Ciudadanos aceptan el aumento de la gasolina, aunque temen consecuencias

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Aceptación y resignación es la reacción mayoritaria de los venezolanos ante el aumento de la gasolina, que entró en vigencia este 19 de febrero.

Quienes hacían fila en las estaciones de servicio del este de Caracas experimentaban hoy por primera vez el nuevo precio del litro de combustible, que pasó a ser de 1 bolívar para la gasolina media de 91 octanos y 6 bolívares para la alta de 95.

“Creo que es justo, más bien me parece que todavía está económica”, consideró Carlos Blanco, un ejecutivo de ventas que posee una motocicleta que utiliza el combustible de menos costo y que reposta a diario, pero además tiene un vehículo que usa la de mayor octanaje y que hoy le costó 245 bolívares, cuando antes no gastaba más de 4 bolívares.

A pesar de la fuerte subida, la gasolina sigue siendo muy barata en el país en comparación. Lo que cuesta ahora llenar un depósito de la gasolina más cara es poco más de lo que cuesta un café con leche.

Blanco asume con conciencia la necesidad del aumento, pero no por ello deja de observar otros aspectos relacionados como el destino que se le dará al dinero recaudado.

“Tengo entendido va a estar destinado a un fondo que no tiene control por parte de los entes reguladores. No se sabe qué van hacer exactamente con el dinero”, comentó.

El temor a un estallido social producto del aumento de la gasolina como ocurrió en Venezuela hace 27 años durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez, hizo de este un tema sensible.

No obstante, el expresidente Rafael Caldera realizó un ajuste durante su segundo mandato en 1996, de entre 300 y 500 por ciento, sin mayores repercusiones.

Mientras esperaba a que el tanque de su Chrysler Neon llenase, el publicista Miguel Rodríguez opinó que este aumento “ha tenido que hacerse desde hace mucho tiempo”, pero que hacerlo ahora “de manera brusca, afecta todo”.

Y es que el incremento del combustible se hizo en el marco de unas medidas económicas tomadas por el Gobierno para atajar la crisis que vive Venezuela, que sufre de una alta escasez de alimentos y medicinas entre otros rubros y una inflación de 180,9 % en 2015, la más alta del mundo.

“Se (ha) reducido el ingreso de cualquiera”, aseguró Rodríguez quien debe surtir su vehículo mínimo dos veces a la semana con gasolina de 95 porque su trabajo es de venta en la calle.

“Esto es un efecto dominó, automáticamente va a aumentar todo lo que es alimentos porque el transporte es a base de gasolina, transporte público, servicio de taxis, mototaxis, y eso a su vez comenzará a elevar la inflación”, dijo con preocupación.

La administradora de empresas, Jennifer Mayora, iba al volante de una Chevrolet Explorer y esperaba con expectativa que le dijeran el monto a pagar “hoy le estoy echando por primera vez y voy a ver cuánto es”, comentó Mayora con evidente resignación.

“Está bien el aumento, pero no en un país devaluado como el que tenemos ahora, es una exageración”, agregó.

De hecho, los bajos precios del combustible que mantenía Venezuela se reflejan en el porcentaje de incremento: un 1.328,5 % para la gasolina media y 6.085 % para la de alto rendimiento.

Sin embargo, los venezolanos no se muestran escandalizados por ello. En cierta forma lo esperaban, como aseguró el chofer Osmery Hernández “es justo y necesario”. Aunque, de la misma forma aguardan por sus consecuencias las cuales sí preocupan a sus bolsillos.

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