La Operación “Plomo Fundido”, unánimemente condenada por la comunidad internacional por las nefastas consecuencias humanitarias que provocó hace ya cuatro años, luce como un triste recuerdo cuya sombra vuelve a planear sobre la mítica Tierra Santa, acostumbrada a vivir las penurias de encarnizados conflictos, cuya razón de ser se pierde en los anales de la historia y se funde con contradictorios y mezquinos intereses de los más radicales.

La reciente crisis que se desarrolla en vivo mientras estas líneas son escritas, son el colofón perfecto a un proceso de paz muchas veces estancado a propósito por falta de voluntad y de ideas. Un proceso que se ha reinventado a sí mismo tantas veces, que ya nadie sabe con certeza de hecho si en verdad, hay tal cosa como un proceso de paz.

Conversaciones van y vienen y las partes del conflicto palestino-israelí cual juego de ajedrez, mueven sus piezas sobre el terreno y fuera de él -en el ámbito diplomático- para tratar de torcer la situación a su favor.

La extrema derecha judía israelí busca como siempre, pescar en río revuelto y los llamados “halcones de la guerra” buscan el mínimo pretexto para involucrar a su país, de nuevo, en hostilidad armada, dejando para un lejano después toda posibilidad de arreglo pacífico con sus vecinos. Si a ello sumamos la derrota del candidato republicano en las elecciones de Estados Unidos (que hubiese garantizado un mayor respaldo de Washington a Israel) y el hecho de que en apenas dos meses habrá elecciones anticipadas en el mismo Israel, genera un caldo de cultivo peligroso.

En el otro extremo, el radicalismo islámico de Hamas apoyado por integristas libaneses de Hezbollah y más allá por el régimen teocrático persa, insiste en bloquear la unidad intrapalestina debilitando la propia cohesión de Palestina y por ende, la posibilidad de tener una sola voz ante la comunidad internacional -si bien, hay que destacar, quienes gobiernan Gaza poseen poco o ningún apoyo más allá de las fronteras de la Franja- con excepción quizás de Egipto, al otro lado de la frontera. Hamas se aprovecha del resentimiento, del odio que ayuda a inflar. Se aprovecha de las necesidades del pueblo de Gaza, sujeto a un criminal y condenable bloqueo.

Vemos entonces con estupor como los ultras de uno y otro bando convergen en esta sinfonía del caos donde la reconciliación aparece como una utopía onírica imposible de alcanzar. Diferencias políticas, ideológicas y religiosas, se unen para cristalizar la teoría del ”choque de civilizaciones”. Y mientras, quienes más sufren, son los que poco o nada tienen que ver con el conflicto. Aquellos que solo quieren vivir en paz. Por un lado, los israelíes tienen derecho a la seguridad y a no vivir bajo la amenaza constante de una lluvia de cohetes o de atentados terroristas.

Los palestinos por su lado, tienen el derecho, que se les ha negado recurrentemente, de ejercer su derecho a la autodeterminación y ejercer su soberanía de forma plena para alcanzar su desarrollo. Amén del hecho de que los “ataques quirúrgicos” ejecutados por Israel suelen tener importantes daños colaterales que dejan víctimas fatales y heridos. Ataques que si bien justificados por la agresión desde Hamas, en nada justifican, valga la redundancia, que sufran los civiles que ya de por sí viven en condiciones infrahumanas.

Un dato digno de destacar es que Tel Aviv, el corazón mismo de la actividad política y económica de Israel, sea blanco de ataques, algo que no ocurría desde hacía más de dos décadas. El temor de una guerra a gran escala crece. Israel moviliza decenas de miles de efectivos militares y reservistas. El fundamentalismo islámico llama a la ”resistencia” y a “sepultar en el infierno” a Israel. La Tierra Santa sucumbe ante el interés de unos pocos de alentar odios ancestrales con intereses políticos y estratégicos más que evidentes.

En paralelo, y esto no es para nada una coincidencia, Palestina busca cambiar su estatus en las Naciones Unidas para que se le deje de considerar como una “entidad” y se le reconozca su carácter de ”Estado”, aunque siga siendo observador permanente de dicho organismo internacional. Israel busca evitar la votación en la Asamblea General y dilatar dicho proceso lo más que se pueda, advertencias de represalias por delante. Hamas, busca estar representada en todo esto siendo que la Autoridad Nacional Palestina (es decir, al Fatah) es quien lleva la voz cantante. Nada es por casualidad…

Omar Hernández
Internacionalista
@omarhUN