Carl Greenidge, vicepresidente de Guyana: “El reclamo de Venezuela sobre el Esequibo es absurdo”

Esequibo

 

Arturo Wallace

BBC Mundo

Como cabe esperar de una disputa que amenaza a casi dos tercios de lo que Guyana considera su territorio, los reclamos de Venezuela sobre la región del Esequibo acostumbran ocupar un lugar prominente en la agenda del ministro de Relaciones Exteriores guyanés.

De visita en Londres para una reunión de ministros de la Mancomunidad Británica, Carl B. Greenidge tocó el tema con sus colegas del Commonwelth y lo incluyó en una conferencia sobre los retos de la pequeña nación sudamericana que dictará en la prestigiosa London School of Economics.

Y el también vicepresidente guyanés habló del asunto con BBC Mundo a menos de un mes del nombramiento de un nuevo mediador de Naciones Unidas para la controversia, que se volvió a calentar en 2015 luego del descubrimiento de importantes yacimientos petroleros mar afuera de la zona en reclamación.

El mediador es diplomático noruego Dan Nylander, mejor conocido en América Latina por su papel de garante del proceso de paz entre el gobierno de Colombia y la guerrilla de las FARC.

Pero aunque el también vicepresidente de Guyana celebró las credenciales del nuevo enviado de la ONU, también insistió en que ya era hora de llevar el asunto ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya para su resolución.

¿En dónde están en estos momentos los esfuerzos por resolver la controversia?

En el marco de lo estipulado por el Acuerdo de Ginebra de 1966, el Secretario General de Naciones Unidas convocó a una reunión entre los dos países en septiembre de 2016.

Pero en diferentes intervenciones también había prometido dar por concluido el ejercicio de sus buenos oficios en diciembre de 2016, asegurando que si para esa fecha el asunto no había sido resuelto, lo iba a referir a la Corte Internacional de Justicia de La Haya.

El tema no fue resuelto, pero justo antes de irse el Secretario General (Ban Ki-moon) tomó la decisión de darle más tiempo al diálogo, por otro año, insistiendo en que si esa extensión no producía los frutos esperados -es decir, si no había progreso sustancial en la resolución de la controversia, específicamente la supuesta nulidad del laudo arbitral de 1889- entonces sí lo iba a referir a la corte.

El laudo de 1899 es, por supuesto, el único tratado que rige las fronteras de Guyana. A menudo se menciona el Acuerdo de Ginebra, pero este no hace absolutamente ninguna mención a cambios de territorio, no menciona para nada algún intercambio de personas entre los países.

Lo que dice (el Acuerdo de Ginebra) es que si los dos países no pueden ponerse de acuerdo en una solución pacífica de la controversia, lo que el Secretario General de la ONU debe hacer es elegir del menú (de posibles mecanismos de solución) contenido en el artículo 33 de la carta de Naciones Unidas.

¿Y cree que con este cronograma y la aparentemente inminente entrada en juego de la Corte Internacional de Justicia, se acerca la solución definitiva de esta controversia de casi 200 años?

No es una disputa de 200 años…

Bueno, son casi 170… (La denominada Línea Schomburgk, que sirvió de base a la frontera que es objeto de la controversia, se trazó en 1840).

No, yo lo pondría diferente. La disputa empezó en la década de 1890, tal vez un poquito antes, cuando Estados Unidos ayudó a que Venezuela pudiera llevar a Reino Unido a una mesa de arbitraje.

En esa mesa, ellos recibieron la boca del río Orinoco y acordaron, como parte del Tratado de Washington de 1897, aceptar la decisión del tribunal de arbitraje como final y definitiva.

Por lo tanto, en lo que a nosotros respecta, ese reclamo acabó en ese momento: Venezuela recibió territorio, Guyana recibió territorio y el tratado operó sin problemas por 63 años.

Es a partir de 1962 cuando los actuales problemas empiezan.

En cualquier caso es un problema que se ha prolongado por mucho tiempo…

¡Por demasiado tiempo!

¿Y creen ustedes que una solución definitiva por fin está cerca?

Obviamente una solución definitiva requiere que las dos partes acepten e implementen lo que han acordado. Y hemos tenido problemas con la voluntad del gobierno de Venezuela para honrar sus obligaciones, lo que no ha sido un problema sólo de Guyana.

Creemos sin embargo que la naturaleza de este reclamo, que es que hay un tratado nulo y sin efecto, es uno que normalmente puede ser resuelto por una corte. Un país no puede decidirlo unilateralmente, que es lo que ha pasado en este caso.

Entonces, en nuestra opinión, una vez que el tema sea llevado a la corte, va a ser resuelto en el sentido de que no se va a poder volver a utilizar esa excusa.

Por supuesto, las fronteras no son nunca perfectas, así que no esperamos que los problemas vayan a desaparecer completamente. ¡Pero el hecho es que el reclamo en sí mismo es tan absurdo que Venezuela nunca jamás ha ejercido soberanía sobre el Esequibo!

¿Qué hace “absurdos” los reclamos venezolanos?

Después de que las Provincias Unidas (de los Países Bajos) se separaron de España en 1648 -después del tratado de Münster- España nunca tuvo soberanía sobre el área, pues esa se les concedió a los holandeses tal y como estipulaba el tratado.

Y cuando Holanda perdió las guerras napoleónicas, al pelear del lado de los franceses, el territorio le fue transferido a Gran Bretaña en 1814. Y luego nosotros obtuvimos la independencia, en 1966.

“Venezuela nunca jamás ha ejercido soberanía sobre el Esequibo”.

En otras palabras, nunca nadie de habla española ha ejercido soberanía sobre el territorio. De hecho en la Guyana se pueden encontrar lugares hasta con nombres en francés, como resultado de incursiones de piratas franceses, pero no hay ningún lugar con nombres en español, ni en la costa de Guyana ni en Esequibo.

Y cuando se abolió la esclavitud en Guyana, en 1834, fue el resultado de un conflicto entre esclavos que hablaban inglés y holandés con los ingleses dueños de las plantaciones. No hay ninguna mención, ninguna evidencia, ninguna prueba del involucramiento de gente de habla española.

De hecho, si el Esequibo en realidad hubiera sido parte de la Capitanía General de Venezuela los esclavos africanos no habrían conseguido su libertad hasta 1865. Ese es otro testimonio de lo absurdo de este reclamo.

¿Y si en realidad la disputa es tan absurda, por qué no ha podido resolverse?

Por un asunto de poder. El reclamo es absurdo pero se ha perpetuado por la asimetría de poder entre los dos países.

Cuando Guyana se acercaba a su independencia en 1966 los venezolanos les dijeron a los británicos que a menos de que el tema del territorio fuera resuelto, Venezuela no iba a permitir que Guyana obtuviera su independencia. Entonces los británicos recurrieron una vez más a una negociación y fue ahí se negoció el Acuerdo de Ginebra.

Desde entonces, Venezuela ha sido capaz de obligar a Guyana a hacer ciertas cosas.

Por ejemplo, ocupó la isla de Anacoco, que según el tratado de 1899 es compartida por los dos países, pero Venezuela la ocupó militarmente en 1968. Y en 2013, cuando el barco estadounidense Anadarko hacia exploración sísmica en la plataforma marina, Venezuela capturó la embarcación.

Además, recientemente el congreso venezolano aprobó una ley que dice que el espacio marítimo frente a la costas de Esequibo, Demerara y Berbice, es decir de toda la Guyana, e incluso el que está frente a las costas de Surinam, le pertenecen a Venezuela, y por lo tanto no permitirán perforaciones petroleras en esas áreas.

Esa es una posición ignorante, pues el acuerdo de Ginebra en ninguna parte dice nada sobre el tema del espacio marítimo. Y aunque Venezuela tenga derechos, porque tiene costa, no puede ser que sus derechos marítimos dejen a Guyana y Surinam sin espacio marítimo.

Entonces, aunque la ley dice una cosa, Venezuela ha tenido en el pasado la capacidad de hacer lo que quiera, o casi todo lo que quiere, y ejercer presión militar porque es mucho más poderosa. Dos divisiones del ejército venezolano prácticamente equivalen a toda la población de Guyana.

“Dos divisiones del ejército venezolano prácticamente equivalen a toda la población de Guyana”.

Venezuela tiene casi 40 veces la población de Guyana, pero también un territorio varias veces más grande. Es decir, está tan escasamente poblada como Guyana. Así que es sorprendente que estén peleando por tener más territorio.

Pero claro, habiendo obtenido la boca del Orinoco como parte del acuerdo de 1899, y siendo en la actualidad los dueños de algunos de los terrenos más valiosos del mundo, pero habiéndolos malgastado y dejado a su gente en dificultades, ahora están buscando otros recursos. Eso es lo que está detrás de todo esto.

¿Qué piensa usted que Venezuela consideraría una solución “práctica, pacífica y satisfactoria”, que es lo que mandaba conseguir el acuerdo de Ginebra?

No tengo idea de lo que Venezuela necesita. Y si un país es capaz de firmar un tratado diciendo que van a aceptar el resultado de un proceso como final y definitivo, y luego reniega de ese compromiso, es muy difícil tener fe de que se puede llegar a un acuerdo entre los dos países que vaya a ser honrado.

Por eso es que Guyana en ninguna circunstancia va a aceptar un simple acuerdo bilateral, porque si Venezuela puede romper un tratado que involucraba también a Reino Unido y Estados Unidos, sería muy temerario asumir que podemos trabajar juntos y estructurar un acuerdo hoy que ellos vayan a respetar mañana.

Entonces no sé. Sólo sé lo que dice el derecho internacional: si firmas un tratado, no puedes unilateralmente renegar ese tratado, ninguna solución práctica puede permitirles renegar de ese tratado.

Podemos hablar de todo lo demás que ellos quieran, pero los derechos consagrados en el Acuerdo de Ginebra no pueden ser renunciados.

Venezuela sostiene, sin embargo, que el proceso de arbitraje estuvo viciado…

Eso es un disparate total.

¿Ya sabe a qué me refiero, no? La carta, las acusaciones de colusión…

Sí, pero para empezar, si usted cree que los dos somos los beneficiarios de una decisión que está viciada, usted no puede tomar la parte de la decisión que lo beneficia a usted -en este caso la de quedarse con el Orinoco, su cuenca y la ribera oriental (del río Cuyuní)-, trabajar con ella durante 61 años y una mañana levantarse y decir ‘¿Saben qué? Quiero todo lo demás. Y vamos a exigir lo demás’.

Uno tiene que ir a un cuerpo independiente y que ese cuerpo independiente tome una decisión.

En cuanto a las alegaciones de que el tratado estuvo sesgado y que los venezolanos no estaban representados en el panel de arbitraje, déjeme decirle esto: los venezolanos eligieron a sus representantes en el panel.

Y como fue Estados Unidos el que forzó a que Reino Unido se sentara a la mesa de negociación Venezuela eligió a un expresidente de la Corte Suprema de EE.UU. ¡Y su abogado era un expresidente de EE.UU.! ¡No se puede conseguir más músculo legal que eso! Venezuela ciertamente no tenía esa capacidad en esa época. Pero tenía representantes.

Por lo demás, el hombre que luego hizo las alegaciones que alimentan el argumento venezolano -que el laudo arbitral estaba sesgado porque debería haberle dado a Venezuela ya fuera todo o nada, que es un argumento ridículo-, ese hombre (Severo Mallet Prevost) hacía parte el panel y en su momento, en 1899, dijo que era justo. Eso está documentado en reportes de Reuters, de The Times.

O sea que dejó que pasaran cuarenta y pico de años, casi 50 para escribir una carta, diciendo que la misma no debía ser abierta sino hasta después de su muerte. Y cuando abrieron la carta ahí se afirmaba que (Federik) De Martens -quien era el presidente del tribunal y estuvo nominado al premio Nobel de la paz por sus esfuerzos como mediador en la segunda mitad del siglo XIX- se había coludido con los británicos…

Ahora, está bien hacer esas acusaciones, Pero ¿por qué no las hizo cuando estaba vivo? ¿Y por qué esperó hasta después de haber recibido una condecoración de Venezuela, poco antes de morir? ¿Por qué no le dio una oportunidad de defenderse a las personas que participaron en el acuerdo?

Es absolutamente ridículo. Y durante todo el tiempo en el que Venezuela ha esgrimido ese argumento, Venezuela jamás ha proporcionado ninguna prueba de que esa colusión se produjo o que en alguna manera afectó la justicia del acuerdo.

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