Por tu Blanca Palidez por Francisco J. Quevedo

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Las variables económicas en Venezuela son tan ficticias como “los logros de la revolución” y las causas aludidas, irónicamente, al hablar del presente, la crisis. “Oblivion” quizás sea la mejor manera de definirla.

Comenzando por la tasa cambiaria que causa a su vez muchos otros males, el embuste se encadena. Cuando el cambio implícito apunta en realidad hacia los Bs. 300 por dólar, y el llamado “Mac Dólar” sugiere una tasa más bien cercana a 200, a la par de Simadi, decir que el dólar vale 10 bolívares es simplemente un engaño, al pueblo y a la economía. Incluso, como no adjudican dólares a 206, tampoco deberían decirnos que eso sea cierto, como tampoco se puede afirmar que la moneda americana valga más de 1.100 bolos, aunque a falta de oferta, terminamos pagándolos.

De una ficción, viene la otra, en cadena. Los precios están fuertemente influenciados por el dólar paralelo, precisamente porque no hay adjudicaciones a 206, ni a esos 10 bolívares que parecen reservados para las importaciones del Estado, y eso, cuando hay dólares. Consecuentemente, los costos “vienen a mil”, literalmente hablando.

Y allí comienza otra ficción concatenada, el precio regulado. Decir que una cajita de atibióticos vale Bs. 28 porque se le otorgaron dólares a 6,30 para importarlos el año pasado, es tan falso como llamar al bolívar “fuerte”. Y de la ficción de los precios regulados, pasamos a la falsedad del INPC que se calcula mayormente sobre esta base regulatoria. Más de la mitad de los bienes y servicios incluidos en la canasta básica están congelados. Cuando el Banco Central de Venezuela toma Bs. 18 como precio para la harina PAN, por ejemplo, que no se consigue sino a veinte veces ese valor en la Redoma de Petare, para calcular la inflación 2015, del 180,9%, como se anunció, nos está engañando a todos porque lo real es lo que pagamos.

Y lo que ganamos también es falso. Cuando nos dicen que Venezuela tiene el salario mínimo más alto de América Latina, y lo calculan como US$ 2,500 o más, al dividir sueldo y bono alimentario entre diez, nos están engañando. Si nos guiamos por el cambio implìcito, si acaso ese ingreso tiene un poder adquisitivo de US$ 90 mensuales. Y si usted gana Bs. 150.000 mensuales, bájese de esa nube, porque cuando vaya a viajar, el sueldito se le convertirá en US$ 272 porque “cupos Cadivi”, por ahora, no hay. ¿Diga Ud., entre Bs. 10, 206, 300 ó 1.100 por dólar, dónde termina la realidad, y dónde comienza la ciencia ficción?

¿Y qué decir de los índices de probreza? Si el salario mínimo lo dividimos por la tasa Simadi, que es también oficial, los venezolanos de a pie ganan US$ 121 mensuales, contra los US$ 344 de Colombia. “El salario mínimo más alto de América Latina” es más falso que un billete de a tres, y con él, los “logros de la revolución” que hablan de la reducción de la pobreza.

Lo más grave es el PIB. ¡Eso es falso! ¿Por qué? Porque más allá de los ingresos por exportación petrolera, que si acaso llegarán este año a US$ 15,000 millones, el resto se calcula dividiendo bolívares de producción entre diez. Y -de paso- se deflacta, para expresarlo en términos reales, utilizando una inflación ficticia, o sea que lo que dicen que crece o decrece la economía es totalmente ficticio. La realidad es mucho. mucho peor.

Hasta la tasa de interés impresa en los bonos de la Nación es falsa, porque el Tesoro no recibe el precio marcado sino un repele con severo descuento que aplican los mercados financieros por el inmenso riesgo país que arrastra la revolución que nos impone ficción tras ficción económica. Lo que si es real son las fortunas amasadas tras el grito de “Patria socialista o muerte”.

Real, muy real, es el colapso de la economía. Así que haga Ud. como Tom Cruise en “Oblivion”, búsquese un laguito en un oasis escondido donde pueda olvidarse del desastre y los cuentos que le cuentan, relájese escuchando “Por tu Blanca Paidez”, y créese su propia virtualidad, porque lo que usted paga aquí y puede comprar aquí con lo que gana define una realidad que, si así la cree, es la verdad. Eso, si, no se compare, ni con la cuarta, ni con los enchufados, ni otros países, porque se deprime.
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