Joaquín Crespo, el último caudillo militar del liberalismo venezolano por Simón Alberto Consalvi
Ramón J. Velásquez acaba de publicar otro libro sobre el general Joaquín Crespo. Lo llama “el último caudillo militar del liberalismo”. (Ediciones Teura, 2011). Es un conjunto de ensayos sobre una etapa fundamental de la historia venezolana. En sus páginas de cruzan y entrecruzan el caudillo histórico Antonio Guzmán Blanco y quien habría de suplantarlo en la rueda del tiempo, pues en efecto, Crespo pasó de guardián del poder del “Ilustre Americano” a enterrador. Guzmán se quedó en París mientras aquí reinaba Crespo. Y reinó con tanto poder que impuso a su sucesor, el general Ignacio Andrade, en uno de los más plebeyos fraudes de que se tiene noticia, e impidió el ascenso al poder del vencedor José Manuel Hernández.
Crespo calculó que Andrade le devolvería el poder al amanecer del siglo XX. Pero sucedió lo inesperado: el destino le guardaba una celada. Como a Ezequiel Zamora 38 años antes, una bala misteriosa acabó con su vida, dejando en la orfandad al Presidente que él había escogido. Dos balas enigmáticas que torcieron la historia. Si Zamora hubiera vivido, si a Crespo no lo hubieran asesinado, otros gallos habrían cantado. Crespo nació en Aragua en 1841 y murió en Cojedes en 1898, vaya, ¡igual que Zamora! Fue dos veces presidente de la República (1884-86 y 1892-98), y cuando impuso a Ignacio Andrade como presidente (1898) no albergaba otro propósito que volver en 1902. Quería jinetear también el siglo XX. Muerto Crespo, Andrade quedó huérfano, y en 1899 lo derrocó Cipriano Castro.
En estas páginas el doctor Velásquez retrata otra figura de la época que define la sociedad y sus abismos en la última década decimonónica: el famoso Telmo Romero, a quien llama “el brujo del crespismo”. Crespo, hijo de brujo, cayó en las redes de otro brujo. “Aventuras caraqueñas del curandero tachirense Telmo Romero (1884-1887” es el subtitulo del libro porque, en efecto, comparte con el caudillo militar las muchas páginas de esta obra. Vale la pena dejar la historia y milagros del brujo que estuvo a punto de ser rector de la Universidad Central para una próxima nota. Don Telmo nos da la medida de aquellos abismos.
@SAConsalvi














