¡Long live videojuegos! El cine ha muerto por Javier Melero De Luca
Este artículo es al menos para dos públicos distintos: el grupo de personas para quienes los nombres GTA, Diablo y Halo son marcas de carros; y el grupo para quienes los nombres Cabiria, Casablanca y El Padrino son restaurantes mediterráneos o, si acaso, preguntas incómodas de Quién quiere ser millonario en su versión juego de mesa.
El tema de este artículo es lidiar con la pretensión de que “el cine ha muerto” y que el asesino han sido los videojuegos (si el asunto te agarra fuera de base o te parece completamente exagerado, probablemente estés en el grupo de los que creía que GTA era una marca de carros).
Te cuento que las cosas no están bien para el cine. Si gugleas el asunto, en los resultados van a aparecer notas con declaraciones de más de un cineasta anunciando el deceso del cine (Peter Greenaway entre ellos). ¿En qué se basan? Bueno, en primer lugar, últimamente no es tan fácil ir al cine y salir diciendo “¡¡qué buena esta película!!”. Es decir, en los multiplexes de estos días no abundan las It’s a wonderful life o las Matrix.
Además, desde hace ya varios años —al menos desde el 2008— las ventas totales de videojuegos han superado varias veces a la taquilla cinematográfica, o han estado peligrosamente cerca. En 2010 el cine recaudó US$ 28.3 billones, y los videojuegos recaudaron US$ 27.2 billones; y la tendencia es a que la taquilla se siga quedando atrás.
¿Qué está pasando? Mi teoría es que los videojuegos tienen algo que el cine definitivamente no tiene y no sé si tendrá jamás, y eso se llama interactividad. En un videojuego, por más bajo presupuesto que éste sea, el protagonista es el jugador mismo, no un actor más o menos lejano o conocido. El jugador es quien decide si el personaje gira a izquierda o derecha, salta o se agacha, dispara o se esconde. Ese nivel de control y de involucramiento es demasiado atractivo para obviarse; sin contar la capacidad insólita de jugar en línea con miles de otros jugadores de todas partes del mundo en tiempo real: disparas en Venezuela y alguien muere en Kuala Lumpur.
¿Pero eso significa que el cine ha muerto? Y aquí recomienza un debate que lleva años. Porque así como los videojuegos tienen algo que el cine no tiene, también el cine tiene algo que los videojuegos no: gente de carne y hueso viviendo, sufriendo y gozando en pantalla; personajes inolvidables lidiando con temas universales del alma humana.
No sé si la anécdota es real o espuria, pero se cuenta que cuando la industria de los videojuegos contrató a Spielberg como asesor, éste les dijo “el día en que un videojuego haga llorar a la gente, ese día sabrán que están haciendo un buen trabajo”.
Últimamente la tendencia es a que las líneas se crucen: que los videojuegos se parezcan al cine y que el cine se acerque a los videojuegos. Pero ahí el que más tiene que perder es el cine, porque cuando las películas se quieren parecer a los videojuegos sale Transformers, pero cuando los videojuegos se quieren parecer al cine sale The Legend of Zelda o Assassin’s Creed.
Claro que, en el futuro, los videojuegos pueden mejorar sus personajes y profundizar sus temas, o hacer que sus momentos cinemáticos (los pedazos narrativos del juego en los que no tienes control de lo que pasa en pantalla) sean cada vez mejores. Pero aún entonces, la realidad de lo humano estará faltando, al menos mientras no podamos atravesar el uncanny valley. Y cuando eso sea posible, entonces el cine y los videojuegos serán lo mismo o, más bien, algo mucho mejor que aún no conocemos.
Cuando apareció la imprenta se dijo “la escribanía ha muerto”, cuando apareció la fotografía “la pintura ha muerto”; cuando apareció el cine “la fotografía ha muerto”, etc. etc., y al final todos nos han seguido en el camino.
Por eso creo que no hay que preocuparse por el cine —basta con ver los finalistas de los Vimeo Awards para confirmarlo— sólo que tiene que volver a lo esencial y recuperar su impulso creativo. En fin, creo que el cine no ha muerto, sólo que últimamente no le gustan los multiplexes.
Javier Melero De Luca


















