No al usurpador por Luis De Lion
Lo cometido por la Asamblea y el TSJ es sumamente desagradable. Ofrece una imagen deplorable de Venezuela. A veces en la vida de un pueblo sucede que sus ciudadanos no tengan más ganas de pertenecer a su paÃs. El clima que reina en estos momentos es irrespirable. La democracia dentro de la revolución bolivariana, es solo una leyenda. Lo peor es que para bien o para mal, muchos parecÃan acostumbrados a hacerse un espacio más mercantil que ciudadano. Hoy la intolerancia, la incivilidad, la agresividad, en fin, esa forma perversa de violencia polÃtica, ha contaminado la relación social. Las dificultades, que se van agravando con la crisis económica, no son un espejismo. Esa no es la razón única que explica el malestar. Los venezolanos viven actualmente la polÃtica con una pasión malsana y un espÃritu de revancha que se parece a una remembranza de los principios del siglo XX que a una inquietud por el futuro.
Los polÃticos tienen mucha culpa de dicho fenómeno. Mucho se le reprochó a CAP II, de haber alterado el humor cÃvico de los venezolanos. Quizás, aunque lo hizo con otra intención, para tratar de sacar al paÃs del letargo en el que se encontraba. Para despertar conciencias y ponerlas al servicio del Estado. En cambio, el bolichavismo tiene otro proceder histórico, ellos invocan las conciencias revolucionarias y en prioridad un falso dogma socialista, excavando en los sótanos de la envidia, el complejo y el odio.
Precedentes regionales de éste tipo de estrategia secular están todos en la Cuba de los hermanos Castro. Lamentablemente dicha fuente parece no secarse.
Pero volviendo a la culpabilidad de los polÃticos. Capriles hoy luce como esos lÃderes que todo lo hacen diferente. No es que sea impredecible, sino incomprensible. Nunca se tiene a sus ojos ni la paciencia suficiente. Ni la visión necesaria. La habilidad y el coraje polÃtico, no son sus carburantes, pero tampoco quiere que sean los carburantes de una sociedad.
Capriles, sabÃa mejor que nadie, porque ha tenido 13 años para verlo bien de cerca, que en la polÃtica hasta lo más detestable puede ser necesario cuando se trata de conquistar el poder. Pero el joven polÃtico, prefiere resumir su discurso a una lista de sÃmbolos convencionales de la más elemental buena voluntad.
La historia contemporánea conoció de polÃticos con méritos eminentes que fueron puestos al servicio de toda la nación. Ninguno de ellos le dio la espalda a los valores fundamentales que conforman y sostienen a la República. Pedirle a un usurpador del poder, que gobierne, que haga su trabajo, no es un discurso ético.
Felizmente, dentro del drama, ningún otro lÃder polÃtico, ni lÃder estudiantil, ni ningún hacedor de opinión -de los serios- retomaron las incomprensibles palabras de Capriles cuando éste trató de explicarle a los venezolanos que no habÃa nada que hacer ante el más reciente de los golpes de Estado del régimen bolichavista.
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