los guardias nacionales durante las movilizaciones de 2017, cayó el 13 de abril del año pasado en Lara, el estado donde estos efectivos cometieron la mayor cantidad de asesinatos: 10 en total. Los victimarios, a pesar de haber sido solicitados por las autoridades, fueron trasladados a otras zonas y gozan de libertad plena

 Karina Peraza Rodríguez

@KaryPerazaR

“Muchos dicen se cumple un año, para mí es como si hubiera sido ayer. Es difícil mantener una sonrisa, aunque en ocasiones me desmorono, pero aún no acepto que Gruse está muerto”, comenta Ana Canelón, hermana del estudiante y comerciante Gruseny Antonio Canelón Scirpatempo, de 32 años de edad, conocido también como Tony o Gruse, a quien  funcionarios de la Guardia Nacional le dispararon a quemarropa el 11 de abril de 2017 en medio de una manifestación en contra del gobierno que se registraba en el Distribuidor Bellas Artes en Cabudare, municipio Palavecino del estado Lara.

El joven, que fue torturado y estuvo dos días hospitalizado, murió el 13 de abril a las 3:00 am. Fue el tercer caído en Lara en el contexto de las protestas contra Nicolás Maduro del año pasado, aunque los disparos de perdigón que lo mataron los recibió el mismo día que las otras víctimas: Miguel Ángel Colmenárez y Brayan Principal. Por su muerte se libraron 14 órdenes de captura en contra de funcionarios de la GNB, quienes hoy en día siguen libres.

Tony fue además la primera víctima de los guardias nacionales durante las movilizaciones de 2017 y cayó justamente en el estado donde estos efectivos dejaron más víctimas fatales: 10 en total, de acuerdo con cifras recabadas por Runrun.es. En Miranda, 8 personas murieron en manos de los militares, mientras que otros cuatro lo hicieron tanto en Carabobo como en Táchira. En los cuatro meses de manifestaciones, los uniformados de ese cuerpo mataron al menos a 30 personas y, de estas, solo cinco superaban los 35 años de edad.

Ana está sentada junto a su prima Yicsney Rodríguez, a quien Tony solía presentar como su “hermanita menor” porque se crió con ellos. Ambas se encuentran de visita en el apartamento de Ana Cristina Herrera, la mujer que su hermano amó. No la ven como la cuñada, sino como una miembro de la familia.

Ana Cristina es la primera en hablar. Dice que en estos 365 días posteriores al asesinato de Tony, sus sentimientos han sido una montaña rusa. “Obviamente ya se vive de una forma diferente, sientes una ausencia, es algo que se va a llevar siempre”, afirma justo cuando rompe en llanto. El dolor no la deja hablar.

Ana Cristina y Tony tenían dos años de relación cuando a él lo mataron. Ella supo que su novio había sido muy activo en las protestas de 2014 y estaba consciente de que él quería un cambio para su país y estaba dispuesto a luchar por ello. En varias de las primeras manifestaciones de 2017 en Lara, Tony había participado. Sin embargo, a ella jamás le pasó por la cabeza que lo perdería en esa circunstancia.

“Me encantaría saber que esas personas están pagando, pero nada me lo va a devolver. Yo creo que se logró algo en Venezuela a raíz de tantas muertes, porque no fue él solo, fueron 130. Nunca vamos a decir que valió la pena, pero por lo menos decir que sirvió de algo, que tengan su reconocimiento, porque no todo el mundo tiene las agallas, incluyéndome”, sentencia Ana Cristina.

Entre la familia hay varios sentimientos encontrados en cuanto a lo que le pasó a Tony. Su hermano Alan está totalmente cerrado, busca  esconder lo que siente y no habla de lo sucedido. Sus parientes, aunque preocupados por su actitud, saben que es su forma de llevar el duelo.

Yicsney, la “hermanita menor”, lo percibe de otra manera. Ella desde 2014 también ha estado en las calles para exigir la Venezuela libre en la que quiere seguir viviendo. Siente rabia porque después de tantas muertes observa que todo sigue igual.  “Es complicado ver cómo la vida de tantos jóvenes vale solo un bono o una caja del CLAP”, dice.

En un momento de la entrevista, la joven lee en su teléfono un viejo escrito en el que explica cómo le cambió la vida al perder a Tony.

“Podría describir muchos cambios después de su partida en este primer año: como el vacío que dejó en nuestros corazones, (saber) que en las fechas decembrinas ya no estará presente, tratar cada día de entender por qué (se fue) de esta manera, preguntarme dónde está la justicia de mi país, buscar cada día explicaciones a la indiferencia de los venezolanos ante esta situación y ante lo que ha sucedido desde 2014, aprender a controlar cada sentimiento de dolor y de rabia. Desde el 13 de abril de 2017, simplemente nuestra vida dio un cambio de 180 grados, y no solamente para la familia de Gruseny Canelón (Tony), sino también para cada familiar de los jóvenes caídos… Es un pedazo de ti que se va con ellos, quedando una familia disfuncional, sueños que no se cumplieron, abrazos que no se dieron y miles de te amo que faltaron por decir”, lee.

Yicsney también reflexiona sobre cómo aún están en libertad los autores del crimen de Tony. Tiene esperanza de que aún se puede hacer justicia. Sabe que son crímenes de lesa humanidad y que no prescriben.

“Espero que cada responsable de cada una de esas muertes, de la muerte de Gruse, no estén libres. Espero que los representantes de la justicia de este país actúen conforme a los principios y valores. Espero un gobierno capaz de aceptar que está fallando; que su ideología sólo está llevando al pueblo venezolano a un abismo, espero que termine la violación de los Derechos Humanos. Solo espero la Venezuela libre por la cual lucharon esos jóvenes… Aunque vale acotar que nada de eso nos los devolverá, pero aliviará un poco el sentimiento de frustración de cada uno de nosotros”, sentencia.

Represión y tortura

Aquel 11 de abril, Tony debía irse para Carora junto a Ana Cristina, quien estaba en casa de su familia. Tenían previsto reunirse para la Semana Santa, pero Cabudare y Barquisimeto estaban colapsados por las manifestaciones. “Todo está trancado. Es bueno, por la lucha, pero tengo muchas cosas que hacer”, decía al otro lado de la bocina Tony, al tiempo que su novia le pedía que se quedara tranquilo y le recomendaba que al día siguiente emprendiera el viaje.

A las 6:00 pm, Tony tomó una foto de su rostro y se la envió a su novia con un “te amo”. Desde ese momento, el joven se instaló con un grupo de vecinos a las afueras de la urbanización Tarabana Plaza. Allí miraba a los manifestantes cuando repentinamente llegó un grupo de la Guardia Nacional que comenzó arremeter contra los presentes. Algo observó que lo hizo correr hacia el distribuidor. Dicen que su gran corazón y ganas de ayudar lo empujaron, porque en ese instante estaban deteniendo a una persona que se estaba herida. Tony quiso salvarla, pero al llegar se topó con un hombre que portaba un uniforme verde.

En el ambiente lo que se respiraba era el olor a bombas lacrimógenas, se escuchaban gritos y detonaciones, los guardias nacionales arremetían sin piedad. Tony estaba en el piso y el militar con quien se había encontrado agarró su arma, lo apuntó y a menos de un metro de distancia le disparó en uno de los costados.

Tony se quejaba. Desde allí, él y varios manifestantes fueron llevados hasta la parte de abajo del Distribuidor Bellas Artes. Los comenzaron a golpear, pero en ese momento llegó un funcionario de la Guardia Nacional herido y fue cuando el camión decidió arrancar para auxiliar al uniformado, no sin antes llevarse a varios detenidos. Al menos seis personas en calidad de arrestados iban en el camión y en el trayecto eran golpeados.

Tony pudo sacar su teléfono celular y le envió una nota de voz a un amigo. “Me llevan preso al Hospital Militar, voy disparado, voy herido. Ayúdame por favor”, dijo en el mensaje. Pero nunca llegó al centro asistencial. Se lo llevaron hasta el Destacamento 121 de la GNB, ubicado en la avenida Morán de Barquisimeto.

En el lugar, bajaron a los detenidos y el camión arrancó con el castrense herido. A los manifestantes los arrodillaron, comenzaron a patearlos y golpearlos con los cascos. Tony les decía que estaba herido que lo llevaran a un centro asistencial, pero los uniformados no le prestaron atención a sus súplicas. Quienes fueron arrestados ese día, relataron que hubo un momento en que lo separaron del grupo y se escuchó una segunda detonación. Cuarenta minutos después, lo trasladaron al Hospital Central Antonio María Pineda. A las 8:40 pm, Tony fue recibido en el área de emergencias del centro de salud, con dos impactos de proyectiles en los costados, disparados muy de cerca.

Tony llegó hablando a pesar de la cantidad de sangre que había perdido y de inmediato dio el número de su novia para que le comunicaran dónde estaba. A Jesús Guarecuco, quien para aquel momento era el presidente de la Sociedad de Médicos Internos y Residentes (Somir), le aseguró que los guardias nacionales le habían disparado y relató ante él y un representante del Ministerio Público algunas de las torturas de las que fue víctima.

La hermana de Tony, Ana, fue la única que pudo hablar con él antes que fuera operado. Le dijo que estaba bien, que iba a salir de eso, le confirmó que sus victimarios habían sido funcionarios. Pero al ingresar a pabellón, entró en shock.

Ana, quien es abogada, tuvo acceso al expediente de su hermano. Hoy, explica que cuando leyó todas las entrevistas de las personas que estuvieron detenidas con él, entendió porque Tony estaba tan mal. No sabe cómo soportó tanto.

La hermana de Tony sostiene un retrato suyo

Guarecuco, el médico tratante, explicó en aquellos días que la persona que le disparó a Tony estuvo a menos de un metro de distancia porque su herida era grande y profunda, con un diámetro de entre seis y siete centímetros. El disparo le causó una lesión hepática grado 4 y otra en el colon con múltiples heridas, por lo que tuvieron que quitarle la mitad del órgano; también sufrió daños en riñón, diafragma y pulmón izquierdo. Recibió muchas transfusiones porque perdió mucha sangre. A pesar de que tenía todo lo que necesitaban, porque sobraron donantes y medicamentos que sus amigos llevaron, los médicos no pudieron hacer nada por el muchacho.

Justicia paralizada

Una vez se conoció de la muerte de Tony, el caso que había sido iniciado como una lesión por el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) de la Subdelegación San Juan, fue tomado desde cero por efectivos del Eje de Homicidios del Cicpc Lara, dirigidos por Carlos Muñoz, Fiscal 21 con competencia en Derechos Fundamentales del Ministerio Público.

Por este crimen entró en el caso la Unidad Criminalísticas Contra la Vulneración de Derechos Fundamentales del MP de Lara, que practicó la autopsia a la víctima y evidenció que tenía dos heridas producidas por un arma de fuego, ambas de gran proporción. Alrededor de estas había pólvora deflagrada no combustionada, formando lo que se conoce como tatuaje.

Al abrir el cuerpo, los forenses se encontraron con municiones de dos armas distintas. En una usaron un cartucho de polietileno cuyo tapón fue encontrado en su interior. En la otra fueron esferas cilíndricas más grandes, también de goma, todas colectadas como evidencia. Así mismo observaron lesiones en las rodillas, espaldas, golpes en el cuerpo y el rostro.

El segundo paso fue hacer la reconstrucción de los hechos en el sitio del suceso, donde colectaron cartuchos y algunos elementos. Se hizo el “barrido” a dos camiones de orden público de la GNB donde llevaron a Tony y donde se presume que lo montaron la primera vez. En ambos encontraron indicios de que allí estuvo. Tras varias entrevistas se logró identificar a los guardias que habían actuado contra Tony, a los autores de su tortura. Sin embargo, no se pudo señalar quienes habían disparado.

La orden de captura fue emitida por Carlos Torrealba Gamarra, Juez de Control 7, el 18 de abril del 2017, bajo el número de oficio 4071 y llegó a manos del Fiscal 21 el miércoles 19 de abril a las 6:55 pm, cuando la firmó como recibida. La foto del documento fue divulgado por Twitter por el abogado Pedro Troconis, quien era coordinador del Foro Penal capítulo Lara para aquel entonces.

Tarek William Saab, defensor del Pueblo en esos días y hoy fiscal general de la República designado por la asamblea nacional constituyente, ratificó la información y también a través de su cuenta en Twitter solicitó a las autoridades que los funcionarios fueran puestos a orden del juez de forma inmediata.

Los militares fueron identificados como: Lucindo José Parra Mendoza, José Ángel Rodríguez Pérez, Jorge Luis Chirinos Perozo, Carlos Enrique Urbaneja Villamizar y Orangel David Morán Sánchez, estos cinco con el rango de Sargento Primero; los Sargentos Segundos Alí Froilan Meléndez Muñoz, Yomar Alexis Pérez Camacaro, Wilmer Alberto Arriechi López, Jackson James García García, Edixon Antonio Silva Almao y Marcos Gabriel Sánchez Peroza; el Sargento Tercero Pastor José Oviedo Mariño; Yanin Alejandro Vera Rodríguez, quien es  Sargento Mayor de Tercera y el Capitán Wilfredo Ramón Pirela, funcionario de mayor rango y quien aparentemente estaba al mando de la comisión

Los mismos fueron llamados por el Comando de Zona 12 de la GNB Lara. Se creyó que los entregarían, pues en poder del MP estaban todas las evidencias que los incriminaban de forma directa con el crimen de Tony. Desde el Cicpc estaban atentos para la aprehensión, pero nunca se dio. Ese mismo día se conoció, a través de sus compañeros, que los 14 uniformados fueron enviados en un avión a Caracas al comando General de la GNB. Allí estuvieron un tiempo y hasta salieron a reprimir protestas en Caracas. Hoy gozan de plena libertad.

14 guardias nacionales están solicitados por el asesinato de Tony Canelón

Sus nombres no aparecen en sistema aunque poseen una orden de captura. El Ministerio Público, en manos de Saab, ahora calla. El fiscal que llevaba el caso renunció, aunque estaba en la lista de los destituidos cuando llegó la gerencia nueva y desde los tribunales se hacen de la vista gorda. El juez que lleva el caso ni habla del tema.  

Lo que sucede con el caso de Tony también ha pasado con otras dos víctimas de la GNB en Lara: Manuel Sosa, asesinado en la urbanización Valle Hondo de Cabudare, y Eyker Daniel Rojas, muerto en la calle 61 de Barquisimeto. Los efectivos responsables fueron solicitados, pero el comando larense jamás informó sobre su paradero.

La impunidad ha arropado la mayoría de los homicidios cometidos por los guardias nacionales en las protestas. De los 30 procesos judiciales abiertos, solo dos tienen a funcionarios tras las rejas: el de Fabián Urbina, ocurrido en el Distribuidor Altamira de Caracas, cuyos victimarios esperan por la audiencia preliminar; y el de Manuel Castellanos, acaecido en Tucapé, estado Táchira, quienes habían sido imputados el año pasado.

Conexión espiritual

Ana Cristina y Yicsney, novia y prima de Tony

A pesar de lo traumático y repentina que fue la muerte de Tony, sus familiares creen que está bien.

Ana Canelón cuenta que han ido a un/a médium para saber de él y lo han observado feliz y en paz, aunque les contaron que al principio les costó conseguirlo. Tan solo ha pedido que no lo lloren mucho y hasta ha reprochado que lo enterraran descalzo. Dicen que se reencontró con su padre, quien también murió de forma trágica tras ser asesinado al resistirse al robo.

Ana Cristina asegura que lo ha soñado. Le ha preguntado si lo volverá a ver y hasta ha sentido abrazos tan reales que para ella ha estado allí con ella. En la búsqueda de explicaciones, llegó a leer al menos 15 libros sobre las conexiones después de la muerte y en estas ha encontrado reconfortarse con mensajes que, ella dice, han sido enviados por él. Todos han aprendido a ser más unidos como familia y Ana, su hermana, se ha permitido vivir más la vida como lo hacía Tony, aunque el dolor siga intacto.

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