Territorios de la Pupila, por Milos Alcalay

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Al recorrer el mundo, los venezolanos no podemos dejar de constatar una nueva realidad: la presencia masiva de nuestros compatriotas en el exterior. En el inmenso territorio planetario, poder constatar sus peripecias, nos hace vibrar por sus logros y por sus fracasos. La diáspora venezolana, con más de dos millones de emigrados, se ha expandido por los más distantes espacios, en rechazo a los atropellos diarios de un régimen colapsado que se prolonga por casi dos décadas, y que no quiere entender que ya debe dejar de destruir al pueblo: ni lo han hecho bien, ni han sabido cómo mejorar las condiciones de vida de nuestro conciudadanos.

Entre los múltiples casos de expatriados,  encontramos todo tipo de realidades, entre quienes destacan también voceros calificados de una élite pensante. Al verlos triunfar, nos alegra, pero nos invade una sensación de tristeza por no poder compartir en nuestra tierra a familiares y amigos, pero sobre todo saber lo que pierde nuestro país.

Lo único que nos gratifica el espíritu, es sentir con orgullo la exitosa proyección de muchos de nuestros emigrantes que elevan su creatividad fuera de nuestras fronteras y que otros ciudadanos los reciben con admiración y afecto.

Podría citar muchísimos casos de grandes amigos médicos, economistas, músicos; ingenieros petroleros, periodistas, psicólogos – por no mencionar sino algunas de las profesiones en las que nuestros dignos representantes se han destacado.

Pero lo que quisiera es concentrarme en uno solo al mencionar a un gran hermano: Enrique Viloria Vera quien ya en Venezuela nos había impresionado con su versatilidad al regalarnos más de cien libros de su autoría, imprimiendo en sus páginas la profundidad de una cosmovision atractiva que cubre  los más amplios espacios: historia, poesía, relaciones económicas internacionales, críticas de arte, de gastronomía y otros temas. En fin, los escritos de Viloria eran y son un testimonio de vida.

Viloria fue uno de los muchísimos venezolanos que fueron a enriquecer otras tierras. Salamanca lo recibió con los brazos abiertos. Y parafraseando la conocida frase, en el caso de Enrique, lo que Salamanca le dio, también la Naturaleza le prodigo. Que orgullo saber que editoriales españolas han publicado sus libros: el último, lleva el título de “Territorios de Pupila” y recorre (al igual que la suma de sus obras) los más amplios espectros del quehacer humano, proyectando en el exterior los valores de la venezolanidad dandole una dimensión universal a nuestros valores humanos.

Destacados escritores hispanos como Enrique García Trinidad y José López Rueda destacan tanto en su prólogo como en el epílogo, respectivamente, el impacto que tuvieron al profundizar sus relaciones con este Caraqueño insigne que es reconocido en Salamanca, y de allí, en el ámbito iberoamericano. Gracias Enrique por tu regalo, acompañado por tu siempre recordada compañera Iraida Paez.

 

@milosalcalay

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