La odisea de conseguir medicamentos cuando hay 80% de escasez

Medicinas

Kenyerber Castillo, un venezolano de 2 años que fue diagnosticado con leucemia a los 5 meses de nacido, necesita acetaminofén para enfrentar la fiebre que lo tiene hospitalizado hace cinco días.

Su madre, Marycarmen Pérez, le cuenta a BBC Mundo que “gracias a Dios” una amiga que trabaja en una farmacia le consiguió varios frascos del analgésico, y así no tiene que depender de los paños de agua fría para bajar la fiebre.

Pero Kenyerber no solo necesita acetaminofén: también precisa cardioxane, una solución que le protege el corazón durante la quimioterapia.

Y Marycarmen no lo consigue.

Asimismo, Kenyerber requiere un catéter para el drenaje de líquidos, porque el que consiguieron sus padres, regalado por otra amiga en una farmacia, es demasiado ancho para él.

El de su tamaño costaba una fortuna en la farmacia que lo vieron, pero luego de que consiguieron el dinero a través de familiares, amigos y vecinos, se agotó.

El drama de Kenyerber y sus padres es solo un ejemplo de lo que miles de venezolanos viven –hasta que en algunos casos mueren– por la escasez de medicamentos en el país.

Crisis humanitaria

El martes, la Asamblea Nacional de Venezuela, ahora de mayoría opositora, declaró una crisis humanitaria de salud “en vista de la grave escasez de medicamentos, insumos médicos y deterioro de la infraestructura humanitaria”, según se lee en el acuerdo aprobado.

La declaración le exige al gobierno poner como prioridad la atención de la crisis.

Debido a la debacle económica que sufre el país, en ocho de cada diez farmacias no se encuentran los medicamentos básicos, según la Federación de Farmacias de Venezuela (Fefarven).

Fefarven reveló el número la semana pasada, pero desde hace dos años viene reportando una escasez de al menos un 60% de los medicamentos básicos.

El gobierno de Nicolás Maduro debe más de US$3.000 millones a diferentes farmacéuticas y laboratorios, que han debido limitar sus importaciones al país.

Por cielo y tierra

Algunas farmacias y laboratorios han abierto líneas de atención para que la gente llame a ver si tienen, y dónde, determinada medicina.

Ciertas droguerías parecen locales en construcción por lo vacías, mientras que otras llenan los anaqueles con lo único que hay: enjuague bucal, por ejemplo.

Hay unos medicamentos escasos, como los antialérgicos, que generan comentarios sarcásticos del boticario tipo “¿y tú dónde crees que vives, chico?”, como si preguntar por él fuera una torpeza de quien acaba de llegar al país.

Cuando no hay, no hay

La falta de medicamentos tiene una importante diferencia con la escasez de alimentos, que también es común en Venezuela: no hay sustituto.

“Cuando tú tienes un paciente enfermo tienes que darle el medicamento indicado y ya”, dice Zambrano.

“Una enfermedad, y sobre todo el cáncer, te ataca y tú tienes que defenderte y punto (…) Un médico puede cambiar el esquema de tratamiento debido a la escasez, pero eso perjudica al paciente y aumenta la posibilidad de muerte”, concluye.

Determinada medicina no se puede sustituir como quien remplaza la falta de carne con pollo.

Lo que sí tienen en común ambos fenómenos es la causa, que si bien el gobierno atribuye a la guerra económica, economistas dicen que es el control de precios.

Como algunos alimentos, ciertos remedios en Venezuela se venden por debajo del precio del mercado, y eso no solo reduce los incentivos de inversión, sino que genera corrupción.

Muchos medicamentos, por ejemplo el acetaminofén, dejaron de conseguirse al precio oficial y regulado, pero uno los puede comprar fácilmente 10 o 15 veces más caros en el mercado negro.

Sigue leyendo esta nota de Daniel Pardo en BBC Mundo.

Enviar Comentarios

Entradas relacionadas