¿Hasta dónde alcanza la cobija? por Francisco J. Quevedo

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Las cifras no cuadran. No hay forma ni manera que el gobierno pueda importar al ritmo que venìa importando y cumplir con el servicio de la deuda externa a la vez. Si a ver vamos, la cobija le alcanza solo para arroparse los pies …

Al precio actual de la cesta petrolera venezolana, la Nación podría recibir unos US$15,5 millardos en divisas que alcanzarían solo para pagar compromisos de  deuda externa que el gobierno coloca en US$ 10,3 millardos pero algunos analistas estiman hasta en US$ 16 millardos, y, si acaso, para importar un repele, quizás unos US$5 millardos que representarían un frenazo del 80% en el ritmo de las ya chucutas importaciones del país y que -por ende- agravaría el desabastecimiento.

Las últimas estadísticas de importación que arroja el INE son las de Octubre de 2014, casi año y medio vencidas. Extrapolando a doce meses, podemos estimarlas en US$ 38,2 millardos que ya de por si casi triplicarían la disponibilidad de divisas actual. Unos US$ 3,5 millardos habrían sido alimentos. Diversos analistas estimaban, sin embargo, que entre el guabineo y el Plan de Divisas se frenaría el ritmo entre 30 y 40% en 2015 (algunas estimaciones colocan las importaciones sobre los US$ 26 millardos el año pasado, la mitad de dos años atrás). Cuánto de este frenazo se aplicó a la comida y las medicinas estaría por verse, pero es sensato inferir que estos serían los rubros que el Estado menos estaría dispuesto a recortar.

Si tomamos estas cifras, el gobierno podría pagar los US$ 10,3 millardos que dice vencen en 2016 sin quemar las reservas internacionales, e importar el repele que le queda entre alimentos y medicinas. Pero no hay para más, ni siquiera para alimentar el Dicom, antes Simadi, antes Sicad y demás acrónimos. Consecuentemente, cualquiera que sea el frenazo “de facto” que se aplique a las importaciones, si tomamos el ya aguantadísimo ritmo de 2015, la demanda de divisas que habría de satisfacer el mercado paralelo podría ascender a US$ 21 millardos, es decir, al 81% de los requerimientos de importación de Venezuela, lo cual dispararía el dólar.

Este frenazo es muy fuerte, y agravaría tres cosas: la escasez, la devaluación y en consecuencia, la inflación. ¿Qué opciones tiene el gobierno? Quemar reservas o buscarse un paladín, como los chinos que ya arrugaron, o los rusos que tienen sus propios problemas por los precios petroleros. Y estamos viendo solo el espectro 2016. Si calculamos dos años, el hueco cambiario fácilmente se monta sobre US$ 50 millardos, y ni hablar si Maduro sigue en el poder.

Así que “por ahora”, olvídese del Dicom. ¡No hay real pa’ eso! Y, evidentemente, mientras no permitan a los importadores marcar precios a la tasa paralela, se frenarán las importaciones. ¿Cuánto, un 80%? Eso está por verse, pero escríbalo, la escasez llegará al 100% en algunos rubros, la inflación real, eso es, no la que calcula el BCV con base en una harina PAN de Bs. 18, sino la que toma los precios que se pagan, ya rebasa el 420%, según el Cendas (Febrero 2016) y el dólar seguirá su curso, si las cosas no cambian, en el paralelo, hacia los Bs. 2.000 a mediados de año, y por ese “Crawling Peg” que es Dicom, hacia los Bs. 800.

El mercado mismo parece estar indicando el camino de una unificación cambiaria en la medida que el Dicom persigue al paralelo, o la legalización de esta tercera vía. El problema es que mientras más abajo sigamos por este barranco, peor serán los ajustes y sacrificios que inevitablemente se harán necesarios para sacarnos del fondo.

 

@qppasociados

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