0-800 No hay: testimonio de la crisis terminal de medicamentos en Venezuela

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“No gozo del cinismo de Héctor Rodríguez, ni de la desvergüenza de Pedro Carreño y mucho menos del espíritu demoníaco de Diosdado Cabello, para decirle a mis pacientes, mirándolos a  los ojos, que no solamente se van a morir de cáncer, sino que además lo harán en medio del  sufrimiento de terribles dolores”:  Fabio Fuenmayor Valladares, médico especialista en Cuidados Paliativos del Instituto de Oncología y Hematología

Mientras la ministra de Salud anuncia en cadena nacional la “formación” de 90 telefonistas para que informen donde no  hay los  medicamentos esenciales y  como  ñapa, la misma funcionaria, cuya característica más relevante es poseer el peor curriculum de ministro de sanidad alguno desde la creación del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, aparte de cometer la imbecilidad de decir que la escasez de medicamentos es por un consumo “irracional”… bueno mientras esa cosa que puso el delincuente de la república pide llamar y preguntar, yo, Fabio Fuenmayor, médico  de Cuidados Paliativos del moribundo Instituto de Oncología y de Hematología, les pido a mis pacientes que ni siquiera pregunten por mi  consulta y he  decidido tomarme las 9 semanas de vacaciones vencidas del año pasado y las 11 de este año debido a que no tengo nada que recetarles para el  dolor oncológico que constituye más de 90% de los motivos de mi consulta.

​Hoy he sido informado que la Fundación BADAN, prácticamente la única  institución que expende analgésicos de manera masiva para los tratamientos que yo prescribo, está en la lona. Me imagino que empezarán a ocupar los anaqueles de sus centros de atención al público con estatuillas de José Gregorio y  otras imágenes fabricadas diestramente en china, las cuales costarán una fortuna a más de  un millar de bolívares por dólar, a menos que a un bolichico le entreguen divisas a 10 y las revenda a 200 para importar: imágenes santorales de primera necesidad. A esos desgraciados enchufados, les sugiero que importen Biblias y ediciones de El Corán, porque no solo a los católicos y a los santeros les da cáncer.

No gozo del cinismo de Héctor Rodríguez, ni de la desvergüenza de Pedro Carreño y mucho menos del espíritu demoníaco de Diosdado Cabello, para decirle a mis pacientes, mirándolos a  los ojos, que no solamente se van a morir de cáncer, sino que además lo harán en medio del  sufrimiento de terribles dolores, que si bien en condiciones normales son difíciles de tratar, hoy en día por culpa del delincuente de la República, Nicolás Maduro, ni siquiera van a poder ser tratados.

Es muy difícil compartir día a día el deterioro, el sufrimiento y  las complicaciones clínicas de un enfermo crónico; pero eso lo escogí yo, para eso llevo más de 30 años formándome y lo sigo haciendo. Lo que resulta inaceptable es presenciar ese mismo deterioro con las manos amarradas por un gobierno que les quitó a los enfermos desde la aspirina y los pañales hasta la morfina y las bombas de infusión. Cuando el delincuente trastabilliario de Chávez, llegó al poder, una ampolla de morfina costaba BsF: 0,0005, hoy: no existe, y si le decían a uno que algún día no tendría papel de baño se respondía “¡No vale! Yo no creo”.

Esta situación no es una crisis de reciente aparición, no fue que el barco que traía  los analgésicos naufragó por la emboscada de un huracán llamado Guerra Económica, no nos caigamos a cuentos. Esto se viene labrando de manera sistemática y programada desde que nos dejamos asaltar por el Socialismo del  Siglo XXI y los cantos de sirena del intergaláctico. Yo estudié para manejar 8 tipos de analgésicos opioides en más de 30 presentaciones, más de 20 analgésicos no opioides en más de 60 presentaciones, 6 antiinflamatorios esteroideos en más de 15 presentaciones, más de 12 coadyuvantes de los analgésicos en múltiples presentaciones, todos ellos solamente para tratar uno solo de los síntomas de cuidados paliativos, EL DOLOR.

Poco a poco, toda esa farmacopea fue desapareciendo del alcance de mis pacientes. Mis colegas  y  yo  fuimos reduciendo la oferta de alternativas, empezamos a exigirles a los familiares cada vez más esfuerzo para conseguir el tratamiento adecuado, debimos hacernos los locos con el costo económico de nuestras prescripciones; y hasta nos hicimos  creativos cambiando las presentaciones que se disponían con la ayuda de los farmaceúticos (en especial soy muy conocido por los amigos de Fórmulas Magistrales de  la Facultad de  Farmacia de la  UCV), hasta violentamos las normas haciendo uso de medicamentos ya vencidos.

​Pero todo se acabó. Ya no hay nada que enviar a Fórmulas Magistrales, ya no quedan blíster vencidos en las gavetas y  ya es un crimen y una desvergüenza  poner a los familiares a literalmente, recorrer el país en busca de las sobras que se hallan colocado a buen resguardo para no  ser consumidas por el dolor de una enfermedad a la cual tampoco se le da cura.

La única esperanza que queda es que en medio de esta mortandad, en donde la mala muerte de cada venezolano está la muerte de un pedazo del país, llegue el ímpetu y la conciencia de la realidad de que es necesario no solamente salir de estas lacras que son Nicolás y sus compinches, sino de entender que quienes siguieron a la maldición que representó Chávez fueron los culpables y que ellos mismos están llamados a  hacer renacer de sus cenizas esta nación mientras de manera individual cada uno muere con un pedazo de país.

Fabio Fuenmayor Valladares

Charallave, 25 de febrero de 2016

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