Alertan que cuerpos policiales disparan primero y averiguan después

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En la semana que culminó, funcionarios policiales cometieron dos errores que terminaron con el asesinato de víctimas inocentes. El primer “traspié” ocurrió durante un operativo realizado el viernes en la plaza Madariaga de El Paraíso, en el municipio Libertador; el segundo, en un supuesto enfrentamiento con oficiales del FAES de la Policía Nacional el miércoles, en el sector Las Cumbres, Ciudad Tablitas, Antímano.

El ingeniero eléctrico Alfredo Johan Parucho Cárdenas, de 32 años, nunca imaginó que trasladarse desde Quebrada Seca, sector 3 de Guarenas, en el municipio Zamora —de donde es oriundo— hasta el sector caraqueño de El Paraíso, en el municipio Libertador para comprar unos cauchos “porque en Guarenas son más caros”, según relató su esposa, le iba a costar la vida.

Parucho Cárdenas, quien laboraba como ingeniero supervisor en la sede de Corpoelec de Guarenas, llegó al mediodía a El Paraíso y se instaló en una cauchera, pero en el sitio donde se estacionó no había los neumáticos que su vehículo necesitaba, por lo que uno de los trabajadores de la empresa, identificado como Jonathan José Guánchez González, le dijo al hombre que le haría el favor de acompañarlo a otro establecimiento para comprarlos y luego montarlos.

Cuando Parucho y Guánchez González iban caminando por la altura de la plaza Madariaga, se encontraron con un operativo organizado por funcionarios adscritos a la División Contra Bandas del Cuerpo de Investigaciones Penales y Criminalísticas (Cicpc). Los efectivos reconocieron a Guánchez, le obligaron a arrodillarse y le dispararon en el sitio.

El susto invadió el cuerpo de Parucho Cárdenas, lo que hizo que corriera de forma automática, pero los efectivos frenaron su paso de un disparo en la espalda. Ya herido, prosiguieron a quitarle la vida dándole un tiro en el pecho, lo que hizo que muriera en el lugar. Sus familiares dieron más detalles: “Al ver que habían matado a un inocente, procedieron a armar una escena y luego dijeron que había caído en un enfrentamiento. Lo trasladaron al Pérez Carreño y lo calificaron como no identificado, cuando en su billetera tenía todos sus papeles, hasta el carnet de Corpoelec”.

El ingeniero de la central hidroeléctrica dejó huérfano a un infante de 11 años y un puesto en la delegación de Guarenas que había ocupado por casi diez años. La esposa de la víctima, con frustración, declaró: “No he colocado ni colocaré la denuncia porque la justicia en el país no existe. A mi esposo, quien no era ningún delincuente, lo asesinaron unos funcionarios. ¿A dónde hemos llegado? Solo me queda la resignación, porque a mi esposo nadie me lo va a regresar. Simplemente le dejo todo a Dios”.

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