Los arbolitos de navidad y las hallacas, todo es ya parte del pasado. 2012 se terminó bajo un clima político funesto, y 2013 se anuncia bajo perspectivas morosas. Venezuela eligió hace apenas tres meses un presidente que ya no lo es. No hay jefe de Estado encabezando al Estado. En la vicepresidencia, el campeón autoproclamado de la unión, del reforzamiento del socialismo del siglo XXI, en fin el poseedor y transmisor de la verdad. Son sus propias palabras. Pequeño detalle, ni ha logrado poner en marcha a su gobierno y mucho menos ha puesto orden dentro de sus propias filas. Con mayor razón, no lo ha logrado con el país, más dividido que de costumbre, acera contra acera.

La Asamblea Nacional tiene un presidente, con reputación de pragmático, pero cuya torpeza y agresividad verbal es tan importante en cada una de sus palabras, que lejos de alcanzar a desmentir la crisis, solo crea un nuevo problema. En cuanto a la Asamblea, ésta parece vivir su vida, indiferente a los principios elementales de cohesión y solidaridad, a los cuales la mayoría “chavista” debe su razón de existir. El PSUV, está políticamente intubado, atravesado por corrientes contradictorias que atentan contra la necesaria unidad gubernamental. Que se puede entonces decir del PCV y otros grupúsculos dentro de la mayoría. Pues no hacen sino desconfiar de los que están encabezando la “Junta”. Ministros en un gabinete y diputados que se contradicen sobre expedientes tan importantes como la gestión presupuestaria. Sorprendente. Ante los ojos impávidos de la opinión pública envían a sus voceros encapuchados bajo fórmulas estadísticas y publicitarias a hablar de devaluación y elecciones. Todos asociados al poder.

En el gobierno, cada quien anda por su lado, los viceministros vacacionan, los ministros se meten zancadillas, se odian, se detestan, desconfían mutuamente, es toda una fábula. Al punto que, algunos hablan de movida de mata y no de los mangos bajitos, sino de ministros de primer plano. Los nombres circulan, las personas como pretexto, se van perdiendo los nervios, se insultan entre ellos, se reproducen comportamientos ambiguos y todos alimentados por los rumores. El daño ya está hecho, porque toda esa gente no está siendo, ni dirigida, ni guiada. No hay jefe a la cabeza del Estado.

La arrogancia del vicepresidente. Nadie en su sano juicio le va a reclamar que no haya enderezado al país en apenas un mes. Pero si al menos hablara con la verdad. Es una arrogancia estúpida, creer que los ciudadanos son necios. Es la ingenuidad del idiota, que cree que los demócratas venezolanos le creen, sus discursos escritos desde La Habana. El acto en la empresa cafetalera fue extremadamente cretino, una bufonada. Estaba escrito por adelantado que la Junta, asumía bajo una extrema crisis. Lo que no parecía tan obvio era que la manera en que estos asumían las riendas solo está sirviendo para agravar dicha crisis. Se empeñan en negar las evidencias y la realidad.

¿Otorgarles confianza? Esperar el viraje, la entrada en razón y la moderación de un político que no es auténtico sino producto de una lobotomía extranjera. Esperar que la falta de autoridad ejecutiva de un teniente, que expresa su impotencia a través de un lenguaje tan absurdo como injurioso, se transforme en acciones política. El vacío de poder, la falta de gobierno es un hecho. Decir que hay que comprender la realidad, pero dudar al momento de entrar en acción, de la toma de conciencia, no atreverse a ir al fondo, de tomar las necesarias como impopulares medidas, permitirle a unos y a otros divagar, a navegar en la ambigüedad y en la torpeza. En resumen, no entender que los ciudadanos piden un líder, que sea fuerte, que sea franco. De momento la Junta, depende de La Habana, duda de sus propios compañeros, no se atreve a levantar la mirada y cree que dándole la espalda a los problemas estos se resolverán por sí solos.

 

@LDeLION

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