La dramática conclusión de ésta desanimada campaña electoral por las regionales se inscribe en la lógica de la derrota opositora de octubre pasado. Bastaba con que Capriles y su partido, no usaran los 6.5 millones de votos de la Unidad para sus ambiciones personales en vísperas uno a, reelegirse en Miranda, el otro en la perspectiva de las presidenciales del 2018. Sin duda un cálculo tan mezquino como prematuro. El autonombrado líder de la “nueva política” mientras saltaba de una campaña electoral hacia otra, olvidó sacar las conclusiones de su derrota, dejó de lado la reflexión y no se atrevió a preparar las condiciones de la recomposición.

Porque de eso trata, de recomponerse. La derrota del 7 de octubre, nos confirmó a muchos, aunque inaudibles, lo que previamente habíamos señalado. Es decir, que si la unidad opositora fue derrotada, se debió en gran medida a la fractura interna que la divide, fisura éste encarnada por el llamado chavismo sin Chávez.

Dicha línea de fractura, opone a unos demócratas con ideas modernas y abiertas, a unos nostálgicos de Chávez del 98, que no reniegan del militarismo, ni del castrismo, ni del populismo más salvaje y desvergonzado que la larga historia del populismo vernáculo haya conocido. Es una definición esquemática, exageradamente personal, pero si las declinaciones existían, por qué el líder de la “política nueva” no tuvo la capacidad política para reunirlas y sacar el mayor provecho electoral. A cambio, prefirió Capriles, evitar la confrontación con Chávez y con ello la radicalización de su campaña. La derrota si duda sancionó dicha escogencia.

Decidiendo irse por las ramas regionales, antes incluso de sacar las conclusiones y el aprendizaje de la derrota del 7 de octubre, Capriles contribuyó a profundizar la fractura. El régimen lo sabe y no perdió un instante para sacarle todo el provecho político posible. A tal punto que, hoy luce irreparable y de alguna manera la Mesa de la Unidad, está en estado de coma.

El movimiento va a tener que reconstituirse, se hará lamentablemente a partir de las ruinas. Mientras tanto, el PSUV, lucirá próspero al lado de los escombros. Pero dicho escenario desértico, xerófilo y hostil, será el alimento inesperado a las esperanzas del centro. Los demócratas venezolanos lucen condenados a encontrar el camino que les permitirá regenerarse entre los extremos y convertirse en la única fuerza legítima de oposición al poder autoritario del castro-chavismo.

La triste actualidad, las derrotas por venir, también anuncian una renovación del mapa político. La derecha, no es la fuerza política que el destructivo marketing del chavismo pretendió hacer creer y que además el chavismo sin Chávez se encargó de vulgarizar. Es evidente que, esa fantasmal derecha no es la fuerza concernida por la evolución de las mentalidades, ni de las esperanzas políticas del venezolano, como tampoco lo son la izquierda, guerrillera, mediática y excluyente.

Si inferimos, que lo que pasa hoy en la derecha, es que la misma no está a la derecha, ¿qué podemos decir de la izquierda? ¿Está exactamente a la izquierda?¿Las ausencias liberales en el discurso de campaña del candidato opositor, son de izquierda? Permítanme dudar, pero no se parece en nada a la socialdemocracia, que conoció Venezuela en su historia reciente, ese famoso matrimonio entre una dosis de socialismo y otra necesaria de liberalismo, que dejó en un extremo a la guerrilla castrista y al otro extremo al golpismo militarista de derecha y en el centro una fuerza ampliamente mayoritaria, esencialmente democrática, republicana y siempre institucional.

La recomposición necesaria, debe comenzar ya.

 

 

@LDeLION

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