AlejandrÃa, Egipto
Pocas ciudades pueden presumir de un fundador con más fama. Alejandro Magno trazó los planos de una urbe que nunca llegarÃa a ver, lo que dio origen a una ciudad que desde entonces vive inmersa en el mito. Aquà surgió la Biblioteca y el Faro, luz de la Antigüedad bajo los Ptolomeos. Muchos siglos después, una generación de escritores darÃa lustre literario a una urbe cosmopolita.
Dada la ausencia de monumentos que se conviertan en visita inexcusable, AlejandrÃa es una ciudad perfecta para callejear. De las plazas principales (Midan Orabi y Midam Sa’ad Zaghloul) salen los caminos de nuestra exploración. Sharia Salah Salem es una calle comercial de otra época, donde todavÃa es posible atisbar comercios ya perdidos en otras ciudades. Por aquà se encuentran las huellas de la cosmopolita AlejandrÃa, con la sinagoga, las catedrales copta, ortodoxa, católica y anglicana, además de la mezquita Attarine y las famosas pastelerÃas Pastroudis, Athineos, Délices y Trianon (Sa’ad Zaghloul).
AlejandrÃa: una ciudad en sà misma, donde se pueden dejar pasar los dÃas en los cafés, viajando en tranvÃa o comiendo pescado junto al mar. Pero AlejandrÃa también es el mayor puerto del paÃs y su capital de verano, cuando el Gobierno se traslada huyendo del calor de El Cairo. La nueva Biblioteca es la muestra de que se puede avanzar con los pies firmes en la historia.













