La historia y las particularidades de las naciones permiten en muy pocas ocasiones establecer paralelos rigurosos. No obstante, observar las razones de una victoria o de una derrota en un país vecino, y obtener un aprendizaje, son opciones nada despreciables.

No obstante, es inevitable que la curiosidad se incline por el estudio de los secretos de la estrategia ganadora de Obama.

La reelección de Barack Obama el pasado martes 6 de noviembre, sin lugar a dudas, nos coloca más ante un caso de posicionamiento político, que de una fórmula exitosa de comunicación.

Finalmente ha quedado comprobado, que sí es posible ser reelecto a pesar de la crisis, por más severa y profunda que ésta sea. La lista de víctimas políticas de la crisis económica mundial comienza con Brown en Gran Bretaña, Sócrates en Portugal, Berlusconi en Italia, Papandreou en Grecia, Zapatero en España y Sarkozy en Francia, lista por cierto nada exhaustiva. Del lado de los sobrevivientes apenas sobresalen Angela Merkel en Alemania, Harper en Canadá y ahora Obama en los EEUU.

Sin duda rechazo e impopularidad no son tratados de la misma manera en todos los países.

También demostró Obama que se puede ganar una elección segmentando el electorado. Una de las claves del éxito en la campaña electoral 2012 de Obama estuvo en su clara voluntad de dirigirse de forma separada y sucesiva a diferentes segmentos de electores. Hay quienes llaman a eso clientelismo, pero en el caso estadounidense la segmentación fue más allá de las comunidades étnicas. ¿Ese tipo de campaña puede funcionar en otros países? Difícil responder, pero la defensa de las minorías cada vez ocupa más espacio en la oferta político-electoral.

Se puede perder por no haber escogido una línea a seguir.

Muchos analistas encuentran entre las razones de la derrota de Romney sus volteretas y su incapacidad a escoger entre los centristas republicanos y los ultras del Tea Party. Así comparar, no sea razonar, cualquier paralelo que podamos hacer sobre ese punto respecto a una situación de derrota reciente en Venezuela no es fortuita.

Los segundos mandatos son más cortos.

El tiempo apremia, en el caso de Obama dentro de 18 meses tendrán lugar las elecciones de medio-mandato y en 2015 ya habrá comenzado la campaña electoral por las presidenciales del 2016. Relanzar el crecimiento económico, reducir el déficit presupuestario, transmitir confianza a la clase media, adoptar de una vez por todas una ley sobre la inmigración y consolidar la reforma sanitaria. Todo ello, haciendo gala de un amplio espíritu de consenso para así obtener el indispensable apoyo del lado Republicano, el cual sigue siendo mayoría en la Cámara de Representantes. La historia política de los EEUU cuenta que los segundos mandatos casi nunca son positivos, salvo en política extranjera.

 

@LDeLION

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