Las historias de la Historia

En vísperas de iniciarse una nueva experiencia parlamentaria,  vale la pena volver la mirada a la gran  la Asamblea Nacional Constituyente de 1947.   En Venezuela no había votado nunca más del 5% de la población, y el 27 de octubre de 1946 de cada cien ciudadanos, 92 ejercieron su derecho al voto. Fue como el nacimiento de la soberanía popular.

Allí estuvieron representados todos los partidos políticos, porque por primera vez tuvieron representación en el parlamento las minorías. Allí mostraron su talento los grandes líderes de todos los partidos, desde Andrés Eloy Blanco, quien presidió la Asamblea con sabiduría e ingenio, hasta Rafael Caldera y Gustavo Machado. Junto a los comunistas, estaban sacerdotes católicos que manejaron el florete con tanta destreza como los Evangelios. El 5 de julio de 1947 fue proclamada la nueva Constitución. Al final, ateos y cristianos se daban la mano.

Un profesor norteamericano, Austin F. Macdonald (de la Universidad de California)  consideró que la Constitución de 1947 era “el más democrático documento en la historia de la Nación”. Era, en todo caso, el más avanzado en cuanto a contenido y ambiciones sociales de todos los documentos públicos. Pero también el más avanzado en los derechos políticos y en las garantías del ciudadano. La Constitución estableció la elección universal y directa del presidente de la República, negada en la reforma de 1945.

Retengamos  las palabras  inteligentes y sensibles de Andrés Eloy Blanco, en el momento de su promulgación:

“Aquí está, en estas páginas, el objeto primordial de la Revolución. Yo lo saludo y lo juro, como soberano de mi derecho; yo la saludo y la juro, como señora de mi conducta ciudadana. No la ofrecemos al mundo como obra perfecta, pero es hermosa, hermosa como su hermana primogénita. Nació del sufragio universal, contiene las más avanzadas providencias en legislación del trabajo, contiene lo más nuevo en la defensa social; entre sus hojas, con cuatro pétalos abiertos, está la flor de las cuatro libertades”.

El historiador Manuel Caballero escribió en su ensayo sobre El 18 de Octubre:

“Nunca antes en la historia de Venezuela se había logrado generar tanto entusiasmo, tanta mística, tanto deseo de participar. En síntesis, nunca antes una reforma había producido una dinamización de la vida venezolana como el otorgamiento del sufragio universal”.

En vísperas de la experiencia que asumiremos el 5 de enero 2011, debemos invocar el ejemplo de 1947: una Asamblea que ensayó con éxito el pluralismo y que, en medio de la turbulencia de los debates, supo ponerse de acuerdo. La representación de las minorías, ahora negada,  le permitió a los comunistas participar en la Asamblea. Todos respetaron a todos. Esta es la condición fundamental de los parlamentos democráticos.  Desde 1947, nadie pudo  negarle a los venezolanos  el voto popular consagrado entonces por primera vez en la historia.

por SIMÓN ALBERTO CONSALVI (@saconsalvi) para Runrun.es