Comienza una nueva era política en Venezuela.

Es urgente un entendimiento nacional, de lo contrario al país se lo llevará el demonio, con consecuencias fatales para todo el mundo

Está comenzando una nueva era en la política venezolana, lo cual ha sorprendido fuera de base a la mayoría de los políticos. El chavismo está peligrosamente nervioso (y con mucha razón), pero lo grave es que están haciendo análisis tendenciosos de los preceptos constitucionales. Y los opositores, por su lado, siguen dando palos de ciego (también con mucha razón).

Es equivocado subestimar al chavismo sin Chávez

A decir verdad, era irrelevante, desde el punto de vista político, discutir si Chávez tomaba o no posesión de su cargo el 10 de Enero (todos tenemos derecho a enfermarnos). Lo relevante ha sido definir si volverá o no a la presidencia. Ese debió ser el foco. Y pudo resolverse a partir de un plano de diálogo sincero. Yo creo lo mismo que todo el mundo, que Chávez no volverá a la presidencia. Deseo sinceramente su recuperación, pero todas las señales apuntan a lo contrario. Y de ser así, el chavismo está en graves aprietos sin su líder absoluto (nadie aun en el PSUV tiene el mismo fuelle para reemplazarlo a corto plazo).

El PSUV no es hoy lo que era la AD de los sesenta, cuando Rómulo Betancourt se retiró sin pensar en la reelección. Su ausencia no significó ningún trauma, pues éste se esforzó por construir un partido con liderazgo colectivo (lo cual garantizó la sobrevivencia de AD durante muchos años más), mientras que Chávez enfocó toda su acción política alrededor de su liderazgo personal, olvidando su condición de mortal, y que la vida nos juega a veces celadas amargas e inmerecidas. Craso error que más nunca debe cometer ninguna organización política. Hoy en el PSUV están de carreras, y tratando de ganar tiempo para que la ausencia de su líder no los sepulte.

Quizás al chavismo le convendría ir a elecciones lo más pronto posible, aprovechando el impulso de las victorias presidencial y regionales, y colateralmente sacar ganancias a la desmoralización opositora por las recientes derrotas, y evitando que los pasivos gubernamentales heredados por Maduro hagan explosión en los próximos meses y tenga que enfrentarlos sin el liderazgo que ha tenido Chávez.

Otra posibilidad es que Nicolás Maduro asuma el gobierno y comience a desplegar acciones que levanten su popularidad y liderazgo, y llegue a una elecciones dentro de varios meses ya posicionado. Es factible, y al parecer ha sido la decisión del alto chavismo. Lo cierto de todo, es que el chavismo no las tiene fácil.

Sin embargo, es necesario resaltar que algunos factores de la Oposición podrían estar cometiendo graves errores de cálculo, al subestimar al chavismo sin Chávez. El Chavismo, a estas alturas del juego político, ya comienza a trascender a Hugo Chávez. Hoy constituye una de las burocracia estatales más voluminosas del mundo. Han empoderado política, financiera y organizativamente a millares de líderes naturales de los barrios, quienes tienen en sus manos poder de decisión para otorgar beneficios directos al pueblo. A decir verdad, el poder en Venezuela ha terminado desparramándose y “estructurándose como parcelas semifeudales, débilmente enlazadas, y cada una con su vida propia”, tal como lo define Graham Allison al hablar del poder real en cualquier lugar del planeta. Eso pesa mucho a la hora de unas elecciones.

Desde hace un buen tiempo vengo diciendo que Chávez ha sido dueño del discurso más no del poder, porque éste ha estado en manos de sopotocientos intereses creados, donde casi todo el mundo le dice sí a Chávez, se ponen las gorras y franelas rojas, y terminan haciendo lo que les conviene personalmente. Es una de las tragedias políticas del proceso chavista, a la vez que su mayor fortaleza electoral en este momento ante la ausencia del líder.

Por eso, por razones de poder propio, por razones de sobrevivencia política, entre otras muchas razones, se pusieron de acuerdo Diosdado Cabello y Nicolás Maduro. Todos tienen intereses “semifeudales” que defender, amén de sus propias posturas políticas, lo cual garantiza la unidad del chavismo en los escenarios que se avecinan.

Creo que el chavismo, con Nicolás Maduro a la cabeza, y con el oportuno entendimiento entre éste y Diosdado Cabello, tiene mucho juego por delante. No doy por sentado que la ausencia de Chávez allane el camino para una fácil victoria opositora.

El reto opositor no es electoral sino político

A la oposición, por su parte, no le conviene unas elecciones inmediatas: no tiene un candidato definido, la organización opositora aun no iguala a la chavista, y finalmente los factores de la oposición aun no terminan de entender que su mayor reto para derrotar al chavismo no es electoral sino político y de liderazgos, sobre todo en los sectores que representan a la mayoría nacional: los pobres, los excluidos. Eso no se construye en tres meses. Así que tampoco la Oposición las tiene fácil.

Entonces ¿para qué tantas presiones opositoras? ¿Para qué tanto apuro? ¿Es porque se los dice el formato estratégico sobre el cual vienen cabalgando desde hace 15 años, y que no les ha funcionado jamás?

Si los líderes opositores aceptaran consejos, yo aconsejaría un diálogo constructivo con un adversario que ya comprende que su futuro también entra en un hueco oscuro en materia de liderazgos (el mismo en el que se encuentra la oposición), y por tanto ambos están igualmente obligados a dialogar sobre temas clave de la nación (y claro, sin espacios para las negociaciones subalternas). Es necesario brindar sosiego al país, y dar chance para que todo el mundo rehaga su juego.

Es urgente un entendimiento nacional

El primer acuerdo consiste en moderar las presiones sobre la salud del presidente Chávez. Eso ya está en manos de Dios. Y hay que respetarlo.

En segundo lugar, es urgente un entendimiento nacional para enfrentar tres temas importantes (la inseguridad, la educación, y la economía) y generar en torno a ello políticas de estado basados en el consenso de todos los factores políticos. De lo contrario, todos sin excepción pagaremos las consecuencias (de hecho ya las estamos pagando). La crisis en estos tres escenarios es ya insostenible. Incluí a la educación porque debemos reconocer que la educación es la más poderosa herramienta para salir de la pobreza (que es mayor de lo que las cifras oficiales revelan), y nuestras escuelas siguen siendo mediocres e inmerecidas para una Venezuela que ha tenido muchos recursos para emprender una profunda revolución en este campo.

En tercer lugar, es necesario acudir a las próximas elecciones municipales con un ambiente de relativa normalidad. Por cierto, estas elecciones son clave para una oposición que ha quedado menguada en las posiciones de poder regional y local.

Creo que sí es posible este entendimiento. Las contradicciones del campo político venezolano no son antagónicas en su esencia. Ningún bloque confrontado resiste un serio y sincero análisis al respecto. Lo apuesto. Creo que lo más antagónico y lo que nos divide son las parcelas semifeudales del poder. Eso es comprensible. Así es en todas partes. Lo que no ocurre en todas partes, y es incomprensible e imperdonable, es que no haya espacios para la madurez, para la racionalidad política, para entender cuándo hay que parar y pensar en todo un país.

Venezuela comienza una nueva era política

El chavismo sin Chávez, sin duda, ya no será el mismo de ayer, y la oposición tampoco puede ser la misma de ayer. El gobierno chavista requiere urgentes rectificaciones. El país se sostiene a punta de petrodólares y de maquillajes. El PSUV debe comenzar a desarrollar un liderazgo colectivo alejado del mesianismo (eso sólo lo pudo lograr Chávez y no volverá a repetirse) y renunciar a algunos propósitos revolucionarios que ya pertenecen al cementerio de las ideas fracasadas. Tienen por delante un bonito reto político. Trece años después, les llegó la hora de hacer un alto en el camino y generar rectificaciones donde haya que hacerlas.

La oposición, por su parte, debe redefinirse, mejor dicho, los partidos políticos que conforman la oposición deben recrearse, algunos deben nacer de nuevo, otros deben reencontrarse con sus postulados originarios, y quizás otros deban desaparecer, especialmente los que nacieron como plataformas para promocionar liderazgos individuales, o para negociados de cuotas de poder. Las atascamientos políticos y la crisis de liderazgo son las principales razones que impiden las victorias electorales de la Oposición. Mientras no comprendan esto, seguirán mordiendo el polvo de las derrotas. Y la peor conducta que deben asumir (algunos al parecer así lo están haciendo) es tener que sentarse a esperar que el enemigo se divida o que sus líderes se mueran para poder respirar algunos miserables éxitos.

Lo que puede venir

Si ambos, chavistas y opositores, no comprenden sus propias limitaciones a partir de estos momentos de incertidumbre política, si no entienden la necesidad de practicar la calma y la cordura en instantes de trascendencia histórica, y entablan conversaciones inteligentes, con elevadas dosis de madurez política, y sin necesidad que nadie renuncie a sus principios y banderas, Venezuela entrará en un peligroso juego de confrontaciones donde todo se puede ir al demonio, con consecuencias fatales para todo el mundo, y donde ambos bloques serán responsables. La Oposición debe asimilar que los vientos soplan a su favor si sabe hacer lo correcto, y que no por madrugar amanecerá más temprano. Todo tiene su tiempo.

Ambos deben tener presente a Napoléon Bonaparte cuando dijo a su edecán, “póngame las botas despacio porque voy de prisa”.

Las emociones son comprensibles y perdonables para el común de los ciudadanos pero son incomprensibles e imperdonables para líderes que están obligados a marchar con cabeza fría y con los neuronas bien entrelazadas.

Venezuela tiene una gran oportunidad histórica que no debemos perder.

Digo yo.

Publicado en:  América Group-Datincorp 

por Jesús Seguías