Lo cometido por la Asamblea y el TSJ es sumamente desagradable. Ofrece una imagen deplorable de Venezuela. A veces en la vida de un pueblo sucede que sus ciudadanos no tengan más ganas de pertenecer a su país. El clima que reina en estos momentos es irrespirable. La democracia dentro de la revolución bolivariana, es solo una leyenda. Lo peor es que para bien o para mal, muchos parecían acostumbrados a hacerse un espacio más mercantil que ciudadano. Hoy la intolerancia, la incivilidad, la agresividad, en fin, esa forma perversa de violencia política, ha contaminado la relación social. Las dificultades, que se van agravando con la crisis económica, no son un espejismo. Esa no es la razón única que explica el malestar. Los venezolanos viven actualmente la política con una pasión malsana y un espíritu de revancha que se parece a una remembranza de los principios del siglo XX que a una inquietud por el futuro.

Los políticos tienen mucha culpa de dicho fenómeno. Mucho se le reprochó a CAP II, de haber alterado el humor cívico de los venezolanos. Quizás, aunque lo hizo con otra intención, para tratar de sacar al país del letargo en el que se encontraba. Para despertar conciencias y ponerlas al servicio del Estado. En cambio, el bolichavismo tiene otro proceder histórico, ellos invocan las conciencias revolucionarias y en prioridad un falso dogma socialista, excavando en los sótanos de la envidia, el complejo y el odio.

Precedentes regionales de éste tipo de estrategia secular están todos en la Cuba de los hermanos Castro. Lamentablemente dicha fuente parece no secarse.

Pero volviendo a la culpabilidad de los políticos. Capriles hoy luce como esos líderes que todo lo hacen diferente. No es que sea impredecible, sino incomprensible. Nunca se tiene a sus ojos ni la paciencia suficiente. Ni la visión necesaria. La habilidad y el coraje político, no son sus carburantes, pero tampoco quiere que sean los carburantes de una sociedad.

Capriles, sabía mejor que nadie, porque ha tenido 13 años para verlo bien de cerca, que en la política hasta lo más detestable puede ser necesario cuando se trata de conquistar el poder. Pero el joven político, prefiere resumir su discurso a una lista de símbolos convencionales de la más elemental buena voluntad.

La historia contemporánea conoció de políticos con méritos eminentes que fueron puestos al servicio de toda la nación. Ninguno de ellos le dio la espalda a los valores fundamentales que conforman y sostienen a la República. Pedirle a un usurpador del poder, que gobierne, que haga su trabajo, no es un discurso ético.

Felizmente, dentro del drama, ningún otro líder político, ni líder estudiantil, ni ningún hacedor de opinión -de los serios- retomaron las incomprensibles palabras de Capriles cuando éste trató de explicarle a los venezolanos que no había nada que hacer ante el más reciente de los golpes de Estado del régimen bolichavista.

 

@LDeLION

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