Fincen: La “CIA financiera” que destapó el lavado de dinero en Andorra

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El pasado 10 de marzo, una noticia sacudió el sector bancario de Andorra. La Red de Persecución de los Crímenes Financieros del Departamento del Tesoro de Estados Unidos (Fincen, en sus siglas en inglés) denunció que Banca Privada d’Andorra (BPA) era un coladero de lavado de dinero del crimen internacional. La medida provocó una escalada de acontecimientos: la intervención del banco por las autoridades andorranas y de su filial en España, Banco Madrid; la dimisión del consejo de administración y la detención de su consejero delegado, Joan Pau Miquel; una fuga de depósitos de los clientes y la imposición de un corralito, y la declaración de la suspensión de pagos de Banco Madrid.

La actuación del Fincen es sólo una muestra de la creciente importancia de la inteligencia financiera de EE.UU. en la lucha contra el crimen. En el pasado, el Departamento del Tesoro apenas contaba en las discusiones sobre la guerra contra organizaciones criminales a nivel global, dominada por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), la Agencia de Inteligencia para la Defensa (DIA) y la Agencia para la Seguridad Nacional (NSA).

Hoy, sin embargo, la inteligencia financiera es clave en casi cualquier investigación criminal, desde la definición y el seguimiento de sanciones a países o personas –desde Irán a Rusia—, la persecución de células terroristas a través de su financiación y de los rastros que deja su dinero, la evaluación del poderío económico de países u organizaciones que podrían ser una amenaza para EE.UU. y el control de la proliferación de actividades nucleares.

En los últimos años se ha disparado el personal del Tesoro americano dedicado a peinar movimientos de dinero sospechosos y rastrear como sabuesos la procedencia de fondos. Se calcula que son 700 agentes, algunos desplegados en lugares de conflicto, que suministran información y colaboran con otras agencias de inteligencia.

La inteligencia financiera «ha abierto un nuevo campo de batalla para EE.UU., en el que podemos perseguir a aquellos que pretenden hacernos daño sin poner a nuestras tropas en peligro o usar armas mortales», dijo el pasado junio en un discurso el secretario del Tesoro, Jack Lew.

El 11-S, un punto de inflexión

La prosperidad de recursos y el alcance de la inteligencia financiera fueron propiciados por los atentados del 11-S y las leyes antiterroristas que le siguieron, como la Patriot Act, que dieron mucho poder a las autoridades para acceder a la información financiera de individuos y organizaciones.

Con Obama, el papel de la inteligencia financiera no se ha relajado, sino que incluso ha ganado protagonismo, en un momento en el que el presidente prefiere usar cualquier estrategia antes que el uso de la fuerza militar. «Las sanciones financieras se han convertido en la primera respuesta en las crisis políticas internacionales», aseguró a Bloomberg Eric Sorber, un exempleado del Tesoro que ahora trabaja como abogado especialista en sanciones para la firma Gibson, Duna & Crutcher. «Para el presidente es muy fácil imponerlas, tienen gran capacidad de presión y limitan los efectos colaterales», dijo.

La imagen popular sobre operaciones de inteligencia tiene más que ver con espías al estilo de James Bond desbaratando ataques secretos de rusos y chinos. «En parte es todavía así y no hay que quitarle importancia», dijo al mismo medio financiero Christopher Swift, que antes investigaba la financiación de grupos terroristas para el Departamento del Tesoro y ahora es profesor de la Universidad de Georgetown. «Pero si miras qué tipo de organizaciones a nivel global son un problema para EE.UU. y sus aliados, muchas son actores no estatales, como sindicatos del crimen, del tráfico de drogas o del terrorismo internacional y la mejor manera de entender cómo funcionan esas organizaciones y de hacerles daño es seguir la pista del dinero», aseguró.

El rastro de Gao Ping, Petrov y Venezuela

Precisamente, «seguir la pista del dinero» es el lema del Fincen, dirigida por Jennifer Shasky y dedicada sobre todo al lavado de fondos y a la financiación de grupos terroristas, y que rastrea cerca de un millón de movimientos financieros al año. «La primera motivación de los criminales es ganar dinero, y dejan rastros financieros al tratar de blanquear o gastar sus ganancias», explica en su web. Esas huellas son las que siguieron los agentes del Fincen para establecer la relación entre los fondos manejados en BPA con Gao Ping, altos cargos de Venezuela y el ruso Andrei Petrov, a quien las autoridades estadounidenses relacionan con Semion Mogilevich, colocado en la lista de los diez fugitivos más buscados por el FBI.

Cuando se anunciaron las medidas contra BPA, la directora del Fincen se apresuró a felicitar a otros organismos que habían colaborado en la investigación, como la sección de confiscación de activos y blanqueo de dinero del Departamento de Justicia, la fiscalía, el departamento de Inmigración y Aduanas y la unidad de investigación criminal del IRS –el organismo recaudador de impuestos de EE.UU.. Esto da una idea de la diversidad de entidades que participan en estas operaciones.

La última muestra del creciente peso de la inteligencia financiera se produjo el pasado febrero, cuando David Cohen, hasta entonces subsecretario del Tesoro para terrorismo e inteligencia financiera, tomó posesión como vicedirector de la CIA, segundo en la jerarquía de la agencia. Era la primera vez que alguien proveniente del Tesoro recalaba en una posición de ese rango. Hace no tantos años, a los que seguían la pista del dinero apenas se les dejaba entrar en las reuniones importantes sobre inteligencia.

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