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Nicolás Maduro no cumple todavía dos meses en el poder pero ya sabe bastante bien que en el exterior puede conseguir algo de la legitimidad y de la gobernabilidad que escasean —como tantos otros bienes de primera necesidad— en Venezuela. Más que una bendición, eso es lo que va a buscar el próximo 17 de junio en la Ciudad del Vaticano, cuando será recibido en audiencia papal por el papa Francisco, en el marco de su cuarta gira internacional.

El sucesor designado por Hugo Chávez en la presidencia, electo por los votos el pasado 14 de abril en unos comicios cuyos resultados la oposición desconoce, no las tiene consigo en un inicio de gestión por demás turbulento. El desabastecimiento crónico de alimentos y artículos de uso diario, la inflación más aguda del hemisferio, el rebrote de la delincuencia que desafía los planes de seguridad ciudadana, amenazan con convertirse en azotes crónicos para agravar la endeble situación política de Maduro, cuyo liderazgo es aceptado, a regañadientes y hasta que no se asome mejor opción, por las diversas facciones del oficialismo.

Mientras la estabilidad del proyecto revolucionario siga en juego, el diálogo con sectores hasta ahora tenidos por el gobierno como sediciosos podría resultar conveniente y hasta inevitable. El propio Maduro ha tenido gestos de apertura con representantes de los empresarios más tradicionales, mientras el Canciller Elías Jaua mantenía la semana pasada, en aparentes buenos términos, una reunión con el Secretario de Estado norteamericano, John Kerry.

Por otro lado, mal avenidos con una posible mediación internacional están tanto los líderes del chavismo como de la oposición, llamados a conversar más temprano que tarde para acuerdos de mayor calado, que contarían con la mediación de la iglesia.

Venezuela, aunque formalmente católico, no es un país muy religioso. La autoridad eclesiástica nacional, representada por la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), suele —desde mucho antes del autodenominado proceso bolivariano— emitir pronunciamientos y documentos sobre la situación nacional que con frecuencia le ganaron la antipatía de este y anteriores gobiernos. El comandante Chávez, afecto a las alusiones bíblicas en sus extensos discursos, resintió la crítica de la Iglesia y dedicó duras palabras a los tres cardenales venezolanos con quienes le tocó lidiar, Ignacio Velasco, Rodrigo Castillo Lara y Jorge Urosa, a los que vinculó sin pudor al diablo.

El propio Maduro, entonces ministro de Relaciones Exteriores, definió a mediados de 2010 a la CEV como una “oligarquía eclesial”. “Ahí existe una dictadura interna”, señaló, en un momento de tensiones en medio de la campaña para elegir a parlamentarios, “es la estructura de mando de lo que se llama la jerarquía de la iglesia católica en Venezuela. ¿Quién los elige a ellos? ¿El pueblo católico opina? ¿Los feligreses votan u opinan? Los hombres y mujeres de la estructura interna, los curas de base, las monjas, ¿pueden decidir?”.

Pero ahora la revolución está en apuros y en el trono de San Pedro hay un nuevo Papa.  Latinoamericano, además. La página quedó en blanco para intentar una nueva aproximación, sin prejuicios, entre las dos partes. A través de su cuenta en Twitter, el papa Bergoglio manifestó, luego de las elecciones del 14 de abril, su preocupación por “el momento de grave dificultad que el país está atravesando” y el 19 de marzo recibió al número dos del chavismo, Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional. El ambiente luce propicio para que el gobierno venezolano encuentre oídos e interlocución en la Santa Sede aunque —como bien sabe la presidenta Cristina Fernández en Argentina— no necesariamente solidaridad.

El anuncio de la visita lo hizo la oficina de prensa del Vaticano y, al momento de cerrar esta nota, ni el gobierno venezolano ni la conferencia episcopal habían reaccionado desde Venezuela. La inusual prudencia de aquel refleja su interés en que no se empañe una ocasión que, como mínimo, podría desalentar a la oposición venezolana, empantanada en una espera sin aparente fin por que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) acepte y decida sobre la impugnación de los resultados electorales de abril que presentó.

También se supo que el 18 de junio, día siguiente a la visita presidencial, el diputado venezolano opositor Edgar Zambrano será recibido por el Papa Francisco. Zambrano, dirigente del socialdemócrata y antes hegemónico partido Acción Democrática, impulsa desde hace meses una amnistía de los presos políticos en Venezuela, motivo por el que desarrolla una agenda de reuniones con autoridades gubernamentales, y líderes de opinión.

Fuente: El País (España)