La oposición decidió reducir su estrategia política a únicamente lo electoral, a pesar  del árbitro en contra. Por tanto, del juego político no es líder, sino seguidor. Por otro lado, Maduro, el ungido, depende de Chávez; así que, sólo tendrá poder mientras éste esté. Pero, ¿qué vendría entonces? Uno esperaría, Diosdado, el representante del ala militar y del poder de facto, precisamente, el sector que maneja 10 gobernaciones y parte del país. El poder político en Venezuela estaría, así, en manos del Estado cubano, por un lado, y, por el otro, del sector militar. Lo que no sabemos es si este último es nacionalista o negociaría con Cuba, traicionando al país.

Mientras Chávez esté presente, en el juego político entre Diosdado (los militares) y Maduro (Cuba), mayor será el grado de interés común (i.e. mantener unido al chavismo) que el grado de conflicto de interés (i.e. quién ha de suceder a Chávez en Miraflores). Pero, cuando deje de estarlo, las cosas serán al revés, causando un dilema para el chavismo (i.e. su división). Sin duda, todo dependerá de la ambición de los militares, quienes tendrían la oportunidad de acabar con la opresión cubana y reencausar al país (si lo hacen o no es otra historia).

Quien escribe prefiere a un demócrata y, en particular, a un civil, en el poder. Pero, seamos realistas, con el actual CNE, los sindicatos, gremios, e instituciones en el piso, y sin protesta pacífica que nos permita figurar, ¿qué chance hay de que eso pueda ocurrir?

Estamos hablando de la opresión cubana y un sistema que saquea al país. En particular, unos 19 mil millones de dólares al año, o más de un 25% de nuestras exportaciones. Llegado el momento, opositores y chavistas, deberá esto ser razón suficiente para, finalmente, reunificar al país.

 

Ángel García Banchs

@garciabanchs

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