El contrabando alza su vuelo mientras la economía en Venezuela se hunde

contrabando

 

Asegurando cartones de huevo en su hombro, un joven vadea precariamente a lo largo de un lodoso río en una jungla al oeste de Venezuela, donde un tendero colombiano le espera para felizmente para comprarlos.

 

En una península que se despliega hacia el Caribe, navega bajo el velo de la oscuridad un pescador muy cerca de la isla de Aruba, con un cargamento abastecido desde pescado hasta harina.

 

En el territorio vecino de Guayana, mineros y policías conducen vehículos cargados de combustible contrabandeado en Venezuela.

 

Movidos por una decadente crisis económica, el contrabando a lo largo de la tierra venezolana y su frontera marítima, al igual que el comercio doméstico ilícito, ha acelerado a un nivel sin precedentes y está transformando la sociedad.

 

Aunque para este país la historia del contrabando es de siglos, los generosos subsidios del gobierno socialista y el colapso de la moneda, le han dado un nuevo y dramático ímpetu a este tema.

 

Mientras la economía formal está en caída libre y las empresas le siguen los pasos, cada vez más y más personas se han visto atraídas por infinitas tramas de comercio ilícito de comida, medicinas y gasolina. Bandas criminales, pobres, profesionales y oficiales del gobierno, todos están cobrando su parte en este negocio.

 

El subsidio más llamativo es el de la gasolina: llenar el tanque de un vehículo cuesta apenas unos centavos de dólar. Un tanque de 40.000 litros puede llenarse con $10 con los precios del mercado negro y ser vendido en Colombia por alrededor de $20.000, una ganancia cercana al 200.000%

 

Para muchos encarando recesión y una inflación de tres dígitos, esto es una asunto de supervivencia.

 

“Estamos obligados a involucrarnos en contrabando”, dice Alejandra, 41, quien una vez criaba gallinas pero ahora contrabandea gasolina a través de campos hacia Colombia para poder alimentar a sus seis hijos. Gana considerablemente mucho más dinero en un día, que los $10, a la tasa del mercado negro, que hacía en dos semanas.

 

“Soldados, maestros, ingenieros, doctores, dentistas, todo tipo de profesionales vienen aquí a vender gasolina porque sus salarios no valen nada”, añadió Alejandra, en los campos de Guaranito, a metros de la frontera.

 

En entrevistas con numerosos contrabandistas y visitas a más de una docena de lugares, desde pueblos en el oeste de Boca del Grita hasta el puerto este de Guiria y las fronteras con Brasil y Guyana, Reuters encontró evidencia de una extensa cantidad de contrabando sin chequear.

 

El gobierno del Presidente Nicolás Maduro asegura que el comercio ilícito vale más de $2 billones al año y está desangrando a Venezuela con 30% de la comida importada, 40% de todos los bienes y 100.000 barriles de petróleo al día contrabandeados hacia afuera.

 

 

CANGREJOS, AVES, ERÓTICA

 

Culpando a los contrabandistas de la agravante situación de escasez, Maduro cerró el año pasado la frontera con Colombia y alrededor de 2.000 sospechosos fueron acorralados.

 

Las autoridades capturaron a dos hombres contrabandeando 14.000 cangrejos para Trinidad, un hombre llevando 57 aves tropicales para Italia y propietarios de sex-shops por comerciar “productos eróticos de peligro”.

 

En una escala mayor, la naval de Venezuela detuvo un buque petrolero del estado con un contrabando de gasolina.

 

La mayoría del contrabando tiene su raíz en subsidios, con la intención de ayudar a los pobres, en un conglomerado de bienes desde harina hasta gasolina.

 

El arroz, por ejemplo, tiene un precio oficial de 16 bolívares por kilo, solo dos centavos de dólar a tasa del mercado negro. En las calles de Venezuela, se vende al menos por 30 veces más de lo que cuesta e inclusive más en el extranjero.

 

El contrabando reduce los bienes disponibles para los venezolanos, empeorando así la escasez. La frustración sobre la escasez y el inminente caos económico llevó a la oposición a una majestuosa victoria en las elecciones legislativas el pasado mes e incluso algunos socialistas claman cambios en la política actual.

 

“No estoy diciendo que el estado tenga que renunciar a transferir subsidios a los pobres, pero la forma en la que está hecho promueve y crea las condiciones para el contrabando,” Temir Porras, antiguo asesor de Maduro y de su predecesor Hugo Chávez, le dijo a Reuters.

 

Las vastas diferencias entre las múltiples tasas de cambio en Venezuela también contribuyen con el proceso del contrabando. Hay tres tasas oficiales: la más fuerte es de 6.3 bolívares por dólar pero en el mercado negro el dólar se vende por alrededor de 900 bolívares.

 

Decenas de contrabandistas dijeron que son los mismos funcionarios quienes a menudo hacen las tomas o quienes se hacen la vista gorda. En los puntos de contrabando, soldados y policías rutinariamente fallan a la hora de intervenir mientras los traficantes hacen su camino.

 

“Le pagamos a la Guardia Nacional unos cuantos miles de bolívares para poder pasar, dependiendo de lo que tengamos en el camión,” dijo un contrabandista en el oprimido pueblo en la frontera oeste de Paraguachón, quien lleva comida a Colombia en su pickup.

 

El gobierno nota algunas manzanas podridas en los anaqueles, pero culpa el caos a una “guerra económica” provocada por grupos empresariales de la oposición.

 

Ni la Guardia Nacional ni el gobierno dieron una respuesta a nuestra petición por comentarios.

 

 

“BACHAQUEO”

 

Hace un año, los contrabandistas abiertamente llegaban a Colombia cargando pasta, harina y aceite vegetal, o conducían para tener su gasolina extraída de sus vehículos con sifones.

 

Desde el cierre de la frontera, trabajan subrepticiamente, vadeando ríos, utilizando rutas escondidas o pagando sobornos a lo largo de la frontera de 2.300km (1.400 millas).

 

“Es imposible bloquear la frontera. Estos son dos países que necesitan uno del otro, como marido y mujer,” dijo el comerciante Luis Olarte, 38, en el pueblo colombiano de Puerto Santander, al otro lado de un río de Boca del Grita. Él compra todos sus bienes, desde pasta de dientes hasta huevos, de contrabandistas.

 

A cientos de millas al este, en el pueblo de la selva guayanesa, Mabaruma, la gasolina, harina, champú y otros bienes son traídos en barcos. Harina marcada solo para venta en Venezuela está disponible en mercados en la capital de Guyana, Georgetown.

 

Al noreste de Venezuela, en el estado Sucre, los pescadores venden gasolina en altamar. Pagan menos de un centavo a tasa del mercado negro por 60 litros y luego lo venden por alrededor de $10 a cada marinero quienes los escabullen a islas cercanas.

 

“Tienen que hacerlo porque un pobre pescador con una familia no gana lo suficiente para sobrevivir,” dijo Manuel González, 70, presidente de la asociación local de pesca, en un bar junto a la costa.

 

Encima del contrabando de productos al extranjero, los productos regulados son adquiridos y revendidos internamente por mucho más de lo que cuestan oficialmente.

 

Es muy común que una nueva palabra haya ingresado al léxico venezolano: “bachaquero”, nombrado después de una gran hormiga que carga hojas. Los bachaqueros hacen las colas una y otra vez para adquirir bienes subsidiados para revenderlos, principalmente a la clase media.

 

“Tenemos contactos dentro del mercado y colegas trabajando en otras localidades que nos dicen que les está llegando, donde y cuando,” dijo una “bachaquera” de 24 años afuera de un supermercado en una pobre región de Caracas, la Yaguara.

 

“Nadie quiere hacer una cola de 8 horas,” dijo.

 

Es tal la ganancia del “bachaqueo” que muchos venezolanos han renunciado a trabajos formales para hacer esto a tiempo completo. El número de trabajadores informales tiene el pronóstico de aumentar un tercio y alcanzar el 40% de empleados este año, dicen los expertos locales de Ecoanalítica.

 

“El contrabando es una espada de doble filo: subvierte la economía formal y nutre la corrupción, pero también es una estrategia de afrontamiento importante que ayuda a la gente a sobrevivir los tiempos difíciles,” dijo Peter Andreas, quien en su libro publicado en el 2013, “Smuggler Nation”, diagrama la importancia del contrabando en la historia de los Estados Unidos.

 

El esparcimiento de la tasa de cambio también ha creado esquemas de ladrones de cuello blanco. Operadores de bonos, por ejemplo, obtuvieron increíbles ganancias hace una década cuando algunos eran capaces de obtener divisas a tasas preferenciales.

 

Cientos de años antes de los hoy en día llamados “bachaqueros” u operadores de bonos, el contrabando floreció en esta antigua colonia española.

 

En el siglo 18, la Real Empresa Guipuzcoana de España era el leal comprador de bienes venezolanos desde el café hasta el coco. Sin embargo, los lugareños emprendedores, utilizando las mismas rutas que los comerciantes ilícitos de hoy, contrabandeaban hacia fuera por precios más altos que los que pagaban los españoles.

 

Lugareños emprendedores de hoy también ver sobrepasar al estado como la mejor manera de mantenerse a flote.

 

Al noroeste de la península de Falcón, en el pueblo de Las Piedras, un pescador de 25 años de edad, recientemente se preparaba para contrabandear pescado, mayonesa y mantequilla a la isla de Aruba.

“!Este es el mejor trabajo que puedes conseguir en Venezuela!”

 

(El reportaje adicional fue hehco por Anggy Polanco en Boca del Grita, Mircely Guanipa en Las Piedras, Isaac Urrutia en Paraguachon, Jackson Gomez en Rio Caribe, Yesman Utrera en Caracas, Neil Marks en Mabaruma, Guyana y Sailu Urribarri en Oranjestad, Aruba; Edición Andrew Cawthorne y Kieran Murray)

 

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