La historia y sus historias

El doctor José Vargas, gran médico formado en Inglaterra, designado por Bolívar en 1827 rector de la Universidad Central de Venezuela, primer médico en ocupar el cargo. Fue elegido Presidente de la República en 1835 para suceder al general Páez. Resultó ser uno de los episodios más inexplicables de la historia venezolana. En 200 años, Vargas tiene el récord de haber sido elegido contra su voluntad.

El médico se fatigó insistiendo que no era el candidato adecuado para suceder al gran caudillo que era Páez. Le dirigió varias notas al Congreso advirtiéndoles que no sería buena idea elegirlo. Que no tenía las condiciones que exige el ejercicio de la presidencia. Fracasó en sus ruegos, y fue elegido. El 9 de febrero de 1835,  a las 11 de la mañana, José Vargas tomó posesión de la Presidencia de Venezuela. “Alto y vistoso de cuerpo, iba vestido a la usanza ceremonial de principios del siglo, es decir, frac negro, calzón corto del mismo color ajustado en la rodilla con un lazo de cinta, medias de seda negras y zapatos de corte bajo”.

El hecho de que un civil ascendiera a la presidencia escandalizó a los militares, y, en especial a los grandes generales de la Independencia que regresaron a Venezuela y se encontraron con una situación que amenazaba marginarlos para siempre. La Constitución de 1830 había eliminado el fuero militar, lo cual contribuía a hacerlos sentir carentes de todo reconocimiento. No importaron los esfuerzos civilizatorios de Vargas, el clima político se fue caldeando, y la conspiración dejó de ser secreto.

La noche del 7 de julio los generales tomaron los cuarteles y rodearon la residencia del Presidente. Al amanecer del 8 un comando a la orden del coronel Pedro Carujo, una pistola en cada mano, le pidió al Presidente que renunciara. Vargas se negó. Los militares le presentaron un ultimátum de 9 puntos que de haberlos aceptado habría sido un precedente muy trágico. Le pedían que nombrara un grupo de notables que convocara a una Convención y que una vez reunida, el Presidente presentara su renuncia. Y que designara al general Mariño jefe de las fuerzas militares.

Vargas lanzó un manifiesto a la nación, denunciando el atropello. Los militares lo detuvieron junto con el vicepresidente Andrés Narvarte y lo expulsaron del país, rumbo a la isla de Saint Thomas. Páez se impuso, y logró restablecer al Presidente. No obstante, las tensiones persistieron y ya no eran sólo los militares sino también civiles los que contribuyeron a hacer imposible aquel ensayo de gobierno civil.

Obstinado y fatigado, Vargas renunció ante el Congreso de manera irrevocable y el 24 de marzo de 1836 le hizo entrega al vicepresidente Narvarte, y el 14 de abril, presentó al Congreso su dimisión final. El Presidente civil apenas logró sobrevivir un año en el poder. Nadie se explica por qué fue elegido. Quizás una secreta   maniobra del propio Páez para mantener a raya sus pares, los generales de Bolívar y de las guerras que viajaron tan lejos como el Perú y regresaron con las manos vacías. Muchos laureles, nada mara hacer el mercado. Sólo había tres generales ricos, Mariño, por herencia, Monagas y Páez.

Vargas regresó tranquilo a sus afanes de médico y educador. Fue director general de Instrucción Pública, miembro de la Sociedad Económica Amigos del País, y senador de la República en varias ocasiones. Le tocó suceder al gran caudillo, y esto fue un ensayo prematuro. Pasarían alrededor de 50 años para que otro civil ascendiera a la presidencia, y eso por cortesía del Ilustre Americano, general Guzmán Blanco.

SIMÓN ALBERTO CONSALVI