En el 23 de enero la fiesta es afuera

En el 23 de enero la fiesta es afuera

Afuera, en la calle con vista de Sierra Maestra, en la parroquia 23 de Enero, los vecinos conversan, se cuentan chistes, juegan cartas, apuestan y le sonríen a esa muchacha esbelta y coqueta que pasa sin apuro. Adentro, en la Unidad Educativa Bolivariana Luz María Acosta, un joven uniformado del Plan República descansa aburrido en un banco de pupitre, mientras la coordinadora del centro de votación recibe, por fin, a otro de los que se asoma para votar. Es uno de los dos mil y tanto electores inscritos allí que llega a las tres de la tarde. A esa hora, asegura la coordinadora, ha votado como un 40% de los que pueden sufragar en ese centro. Pero en la calle, lo que se comenta -bajito, para que nadie escuche- es que los que votaron realmente fueron bastante menos. Calculan que al ojo, quizás haya ido un 20% como mucho.
Que casi nadie salió a votar, y los que salieron, no lo hicieron por Nicolás Maduro, sino por uno de “los otros”: Falcón o Bertucci.
“Yo no he votado”, dice -bajito, para que no lo escuchen- uno de los vecinos del bloque 52. “Ni voy a hacerlo -remata-. Conozco a varios chavistas como yo que votaron en contra porque no se la calan más. La gente ya no aguanta tanta humillación. Estamos muy arrechos. Que no crean que porque tenemos carnet de la patria tienen un voto asegurado”.
A pocos metros del centro educativo, quizás a 50 o 100 metros, está el toldo del Punto Rojo. En la mesa de plástico, dos señoras y un hombre de mediana edad, conversan y revisan sus anotaciones en unos cuadernos donde llevan un listado, escrito a mano, de los que pasaron por allí con sus carnets de la patria. “Aquí anotamos a quienes necesitan medicinas y ayudas de cualquier tipo”, justifica una de las vecinas. “No discriminamos. El que no esté con nosotros también puede tener el beneficio”, continúa. Luego se distrae y llama a una chica que camina desprevenida: “Mira, ¿y tú no has ido a votar? Anda, anda, apúrate, y luego pasas por aquí para darte tu ticket”. Y la chica asiente, saluda con la mano, y sigue su camino, al ritmo de la salsa brava que suena afuera.

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