#MonitorDeVíctimas | Líder de una banda apuñaló y sepultó a su hijastro detrás de su vivienda

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Foto: El Nacional

Daniel Mendoza es el responsable del crimen del pequeño David Jivan Mendoza, de 2 años de edad. Es líder de la banda La Palomera, dedicada al secuestro y extorsión que opera en varias zonas de la parroquia. Hace tres meses había salido de la cárcel de Yare II, donde estuvo recluido por tres años por los delitos de plagio robo y extorsión

 Natalia Matamoros

@nmatamoros

 La mañana del miércoles 06 de septiembre se respiraba dolor y tristeza entre los habitantes de las Terrazas 30 de Caricuao, una zona rural, enclavada en el barrio Los Cotorros, donde sus lugareños se dedican a la siembra. Ese día no se levantaron para regar los cultivos, sino para llorar la muerte de un niño de 2 años, que había sido localizado sepultado en el patio de una vivienda. Cuando las comisiones del Cicpc desenterraron su cadáver, algunos rompieron en llanto y exclamaban “Dios solo era un niño, un inocente”, mientras que otros no podían disimular las expresiones de horror por el hallazgo, se tapaban las caras, asombrados. No podían creer que en una comunidad tranquila de pequeños productores agrícolas ocurriera un crimen tan dantesco.

El pequeño David Jivan Mendoza no vivía en esa comunidad, sino en el barrio Chapellín de La Florida con su madre, Iráida Mendoza en casa de unas primas que la habían albergado para ayudarla porque no tenía empleo. La mujer de 19 años conoció hace un mes a Daniel Mendoza, habitante del barrio Los Cotorros e inició una relación sentimental. Todos los fines de semana él la invitaba a su casa, donde operaba los fines de semana un centro de apuestas y remate de caballos. También vendía licor. El sábado la mujer con su hijo asistió a la comunidad para compartir con la familia de su pareja. El domingo se levantó después de las 10:00 am a prepararle el desayuno al niño que se encontraba jugando con la perra en el patio de la vivienda.

Cuando lo llamó para decirle que la comida estaba servida el pequeño no contestó. Salió al patio y no estaba. Lo buscó en las habitaciones de la casa y no tampoco lo halló. En un principio pensó que se había ido con otros niños de la zona a jugar. Las horas pasaron y el niño no aparecía. No fue sino hasta las 7:00pm del domingo, cuando se comunicó con las primas que viven con ella en el barrio Chapellín. Ellas tienen contactos con funcionarios del Cicpc y de inmediato se comunicaron con ellos para notificarles la desaparición del menor. El día lunes 04 de septiembre los vecinos se activaron a pegar afiches en el barrio con el rostro del pequeño. “Nunca vi al pequeño correteando por la barriada. A la madre si la vi un par de veces”, dijo una vecina.

 Pran de una banda

Los pesquisas llamaron a declarar a los allegados de la víctima. A la madre del pequeño la dejaron detenida por averiguaciones, mientras que el padrastro, Daniel Mendoza quien también había sido citado no acudió y su actitud evasiva levantó sospechas. Luego él se comunicó vía telefónica con los investigadores para confesarles que había asesinado y posteriormente había enterrado al pequeño en un terreno, ubicado en la parte posterior del inmueble, donde solía jugar con la perra. Hasta ese sector se dirigieron las comisiones de la División Contra Homicidios. El pequeño fue apuñalado y lo introdujo en una bolsa plástica. Horas más tarde el responsable fue capturado.

“Ese hombre nunca me dio buena espina”, comenta una allegada de la madre del niño. “Un día lo llevó a la casa y tenía mal aspecto. Era de poco hablar y cada vez que el niño se le acercaba para que le hiciera cariño, él lo rechazaba. Él tenía planes de llevársela a Panamá sin el pequeño”, dice.  Esto fue ratificado por el director del Cicpc, Douglas Rico, quien aseguró que la madre y el padrastro de David decidieron asesinarlo para irse al país centroamericano, sin que tuvieran que pedirle una autorización al padre biológico del infante para llevárselo del país. El agresor había viajado a Panamá, donde había cometido varios delitos. No descartó que la madre, Iráida Mendoza, presenció el crimen.

Una vecina de Caricuao, quien prefirió mantener su nombre en reserva, agrega que el homicida estuvo hasta hace tres meses recluido en el Internado Judicial de Yare II por los delitos de secuestro, robo y extorsión y que actualmente era líder de la banda La Palomera que mantiene azotada las barriadas de la parroquia. “La noche anterior a la desaparición del niño, su madre y Daniel habían tomado. Ella se levantó tarde para atender al pequeño. No dudo que ese hombre actuó bajo los efectos del alcohol y de otras sustancias. Nunca lo vi trabajando, se la pasaba en la calle con malas juntas”, refiere la lugareña.

 Otras víctimas

Hace dos semanas también un niño fue víctima de la violencia familiar. Se trata de William López. Su padre lo ultrajó y posteriormente lo asesinó a golpes dentro de su vivienda en el sector El Tamarindo de El Valle. El padre, William Gabriel López, intentó suicidarse ingiriendo veneno de ratas, tras cometer el crimen. Fue detenido por los cuerpos de seguridad.

En julio fue asesinado en el sector Negro Primero de Caucaguita, fue apuñalado, quemado y arrojado a una zona boscosa. El autor del hecho fue su hermano, quien también mató a su madre. Seis meses antes, el 3 de enero, el cadáver de una pequeña de nombre Yara Solórzano, de 10 años fue localizado con signos de tortura y dentro de una bolsa plástica por unos vecinos de la zona VI del barrio José Félix Ribas de Petare. Pese a que los padres de la menor protagonizaron manifestaciones frente a la estación Palo Verde del Metro de Caracas para exigir celeridad en el proceso de investigación. El crimen continúa impune.

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