New York Times: Venezuela, de Adrián Solano a Maikel Moreno o viceversa

Adrian Solano

Venezuela se ha convertido en el país de ¡Aunque usted no lo crea! Basta con poner las imágenes sobre la mesa para tener el absurdo servido. Desde el video del esquiador Adrián Solano en Finlandia hasta la instantánea de Lilian Tintori, la esposa de Leopoldo López, preso político y líder del partido Voluntad Popular, posando en la Casa Blanca junto al presidente Donald Trump, así como la imagen del exconvicto Maikel Moreno, quien fue electo presidente del Tribunal Supremo de Justicia, todo parece estar regido por el disparate, opuesto a la razón y el sentido común para hundirnos en la futilidad y el sinsentido. Nunca antes un conjunto de imágenes había reflejado la magnitud de la crisis del país. Son todas tan incoherentes que establecer un orden lógico es una arbitrariedad. Y aún así hay que tomar el riesgo. Es un ejercicio de cordura necesario.

El esquiador Adrián Solano es, además de un ferviente seguidor del chavismo, un firme creyente de las enseñanzas del expresidente Chávez, quien nos vendió la idea a los venezolanos de que nos merecemos lo mejor del mundo, por el solo hecho de haber nacido en “la patria de Bolívar”.

Solano es el vivo ejemplo de un acto de magia convertido en realidad. Se inscribió como participante en el mundial de esquí, aunque no conocía la nieve. Ni Maxwell Smart, el súper agente 86 (representación genial del absurdo creada por Mel Brooks), lo hubiese hecho mejor. Sus esfuerzos consistían en dar una serie de piruetas para mantener el equilibrio, pero estuvo muy lejos de lograrlo. La canciller venezolana, Delcy Rodríguez, eclipsada en su propia vocación de ridículo, elevó el episodio a instancias diplomáticas, al asegurar que Venezuela enviará una “enérgica protesta” al gobierno francés, cuyas autoridades migratorias no dieron crédito a la fantasía de Solano de convertirse en esquiador de la noche a la mañana.

Esta imagen deja en entredicho los valores de la sociedad venezolana, perversamente orientada al pragmatismo, a la organización tribal y al intercambio de favores, sin que medie para ello el mérito o el esfuerzo individual. El hombre nuevo de la revolución chavista cree ciegamente en que puede llegar a la cima más alta con tan solo soñarlo y sin ninguna preparación. Solano, simplemente, es el ganador de la noche.

La presencia de Lilian Tintori (esposa del principal líder de la oposición que se encuentra preso) en el salón oval de la Casa Blanca, sin duda causa curiosidad. Días antes, el gobierno estadounidense había sancionado por actividades vinculadas al tráfico de drogas, al empresario Samark José López Bello, testaferro (según las autoridades estadounidenses)de Tareck El Aissami, vicepresidente ejecutivo de Venezuela. Entre una cosa y otra, tomó vuelo la idea de que Washington endurecía su política hacia Caracas, en contraste con la línea blanda del gobierno de Obama.

Las señales enviadas por Donald Trump hacia América Latina son suficientemente preocupantes: desdén hacia el libre comercio, endurecimiento de los controles migratorios y la construcción de un muro desde Tijuana hasta Brownsville. Como dijo Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos, ese muro “no separa a Estados Unidos de México, sino a Estados Unidos de América Latina”. Lo que ha hecho Trump es blandir el viejo garrote de funesta recordación en todo el hemisferio.

Pero lo cierto es que en la foto del salón oval “no están todos los que son, ni son todos los que están”. Mal puede Tintori asumir “la representación de la oposición venezolana”, porque simplemente no hay estrategia ni unidad de propósitos dentro de la coalición opositora para enfrentar al gobierno de Maduro. Recientemente, la Mesa de la Unidad Democrática anunció su nueva estructura, pero la noticia no tranquilizó a nadie.

La única señal visible de la reanudación del diálogo, es la presencia en Venezuela del expresidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, a quien los factores políticos no toman como un facilitador sino como un agente del gobierno. Distintos voceros de los partidos han manifestado que solo volverán a la mesa cuando el gobierno cumpla las condiciones a las que se comprometió en el acuerdo contraído en la mesa de diálogo. Las negociaciones están en un punto muerto y la Iglesia católica —otra de las instancias facilitadoras del diálogo—, ha dicho a través de su principal representante en Venezuela, el Cardenal José Urosa Savino, que el gobierno de Nicolás Maduro “engañó” al Papa Francisco.

Tanto Tintori como los jerarcas de la Iglesia católica tienen una influencia y una capacidad política limitada. La foto de Tintori y el papel de las autoridades eclesiásticas, sin una correspondiente acción política de la dirigencia opositora, terminan favoreciendo al gobierno de Nicolás Maduro. Y esto es lo que ha ocurrido desde el 20 de octubre de 2016, fecha en que se eliminó el referendo revocatorio.

La tercera imagen de esta serie del absurdo se refiere a la designación del magistrado Maikel José Moreno Pérez como presidente del Tribunal Supremo de Justicia. La actuación de Moreno, desde su ingreso al Ministerio Público y luego a la magistratura, ha retumbado como una bomba en la opinión pública.

Aparte de verse involucrado en dos homicidios, Moreno fue funcionario de la antigua policía política venezolana, la Disip. Actuó como abogado defensor de los pistoleros de Puente Llaguno, en un juicio al que fueron sometidos un grupo de militantes del chavismo que dispararon sus armas en los alrededores del Palacio de Miraflores durante el golpe de Estado que depuso al presidente Chávez por 48 horas. Y recientemente, como presidente de la Sala Penal del máximo tribunal, ratificó la condena a casi 14 años de prisión de Leopoldo López.

La designación de Maikel Moreno al frente del TSJ ratifica el control institucional que ejerce el poder ejecutivo sobre el resto de las instituciones del Estado, a excepción de la Asamblea Nacional, controlada a partir de 2015 por la oposición política. Moreno es además el representante del organismo que, por propio mandato constitucional, interpreta lo dispuesto en la Constitución a la hora de dirimir un conflicto entre los poderes. Y los ha habido, entre el poder ejecutivo y el parlamento, entre el parlamento y el poder judicial. Los fallos invariablemente, han favorecido al ejecutivo.

choros

El performance de Adrián Solano terminó siendo una distracción de los graves problemas que enfrenta el gobierno de Maduro. La visita de Tintori a Washington, una muestra de que la improvisación también es la regla en la oposición venezolana y la designación de Moreno es la garantía de que en Venezuela los únicos que purgan condena son los presos políticos y que el país seguirá cautivo de la interpretación sesgada de la Constitución que invariablemente hace el TSJ. Los hechos siguen sucediendo sin ton ni son y los venezolanos, víctimas de Ripley, ya ni siquiera muestran asombro.

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