El humo blanco hizo que nadie pusiera un pie en la Cota Mil

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Foto Abraham Moncada @Monkda92

@franzambranor

La orden que tenía la Policía Nacional Bolivariana ayer era reprimir de una, nadie puso un pie la Cota Mil, la marcha de la oposición que partió desde la Francisco de Miranda a la altura de La Castellana subió por la avenida Eugenio Mendoza hasta llegar a la entrada de la avenida Boyacá, donde un contingente de funcionarios dispararon bombas inmediatamente para dispersar al gentío.

Ni los diputados, que supuestamente iban a ir al frente, pudieron arribar a la Cota Mil, la primera en intentarlo fue María Corina Machado. “Vamos a seguir en la calle Nicolás Maduro, no vas a parar la fuerza indetenible de este pueblo”.

 

Posterior a varias detonaciones y escaramuzas, bombas iban y venían apareció el gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles Radonski, con su séquito de seguidores. No transcurrió ni un un minuto cuando el humo volvió a colmar la escena y esta vez el piquete de la PNB hizo retroceder al menos una cuadra a los manifestantes. Parte de la protesta optó por abandonar la intención de seguir hacia adelante y se retiró, otra se quedó y el resto se metió por una de las transversales de los Palos Grandes, donde también fueron perseguidos por efectivos policiales. Algunos edificios les abrieron a personas para que se refugiasen, otros lanzaban tobos de agua desde las ventana para mitigar el efecto de las lacrimógenas, mientras las cacerolas y los gritos de “malditos” se confundían con los disparos.

 

Horas antes la plaza Altamira no parecía tan atestada de gente como en ocasiones anteriores, nadie sabía la ruta y no fue hasta el último momento que la diputada Delsa Solórzano confirmó que subirían por La Castellana para alcanzar la Cota Mil y acudir por todo ese trayecto al Tribunal Supremo de Justicia, una estrategia que nuevamente no dio resultados y que hizo cambiar de estrategia a los dirigentes opositores. Ahora el camino era por la autopista Francisco Fajardo, nuevo escenario de represión a la altura de El Rosal. “Hoy cumplimos 30 días aguantando represión. Pero se han dado pasos importantes, la Fiscal se pronunció, Maduro anda anunciando elecciones, Venezuela se está quedando sin aliados internacionales y hasta el hijo del Defensor del Pueblo le dijo a su papá que cumpliera su trabajo, esto ha valido la pena, así que sigamos en la calle y no claudiquemos”, dijo la parlamentaria de Voluntad Popular, Gaby Arellano desde la tarima en la avenida Francisco de Miranda. En ese escenario, hablaron dirigentes sindicales, de petróleo y vinculados al periodismo en el Día del Trabajador. “Queremos salarios justos y que nos dejen trabajar, basta de represión contra este gremio, nosotros no pertenecemos a ningún bando político, solo salimos a la calle a trabajar”, comentó Marco Ruiz, secretario general del Sindicato de Trabajadores de la Prensa. Hubo pocos oradores ayer, la gente quería más acción y menos palabras. Eran cerca de la 1 de la tarde y la marcha convocada para las 10:00 am no había salido. Juan Requesens habló poco. “A este gobierno le quedan diez cuadras, no salen de allí”, Solórzano también, Freddy Guevara subió a la tarima, pero no usó el micrófono. No habían dado la voz de salida y ya la gente estaba caminando hacia la avenida Boyacá, una vez más y por primera vez en este incipiente mes, la oposición no llegó a su destino. De nuevo la intolerancia cobró una víctima en los medios de comunicación, al fotógrafo Miguel Gutiérrez le robaron su casco y una mascara.  

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