Poder y dinero: 12 años por Juan Carlos Zapata

1-La red. Escándalo tras escándalo, la relación dinero-política se ha ido decantando. Se transparenta el sentido de quién protegía a quién, quién anda con quién, quién le sigue siendo fiel a quién,  y de quién es qué y cuánto.

En la arremetida  que originó la caída de los boliburgueses y los seudo banqueros, 2009-2010, quedaron al descubierto algunos nexos. Con la caída del Grupo Makled en Carabobo, se confirmaron otros y aparecieron nuevos nombres. En la desaparición del Grupo Banvalor, más figuras, más respaldos. Con la investigación adelantada por la SEC de los Estados Unidos en torno a Francisco Illaramendi, lo que era sospecha, brotó a la luz pública. Antes, en el derrumbe de Carlos Kaufman y Franklin Durán, muchos nombres quedaron en evidencia. Con la salida de los bolioperadores del país, más de una ficha de bolifuncionarios ha quedado a la vista.

Se repiten nombres en la red. Ministros. Altos funcionarios. Gobernadores. Jerarcas militares. Parlamentarios. Algunos, con menos apoyo dentro del gobierno, ya salieron del poder. Otros se sostienen y hasta se dan el tupé de contratar asesores de imagen para contrarrestar el impacto de un escándalo en desarrollo.

2-El esquema. Lo original dentro de la revolución chavista no es que  la alta dirigencia tenga acceso al tesoro nacional y que por la falta de experiencia en manejos millonarios de los recursos busca, se amiga con elementos y aliados circunstanciales en el círculo empresarial, o con boliempresarios y seudo banqueros, o con  los bolioperadores y traficantes de dinero, identificados unas veces como enemigos del régimen y, en otras,  simples paraguas de las relaciones intrachavistas.

Lo original es que la ecuación luce invertida en muchos de los casos. En el pasado, eran los traficantes de dinero, comisionistas, contratistas, seudo empresarios y hasta empresarios y banqueros, los que tejían la red cómplice hacia el funcionario o el dirigente político con acceso al poder.

Hoy es el alto jerarca militar, el alto funcionario, ese dirigente político, aquel gobernador, este ministro, el que busca y solicita, e introduce al boliempresario, al operador, al corredor, al trader, al seudo banquero. Y a base de comisiones que superan los niveles del pasado, a base de operaciones nunca vistas, los jerarcas del poder lograron arrastrarse simpatías y reconocimiento en esos círculos tan especiales.

-Es un estadista –decía el presidente de uno de los bancos intervenidos más tarde, refiriéndose a un bolifuncionario de vara alta y acceso a los grades recursos nacionales. Pero ese bolifuncionario se ganaba la nominación porque auxiliaba al banco con los dineros públicos. Tampoco es que era gratis. La comisión era millonaria en dólares.

A pedido del jerarca, el especialista ejecuta el milagro de cómo importar alimentos con sobreprecio dejando las divisas en el exterior; o diseña un nuevo instrumento financiero; o coloca el vehículo para intermediar sin dejar la estela en el mar. O algo muy sencillo: después del visto bueno para manejar los fondos de una gran empresa, viene todo lo demás.  La compra de bancos y aseguradoras a precios fuera de toda lógica de mercado, llegó a entenderse por la necesidad que había del vehículo para seguir intermediando sin rastros.

3-La evolución. El aprendizaje ha sido veloz. En la primera etapa de la revolución, 1999-2000, los más jóvenes de la dirigencia militar y civil, se “mostraban puros”, intransigentes ante la corrupción, y de allí que los espantara el hecho de convivir en el poder con figuras del pasado, quienes llegaban con un mundo de relaciones establecidas en los negocios.

Siguiendo el cronograma del poder, 2000-2002-2003, pasando por los hechos de abril y el paro petrolero empresarial que estuvieron a punto de reorientar la historia, los síntomas de la corrupción se hacen más evidentes, apareciendo las figuras clave de los negociados.

En este sentido, abril de 2002 es puntual. Uno de los grandes operadores de dinero lo decía con cierta ironía, sin que deje de ser aguda la observación.

-Cuando salieron del poder y se vieron huyendo, refugiándose en apartamentos de amigos, en casas de amigos, en humildes ranchos de simpatizantes de la causa, y sintiéndose además limpios, sin dinero, ahí, sin que nadie se los dijera, se lamentaron haber confiado en que el poder era para siempre. Como corrieron con la suerte de retomar el poder, se prometieron no desaprovechar la oportunidad que una vez más se les abría. Pero se les pasó la mano. Le cogieron tanto gusto al dinero que no han parado. La excusa es que el dinero es para el partido y la revolución. Todos lo saben. Y lo que comenzó como un seguro de vida se convirtió en un gran negocio y como todo negocio, ofrece sus complicaciones: la competencia, la lucha por los espacios, para acumular más, para tener más.

Aquella es una verdad parcial. Porque la corrupción ya iba montada en la caravana del triunfo chavista de 1998. De hecho, subiendo Chávez al gobierno y aflorando los primeros señalamientos hacia la jerarquía militar. Los Grúber Odremán, los Cruz Weffer, y los Gruszka, los Fariñas.

Después de abril de 2002 sí hay un aspecto que resalta. Los hechos evidentes de corrupción que comprometen a la alta estructura ministerial, son ejecutados con prisa y alevosía, creyendo que el gobierno otra vez se caía. En el apuro se cometieron errores. Entraron en negocios en los que nunca debieron estar, ni siquiera escuchar. Ejemplo: la compra del edificio del Citibank por parte del Ministerio de Finanzas.

4-Los nuevos. Más tarde, en el 2003, en el paro petrolero y empresarial, lo que va a ocurrir es una especie de deslave en las relaciones de los empresarios con el poder gubernamental, y en consecuencia, las figuras que hicieron más por sacar al gobierno del atolladero de la huelga, formarán la primera línea de los privilegiados, desplazando a quienes por años habían sido los beneficiarios del Estado.

Armando León, director del Banco Central de Venezuela, analizaba lo ocurrido con estas palabras:

-Aquí ha habido un gran ajuste. Sí, un ajuste gigantesco. Pero lo interesante es que normalmente los ajustes son inducidos por políticas y posiciones gubernamentales. En esta oportunidad lo que se vivió fue un ajuste esquizofrénico y loco de un sector que se fue por un barranco. El sector privado produjo un ajuste de naturaleza inédita en América Latina. Lo interesante de esto es que el costo político del ajuste que siempre los asumen los gobiernos, terminó asumiéndolo el sector privado, además de una manera muy bondadosa.

No sólo resulta un ajuste desde el punto de vista del impacto macroeconómico por el paro de dos meses, sino un ajuste en las relaciones de poder por el costo político, como decía León,  asumido de manera exclusiva por el sector privado.

En el nuevo escenario del ajuste, aparece la boliburguesía: los nuevos empresarios con operaciones, contratos y negocios milmillonarios con el gobierno de Chávez. Se consolidan los operadores, los traficantes de dinero. Y se despeja la ruta de las relaciones del dinero con los actores de la revolución, o sea, los jefes de las tribus.

5-Dinero y poder. El paro le brinda a la dirigencia gubernamental, incluyendo a Chávez, la evidencia de que dinero, política y poder constituyen un mismo entramado, y la excusa de que el régimen chavista, para sostenerse, está obligado a contar con un entramado de boliburgueses, sean banqueros, industriales, operadores del dinero.

Después, confirmado el poder, Chávez acabará con los aliados, mandándolos al calabozo, marginándolos, o al exilio. Pasaron de necesarios a estorbos políticos. A riesgo político.

Pero ya estaba demostrado que para sostenerse en el poder, no bastaban el carisma y el verbo del Presidente, sino el uso de la maquinaria y todas las herramientas del Estado, incluidos el dinero, los petrodólares, los negocios, la corrupción.

De hecho, al momento de decretar, mayo de 2009, el pase de las empresas de servicios petroleros a manos del Estado, Chávez revela que no lo había hecho antes porque estaba obligado a  ir por etapas. En la etapa del paro estuvo a la defensiva mientras en 2009, admitía, pasaba a la ofensiva. Y esa ofensiva no ha parado. La corrupción tampoco.

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